En ese amor de días como llamaba Romeo a sus presentaciones fue cuando entendió que la vida no era la misma dentro y fuera de un escenario
El Guardián
Romeo, quien duró 11 años en el negocio, paga un alto precio: más que baile, música y deseo, le trajo una profunda soledad y desconfianza
(Por Daniella Giacomán) La vida de un stripper no es como la pintan. Fuera de los escenarios, del bullicio, de los gritos calenturientos, de los atrevidos, la soledad y el engaño son parte de su historia.

Así lo dice Romeo, quien tiene 34 años no se detiene al afirmar que a raíz de su oficio, al que ya dejó hace tiempo, ha tenido dificultad en establecer relaciones formales con alguna chica, pues en el baile todo es diferente.

Originario de Torreón, comenta que empezó como stripper debido a una invitación que le hicieron en el gimnasio en el que se ejercitaba. Consideraban que tenía buen físico y que por lo tanto, podía dedicarse a ello.

No lo pensó mucho. Tenía 22 años y nadie le enseñó cómo ser sexy. Cuenta que él mismo se encargaba de montar sus coreografías, de pensar los vestuarios y de desarrollar todo el concepto que desplegaba en el escenario.

Cuando salía de don Juan de Marco, esa era para triunfar. Comenzaba con el intro de Romeo y Julieta titulado Overona, luego con la canción de Jeniffer López Aint it Funny y concluía con Isla bonita de Madonna. Luego con el tema Casanova de Paulina Rubio y otra más de Christ Issak llamada Wicked game.

Había otra coreografía que simulaba bailar en una regadera al ritmo de Justify my love de Madonna, lo que enloquecía al público. O el tema de Have you Ever Really Loved a Woman de Bryan Adams. A la hora de crear sus presentaciones, echaba mano de su aprendizaje en jazz, en flamenco y jazz, porque dice que del tipo de show, es el estilo de clientas que se llega a tener.

Su vestuario de don Marco para triunfar, consistía en pantalón negro medio ajustado, botas negras altas como de equitación y un pañolete rojo amarrado a la cintura tipo español.

El secreto de que todo saliera bien, estaba en la mente, en cómo mirar a las clientas, cómo caminar, cómo bailar, la música, el vestuario, qué colonia ponerte y los detalles, comparte. La conexión visual era lo básico. Seguridad, coquetería, pero a la vez sensualidad y timidez.

Cada show de Romeo duraba entre 45 minutos y una hora, según como estuvieran los clientes. El ex striper comparte que en su época fue de los más cotizados y mejor pagados. Llegó a ganar mil o dos mil pesos por presentación

Sin embargo, hace hincapié al decir que hay diferentes niveles, por así decirlo. Por ejemplo, él no se acercaba tanto a sus clientes en su mayoría jóvenes universitarias o profesionistas. Yo por eso tenía mucho trabajo, yo era más visual, más erótico, sabía cómo hacer que gustara, cómo hacer que se quedaran con las ganas. A la mujer no le gusta que te le pegues así mal rollo, sólo le gusta ver.


Amor de días

En ese amor de días como llamaba Romeo a sus presentaciones fue cuando entendió que la vida no era la misma dentro y fuera de un escenario pues se llevó agudas decepciones.

Entre ellas, recuerda algunas anécdotas donde sus clientas respondían de forma inesperada. Me tocó ver la forma en que se comportan las mujeres cuando están ebrias y solas. Se te lanzan con todo.

A decir de Romeo quien trabajó para despedidas, cumpleaños, reuniones privadas, antros y eventos privados, la mayoría de sus clientas que van desde jóvenes universitarias hasta mujeres amantes de los bailes gruperos, buscan sexo, amor y venganza.

Jamás se prostituyó. Considera que eso es propio de strippers o bailarines de más bajo nivel. Aunque tuvo propuestas e invitaciones, no aceptó, pues eso le restaba puntos.
Sin embargo, al sentirse deseados y adorados por quienes pagan por verlos o contratan sus shows, no tiene empacho en decir que tienen su ego en las nubes, la autoestima a la máxima expresión y se saben envidiados por los demás hombres.

El sabe que esa vida está llena de máscaras. Cuando lo eres (stripper), sólo te buscan para algo y cuando lo fuiste es una realidad muy triste cuando dejas de serlo ya que desconfías de todas las mujeres por muy serias que lo sean.

Al recordar algunas presentaciones, no duda en decir que las mujeres son infieles cuando están juntas y ebrias. A la pregunta de cómo se lidia con eso, asegura que no se puede, es apretar el cinto, fajarse y aventarse. Después de todo, es un trabajo y como tal, hay que sacarlo de la mejor manera.

En ocasiones se topó con la sorpresa de que llegaran a los eventos de sus compañeros, novios celosos de algunas chicas, pero a él no le pasó nada. Además, de que asegura que la mayoría de ellos son corpulentos y se defienden. Pero siempre traen acompañantes o guaruras por si llegara a ser necesario.

Sobre las exigencias que pedían ellos a la hora de concretar shows, era que el público fuera solamente femenino. Era una regla de oro. Es ahí donde vuelve a recordar que atendían a morenas, rubias, pelirrojas, de clase baja, clase media, ricas, rockeras, chavas de gimnasio, de música norteña, etcétera.

A veces extraño eso, era más sencillo, podías tener a la que quisieras y no era tan complicado como enamorarse.

En algunas ocasiones salió con mujeres que había conocido en alguna presentación. Ríe al recordar que amigos suyos lo envidiaban al verlo en el cine o en restaurantes con mujeres muy guapas.

Sin embargo, en su familia nadie sabía a qué se dedicaba. Era como su secreto que le salió caro, pues confiesa que hasta cierto punto, uno se vuelve engreído, desconfiado y ególatra. Hay mucha desconfianza para ligarse a alguien ya que afuera del escenario debes mostrarte a ti mismo y no a tu cuerpo, que es lo que buscan en las presentaciones.

Actualmente, de su generación, quedan pocos strippers y la mayoría han bajado de nivel en sus shows.

Romeo comenta que incluso algunos se prostituyen dentro de la comunidad homosexual o en otras esferas. En esa zona de la oscuridad.



El lado oscuro: No puedes enamorarte

A lo largo de 11 años que duró como striper, también le tocó conocer el lado oscuro de la profesión. Ví a mujeres haciéndolo (teniendo sexo) con otros compañeros en una recámara y a una embarazada pidiendo sexo, relata.

Admite que no le interesó eso por dos razones, porque respetaba su trabajo y porque sabía que las mujeres mentían. No me latió eso porque llegaban los novios y ellas se portaban muy amorosas con ellos y cuando estaban solas, decían que ya no volverían a hacerlo después.

Romeo titubea al responder sobre si se enamoró de alguna clienta. Primero dice que sí y luego lo niega. Por eso desconfío mucho.. No puedes ni debes enamorarte.... Sí te enamoras pero al final, te das cuenta que no se puede.. Es como amor de días, vuelves a la realidad, a la soledad.