Sociedad. En el País el rostro del analfabetismo es indígena. ESPECIAL
‘Erradicar este mal de la sociedad se vuelve fundamental’

CDMX.- Entre los valles brumosos de los Altos de Chiapas, una región indígena localizada al suroeste de México, destaca un municipio cargado de triste celebridad: Chamula. Su nombre, tan literario, está escrito en sangre en la historia mexicana reciente, porque aquí las disputas políticas se saldan con linchamientos.

Los indígenas Tzotziles han sufrido por siglos la violencia, humillación, el olvido de las autoridades, la manipulación de los políticos y la explotación de sus recursos. Han visto cómo sus comunidades se convierten en ruta de la droga y de trata de personas. Y cargan con un lastre que los ancla en la miseria: 20 mil de sus 50 mil habitantes son analfabetos, la mayoría mujeres. Es el espejo en el que México, que se pretende moderno, no quiere verse. En este país, la decimoquinta economía del mundo y la segunda de Latinoamérica, cinco millones de personas todavía no saben leer y escribir.

Como la neblina que cubre estas tierras altas de bosques fríos, el analfabetismo nubla el desarrollo de sus comunidades. La aparente imagen de postal de Chamula, con la plaza convertida en mercado los días festivos, sus indígenas ataviadas con vestidos de colores intensos, la iglesia que es visitada por turistas de todo el mundo, el sincretismo entre la fe católica y las creencias indígenas ancestrales parecieran denotar una vida idílica, pero en realidad es el contraste de dos mundos dentro de un país.

En México el rostro del analfabetismo es indígena. Son comunidades similares a Chamula las que conviven con la calima de la ignorancia, en los Estados de Chiapas, Guerrero, Oaxaca y Veracruz. “En esos Estados hay municipios donde la mitad de su población no sabe leer ni escribir”, explica Edgar Orozco, director general de Estadísticas Sociodemográficas del Inegi. Orozco lo tiene muy bien medido y menciona un rosario de comunidades. En Cochoapa (Guerrero), el 56% de sus 10 mil habitantes son analfabetas. En Sitalá (Chiapas), el 42% de 7 mil 900 personas. En Xochistlahuaca (Guerrero), el 41% de sus 18 mil 500 vecinos. En Tehuipango (Veracruz), el 46% de 15 mil 700 personas…

“Todo este rezagado se identifica más en poblaciones de menos de mil  personas, comunidades pequeñas donde la educación es difícil”, explica Orozco, quien no esconde su reproche al sistema que mantiene tanta desigualdad.

“Si nos jactamos de vivir en una sociedad democrática, tenemos que entender que una democracia no funciona con parte de su población analfabeta. Erradicar este mal de la sociedad se vuelve fundamental”. El funcionario vuelve a hacer uso de las estadísticas para demostrar las consecuencias que conlleva ser analfabeta. La más apremiante, el ingreso salarial. En un país donde el ingreso trimestral promedio es de 18 mil pesos, este baja a los 8 mil 500 entre quienes apenas terminaron la educación primaria. (Con información de El País)