Andanin tiene ocho años, juega al tenis y su padre ya tiene "todo programado" para convertirla en jugadora profesional y acompañarla por el mundo. Foto Especial
Ignacio Pereyra/DPA
"Será profesional, totalmente", afirma Guillermo Vilas, leyenda argentina del deporte blanco, seguro de que su hija será protagonista del circuito femenino.
Buenos Aires, Argentina.- Andanin tiene ocho años, juega al tenis y su padre ya tiene "todo programado" para convertirla en jugadora profesional y acompañarla por el mundo.

"Será profesional, totalmente", afirma Guillermo Vilas, leyenda argentina del deporte blanco, seguro de que su hija será protagonista del circuito femenino.

"Voy a tener una vida bastante ardua con mi hija. Van a ser diez años en los que quiero estar presente con ella (...) Tengo todo armado, con fechas, todo bien. Mi hija va muy rápido. Entonces puede llegar a ser una cosa inminente", añadió durante una reciente entrevista con el diario "La Nación".

El checo-estadounidense Ivan Lendl, un ex número uno del mundo que compitió con Vilas en el circuito, está convencido de que el argentino podrá sacar adelante el proyecto.

"Me parece fantástico. Guillermo ama el tenis y si se lo propone hará algo bueno", dijo a dpa Lendl, que tras el retiro se dedicó al golf, deporte que practican tres de sus cinco hijas.

Pero lo de Vilas es el tenis, siempre el tenis. Número dos del mundo en 1977 y ganador de 62 torneos -entre ellos cuatro Grand Slam-, el zurdo cumplirá 60 años el 17 de agosto. Su época de gloria pasó hace tiempo pero hay cosas que no cambian, porque mantiene intacto su perfeccionismo.

Andanin, de fuerte personalidad, entrena mañana y tarde en el Vilas Racket Club de Palermo, en Buenos Aires. Detallista y minucioso, su exigente padre no deja pasar un detalle y le corrige los golpes. Como hace unas semanas, cuando la niña le pegaba plano a la pelotita y el ex tenista le pedía que la golpeara con más top spin, una habilidad que suele desarrollarse con el tiempo.

"Con el sistema de entrenamiento que tengo, la mayoría se pudre. Porque lo mío no es negocio. El padre me pide hacer un campeón y yo estoy haciendo un campeón. Si en el camino se parte, se parte. Y no hablo del físico porque nunca rompo cuerpos", dijo Vilas en una entrevista con el diario "Río Negro" en 2005.

Allí contaba el trabajo que hacía con un joven noruego de 12 años que había viajado desde Oslo para entrenar con la leyenda viviente en Buenos Aires.

"Lo que puede llegar a pasar es que le estalle la cabeza. Si no se parten, cuando llegan son como (el alemán Boris) Becker", decía el ex tenista que aún conserva varios records, como haber ganado 16 títulos en un año.

Ahora, la obsesión de Vilas pasa por su hija. Tanto, que en los últimos tres años ha dejado de ir a jugar los torneos de veteranos en los Grand Slam. "Estoy en la Argentina. Tuve que quedarme. Igualmente mi mujer quería quedarse", dice.

Casado con la tailandesa Phiangphathu Khumueang, Vilas es padre de tres niñas: Andanin (8 años), Lalindao (2) e Intila (1). Quizá busque un varón aunque parece difícil que lo logre, según una teoría suya que en 2009 compartió con un grupo de periodistas en el Abierto de Estados Unidos: "Los grandes tenistas solemos tener hijas mujeres".

Mientras, Andanin ya vio videos y revistas de la época dorada de su padre. "Sabe todo. Ella, en realidad, ahora está aprendiendo a jugar. No es de ver partidos actuales. Lo que más hace es jugar", afirma Vilas, que se sigue vistiendo completamente de negro, con boina incluida.

Ya en 2010 el legendario ex jugador afirmaba que su hija sería profesional del tenis. "Tiene muy buenos golpes para su edad. ¿Viste el giro de muñeca que hace?", se entusiasmaba.

Entonces, el blog especializado en tenis "Fue buena" le preguntaba: "¿Seguro? ¿Ya está pensado?". Sin dudar, el ganador del Abierto de Australia en 1978 y 1979 respondía: "Sí, ella me lo dijo. Es su decisión".

En ese momento, Andanin tenía siete años y, como ahora, aún restaban muchos pasos por dar. Pero eso no generaba dudas en Vilas, que pese a sus grandes éxitos nunca pudo ser número uno: "Ella es una niña con una gran determinación, lo va a lograr".