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Mirador 04/05/19

Politicón
/ 4 mayo 2019

    Está junto a la tapia, al fondo del jardín.

    Es una pequeña estatua en bronce de San Francisco de Asís. Nos la regalaron nuestros hijos a mi esposa y a mí el día que cumplimos 40 años de casados.

    La imagen es muy especial. El santo tiene a sus pies un pajarito y una pajarita en el trance de hacer más pajaritos. He aquí una florecilla de la vida que de seguro habría gustado al Poverello.

    Han brotado los rosales, y las rosas ofrecen a Panchito su aroma y su color. Desde la ventana de mi habitación miro las flores, miro a San Francisco, y me parece estar oyendo su oración: “Señor, hazme instrumento de tu paz…”.

    En ese preciso momento se produce un pequeño milagro: un pajarillo baja y se posa sobre un hombro del santo. Sonrío, y me parece que Panchito sonríe también.

    La vida está llena de milagros.

    Hoy he visto uno.

     

    ¡Hasta mañana!...

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