NosotrAs: Envejecer siendo mujer

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Detrás de la soledad en la vejez hay historias de cuidado no reconocido y un sistema que nunca devolvió lo que ellas sostuvieron

11 abril 2026
NosotrAs: Envejecer siendo mujer

En México, envejecer no es igual para todas las personas.

La vejez femenina está atravesada por desigualdades acumuladas a lo largo de la vida: menor acceso a ingresos propios, trayectorias laborales interrumpidas por el cuidado, mayor esperanza de vida y, paradójicamente, mayor probabilidad de vivirla en soledad.

Según el INEGI, las mujeres representan más del 54 % de la población de 60 años o más, y son quienes con mayor frecuencia viven solas o en viudez. Muchas no cuentan con autonomía económica ni seguridad social, lo que las coloca en vulnerabilidad estructural. A nivel global, ONU Mujeres advierte que tienen más probabilidades de vivir en pobreza, resultado de brechas económicas y de género.

Más allá de las cifras, hay historias.

En Cáritas de Saltillo hemos acompañado a mujeres que dedicaron su vida a cuidar. Mujeres que sostuvieron hogares desde el trabajo no remunerado, invisible y poco reconocido y que, al final de la vida, enfrentan el abandono o la imposibilidad de ser cuidadas.

María ha vivido toda su vida con epilepsia. No se casó ni tuvo hijos, pero cuidó a sus padres hasta el final. Cuando ellos fallecieron, su red de apoyo se desdibujó.

Genoveva, sobreviviente de cáncer, dedicó su vida al cuidado de sus padres y de su esposo. Sin hijos propios, su historia refleja otra dimensión del envejecimiento femenino: la del cuidado prolongado que rara vez se traduce en redes de cuidado recíproco.

Estas trayectorias no son casualidad. Responden a un sistema social que ha asignado históricamente a las mujeres el rol de cuidadoras. La OMS ha señalado que las mujeres realizan la mayor parte del trabajo de cuidado no remunerado, lo que impacta en su autonomía económica y condiciones de vida en la vejez.

La primera pregunta no es solo por qué las mujeres envejecen solas, sino qué condiciones estructurales lo producen.

La soledad en la vejez no es solo un tema emocional: es el resultado de desigualdades acumuladas. Es consecuencia de sistemas laborales que no reconocen el cuidado, de trayectorias que limitan la autonomía económica de las mujeres, de redes comunitarias debilitadas y de una cultura que romantiza el sacrificio femenino sin responsabilizarse de sus costos.

La forma en que envejecemos es una construcción social. En nuestra experiencia, cuando se tejen redes de cuidado comunitario, se fortalecen los vínculos y se reconoce la dignidad de cada historia, la vejez puede vivirse en plenitud y no desde la carencia.

Hablar de la vejez con perspectiva feminista es, en el fondo, hablar de justicia. Es reconocer que detrás de cada mujer mayor hay una historia de aportación social que no siempre ha sido visibilizada. Es entender que el envejecimiento digno no puede depender del azar ni sólo de la familia. Y es asumir que, como sociedad, tenemos una deuda con quienes han sostenido la vida de otros.

La pregunta no es solo cómo envejecen las mujeres hoy. La pregunta es: en la realidad que estamos construyendo hoy, ¿cómo queremos envejecer nosotras mañana?

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Alondra Mata Loyola
Directora de Cáritas de Saltillo A.C. y socia fundadora de Managetech. Su trayectoria articula el trabajo social con la iniciativa privada, con un enfoque en desarrollo institucional y responsabilidad social. Desde su labor, impulsa modelos de atención dignos para personas mayores y promueve la construcción de redes de cuidado comunitario. Su trabajo busca incidir en la conversación pública sobre envejecimiento, cuidado y equidad, con especial énfasis en la vida de las mujeres.

Nosotras es un espacio de colaboración dentro de Vanguardia, para conocer opiniones de mujeres diversas, libres, furiosas, críticas, creativas e incontenibles. .

Históricamente, el “nosotros” dominó la opinión pública. El “nosotras” es un gesto de presencia política. No es solo identidad: es disputa por la voz. Cuando una mujer escribe “nosotras”, no pide permiso para representar; se asume como parte de una conversación colectiva.