NosotrAs: Forjadoras de la democracia
A 73 años del reconocimiento del voto de las mujeres en México, la lucha por una participación política libre de violencia y en condiciones de igualdad continúa
Cada vez que una mujer entra a una casilla y marca su boleta, repite un gesto que durante siglos nos fue negado. Hace 73 años ese gesto era apenas una promesa; hoy es un derecho que nos pertenece, pero que costó vidas enteras de lucha.
El 17 de octubre de 1953 se publicó la reforma al artículo 34 constitucional que reconoció a las mujeres como ciudadanas. No fue una concesión ni un regalo: fue el fruto de décadas de mujeres que tocaron puertas que se les cerraban en la cara.
Hermila Galindo pidió el voto ante el Constituyente de 1917, cuando la sola idea provocaba burlas. Elvia Carrillo Puerto fue electa diputada en Yucatán en 1923 y pagó su osadía con amenazas de muerte que la obligaron a renunciar. Sabían que quizá no verían la cosecha, y aun así sembraron. Con ellas caminaron sufragistas, maestras, obreras, campesinas y periodistas cuyos nombres no quedaron en los libros, pero sin las cuales nada habría sido posible.
El 3 de julio de 1955, las mexicanas votaron por primera vez en una elección federal. Imaginemos a esas mujeres formadas, con la credencial en la mano y el pulso acelerado de quien por fin es tomada en cuenta. Pero votar no bastó: durante décadas pudimos elegir, pero casi nunca ser elegidas.
En 1993 llegaron las primeras recomendaciones a nivel normativo para que los partidos políticos postularan mujeres; en 2002, la cuota obligatoria de 30 %, que subió a 40 % en 2008. En 2014 la paridad se elevó a rango constitucional en las candidaturas legislativas, y en 2019 la reforma “Paridad en Todo” la extendió a los poderes y órdenes de gobierno. Cada avance fue conquistado, no otorgado.
Hoy una mujer encabeza el Poder Ejecutivo federal y la paridad es mandato constitucional. Pero a 73 años del voto, la agenda pendiente nos sigue interpelando.
Pendiente es erradicar la violencia política en razón de género, que intimida y obliga a muchas a renunciar, como un día le ocurrió a Elvia. Pendiente es transitar de la paridad numérica a la sustantiva, para que las mujeres lleguen a espacios de decisión real y no solo a cumplir una cuota. Pendiente es repartir el trabajo de cuidados, que nos roba el tiempo para la vida pública. Y pendiente es mirar a quienes viven la discriminación interseccional: mujeres indígenas, afromexicanas, rurales, de la población LGBTI+, con discapacidad o jóvenes, sobre quienes las desigualdades se multiplican.
Nada de esto será posible sin instituciones con coraje y voluntad: que no se limiten a cumplir la norma, sino que escuchen, protejan y acompañen a cada mujer que decide participar, para que ninguna enfrente sola el costo de alzar la voz.
Conmemorar este aniversario es honrar a las Forjadoras de la Democracia quienes nos abrieron camino y asumir un compromiso con las que vienen detrás... porque la igualdad no se hereda: se defiende, se ejerce y se construye todos los días.
@lupisglzmijares