NosotrAs: ¿Quiénes nos dan un piso firme para caminar por el mundo?
Si muchas heridas nacen en los vínculos, también podemos encontrar en ellos un lugar para sanar
¿Qué hace que una relación se convierta en un lugar seguro al que podemos volver cuando el mundo se vuelve demasiado difícil? Si muchas de nuestras heridas se producen en relación con otras personas, ¿será también en los vínculos donde podemos repararlas?
Nos han enseñado mucho sobre independencia y muy poco sobre nuestra necesidad radical de otras personas. Desde que nacemos necesitamos de otros no sólo para sobrevivir, sino también para construir seguridad.
Y aquí vale una precisión: vínculo y apego no son lo mismo. Los vínculos son lazos afectivos que podemos construir con muchas personas en la vida; el apego es una conexión emocional profunda relacionada con la supervivencia y la seguridad, que desarrollamos sólo con unas pocas. Todo apego es un vínculo, pero no todo vínculo es apego.
Desarrollamos nuestros primeros apegos con quienes nos cuidan. Aunque existen diferentes tipos, el apego seguro es el que nos ofrece mayores herramientas emocionales para construir relaciones no sólo sin violencia, sino capaces de convertirse en ese puerto seguro al que volver.
¿Qué hace seguro a un apego? Una triada poderosa: respuesta sensible, que nuestras necesidades emocionales sean atendidas y acompañadas, incluso, cuando nos equivocamos; predictibilidad, poder anticipar qué podemos esperar de la otra persona; y constancia, presencia sostenida, no vale “el tiempo de calidad”, el apego se juega en los momentos de estrés.
Para mantener un apego seguro, no se exige perfección. Nadie responde de manera sensible, predecible y constante el 100 % del tiempo. No se construye desde la impecabilidad, sino desde una experiencia suficientemente consistente de cuidado. Las neurociencias refieren que se requiere alrededor de un 65 % de la consistencia necesaria.
Quizá de eso se trata sentirnos seguras con alguien: no de saber que nunca nos fallará, sino de confiar en que la mayoría de las veces estará ahí y que, cuando algo se rompa, habrá posibilidad de repararlo.
Ese piso firme nos da un mapa para caminar por el territorio emocional. Cuando podemos confiar en que alguien mantendrá una hipótesis benévola sobre nosotras, disminuyen la culpa y el autocastigo; cuando hay predictibilidad, el monstruo de la incertidumbre y la ansiedad no accederá; cuando hay presencia en momentos críticos, habrá menos probabilidad de desarrollar un trauma complejo, que muchas veces lo determina el vivirlo en soledad.
Y ese piso firme puede construirse incluso si no lo tuvimos durante la crianza; también nos sanamos en relaciones seguras. Podemos encontrarlo y cultivarlo en amistades profundas, en la pareja, en un proceso terapéutico, cuando nos toca criar y también, ¿por qué no?, a través de la colectividad feminista, donde se restaura el orden simbólico del que habla Luisa Muraro... entre NosotrAs.