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Hace quince años el cineasta norteamericano Michael Moore, de alto perfil en días pasados por su oposición al ascenso presidencial de Donald Trump, estrenó el documental “Masacre en Columbine” (“Bowling for Columbine”).

El filme, ganador del Óscar al Mejor Largometraje Documental del 2002, hizo un estudio muy exhaustivo de la cultura de la violencia en los Estados Unidos que había desembocado en una tragedia perpetrada en el interior de una preparatoria de Columbine, Colorado, a principios de 1999 en donde un grupo de jóvenes ejecutaron a varios compañeros de clase supuestamente influenciado por imágenes violentas de películas como “Matrix” o música del rockero Marilyn Manson.

Moore en su trabajo fue más allá, ya que aunque no dejó de entrevistar a “acusados” como el mismo Manson, apuntó a otros blancos en relación a los posibles culpables de eventos como el mencionado, siendo uno de los más elementales la muy vigente Asociación Norteamericana del Rifle (NRA), a la que en aquellos años todavía pertenecía el actor ganador del Óscar Charlton Heston por el clásico “Ben Hur” (William Wyler, 1959) a quien Moore literalmente persigue hasta el último rincón de su casa con tal de sacarle una declaración sobre la irresponsabilidad de este tipo de agrupaciones por dar facilidad a niños y jóvenes a hacerse de armas y propiciar tragedias como aquella o la que ocurrió en la vecina ciudad de Monterrey en días pasados.

Todo esto viene a colación con la recomendación de cine en casa de hoy porque la plataforma de Netflix tiene a disposición de sus suscriptores desde fines del año pasado otro relevante documental del 2015 titulado “La Máscara con la que Vives” (“The Mask You Live In”), dirigido por la realizadora también norteamericana Jennifer Siebel Newsom (“Miss Representation”), el cual es un buen complemento al anterior para reflexionar en casos como el del agresor en la escuela de Monterrey, donde después de las primeras averiguaciones se supo que tuvo acceso al arma debido a que su papá es aficionado a la cacería y contrario a lo que pudiera procederse tras conocerse esto, dejó sin sanción alguna al progenitor, ya que el culpable “material” pasó a mejor vida.

Y es que “La Máscara con la que Vives” explora la forma en la que la cultura, en este caso norteamericana, determina el papel del hombre desde que es un niño a partir de patrones establecidos sobre cómo es que debe de comportarse y qué espera de él la sociedad, pero de cómo en el camino esas mismas reglamentaciones sociales afectan más que ayudar a formar mejores ciudadanos ya que muchos de ellos optan por no soportar la carga de esa “máscara” con la que tienen que vivir en el crimen.

De esta forma, vemos cómo en muchos de los casos de los protagonistas de las historias se propicia el machismo por parte ya no tanto de los padres, sino de las progenitoras ya que en muchos casos son hijos de madres solteras, y de cómo ante la falta de esa figura determinante en su formación, según ellos, terminan incurriendo en actos criminales. Sin embargo, también vemos cómo la misma cultura hace de la mujer objetos que pueden usar y abusar; a otros que por un comportamiento supuestamente afeminado son no sólo discriminados, sino atacados por grupos que se forman desde las mismas escuelas, y cómo en ocasiones el inscribir a los hijos en escuelas privadas e incluso religiosas no son la opción ideal para afrontar este problema … como ocurriera de alguna forma también en Monterrey.

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CINELECTRÓNICO 
Alfredo Galindo