Situación. La indignación por el maltrato a los animales está generando respuestas importantes que exigen el respeto a la vida, a la par, las razones para luchar también por la vida de las personas más vulnerables.
Una explicación para reconocer a las mascotas como nuestros prójimos

Los perros son nuestro prójimo. La gran diferencia es que los humanos hemos desarrollado un lenguaje, palabras y símbolos, que nos ha dado la capacidad de mentir. Los perros no mienten. Al menos esto es lo que considera el escritor colombiano Fernando Vallejo, galardonado narrador a nivel mundial que también es reconocido por el profundo amor a los chuchos, animales de compañía y otras especies. ¿Por qué nos indignamos cuando vemos un video o fotografías de un hombre masacrando a un chucho? ¿Recuerdan el hombre en Piedras Negras que le habló cariñosamente a una perrita, le ofreció comida y la asestó una puñalada? ¿Vieron el video de un hombre en Arteaga golpeando a otro perro en la calle, luego levantarla del cuello por un brazo, ya muerta?

“Compárese usted con un perro y verá: usted y él tienen dos ojos, dos oídos, una nariz con dos orificios nasales, boca u hocico con dos hileras de dientes, un sistema circulatorio con venas y arterias y sangre roja con hemoglobina, pulmones para respirar, un sistema digestivo que procesa los alimentos y los excreta, etc., etc. Y sobre todo, que es lo que cuenta para la tesis que voy a sostener aquí, un sistema nervioso con el que usted y el perro sienten el dolor, el hambre, la sed, la angustia, la alegría, el miedo... Un sistema nervioso, que es el que produce el alma”, escribió el colombiano.

Pero la respuesta a esta indignación es más compleja, no solo tiene un impacto individual, sino que llega a manifestaciones sociales: el maltrato animal ha provocado protestas en contra, asociaciones civiles que buscan proteger a los animales, activistas que pugnan por leyes que sancionen a los agresores y garanticen una vida digna a otras especies, también han generado alternativas de consumo para dejar de asesinar animales para el consumo humano, tanto en alimentación como en ropa.

Los fenómenos que nos indignaron ayer los olvidamos mañana”.
Tania Díaz, socióloga.

“No hay un solo factor por que pueda explicar por qué se da un fenómeno o una situación”, dijo la socióloga Tania Díaz, en entrevista con VANGUARDIA. ¿Entonces qué puede ayudarnos a comprender por qué nos duele y nos impacta cuando sabemos o vemos que una persona maltrata a un perro o gato, sobre todo animales de compañía?

“Los seres humanos estamos influenciados por la cuestión visual. El impacto social tiene que ver con la forma en que se nos muestra una noticia o un hecho. Tiene un impacto mayor en video a cuando leemos una noticia, o cuando vemos estadísticas de feminicidios, abusos sexuales… Si no le ponemos un rostro, algo con lo que humanicemos, empaticemos, difícilmente pasa el mismo impacto”, explicó.

¿Recuerdan los videos de los policías asesinando con crueldad a George Floyd en Mineápolis, Minesota? ¿Recuerdan cómo pedía por su vida y decía que no podía respirar? ¿Alguien vio las imágenes del cuerpo desollado de la joven Ingrid Escamilla que se filtraron a los medios de comunicación y se reprodujeron sin ninguna ética en redes sociales?

El primer ejemplo detonó protestas en varias ciudades de Estados Unidos en contra del racismo y la brutalidad policiaca. En el segundo, las voces que exigieron justicia contra la violencia de género, el feminicidio, la impunidad resonaron con mayor fuerza que en otros casos, en un país donde han ocurrido 389 feminicidios en lo que va del año, según cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).

Sin embargo, “los fenómenos que nos indignaron ayer los olvidamos mañana”, señaló la socióloga.

Seguimiento. La indignación que nos genera el maltrato a los animales de compañía está generando respuestas importantes que exigen el respeto a la vida. ESPECIAL

‘SON SERES INDEFENSOS, NOBLES’

Otro aspecto está relacionado con lo que como sociedad entendemos por violencia y en las conductas y manifestaciones violentas que normalizamos.

“Hay muchas formas de violencia. Por ejemplo, la violencia económica, daña profundamente la sociedad, pero no la asociamos con la violencia, la tenemos muy normalizada. O la violencia psicológica. Difícilmente causa indignación. Vas y pones una denuncia y no te pelan”, explicó la socióloga Tania Díaz.

Por otro lado, la violencia física, la sangre, tiene un impacto mayor.

Otro factor es que “romantizamos a las víctimas”; es decir, el público de medios y redes sociales piensa que “las personas víctimas tienen que ser impecables, deben responder a estereotipos de pureza… si no, justificamos al agresor; decimos que si la asesinaron fue porque andaba sola; si la violaron fue por cómo se vestía”, subrayó la socióloga

Son seres indefensos, no pueden hablar, no pueden hacer valer sus derechos, que se respete su vida”.
Alma Salinas, rescatista y fundadora de Alianza por los Derechos de los Animales de Coahuila.

UN FENÓMENO DISTINTO

Pero en el caso de los perros y animales de compañía sucede un fenómeno distinto:

“Son seres indefensos, no pueden hablar, no pueden hacer valer sus derechos, que se respete su vida”, dijo la rescatista Alma Salinas, fundadora de Alianza por los Derechos de los Animales de Coahuila (ADAC), asociación civil con tres años, pero cuyos integrantes tienen más años trabajando de manera independiente por la defensa de los animales.

“La gente nos critica: ¿por qué defienden animales y no niños, niñas, mujeres, viejitos? Porque los animales no tienen manera de denunciar, venir y reclamar derechos”, detalló.

En este sentido también opinó el actor, productor y activista Raúl Julia Levy: “El perro tiene la capacidad de despertar los sentimientos más nobles de cualquier humano que pueda haber”, y citó casos de líderes mundiales en la historia de la humanidad cuyas acciones fueron detestables o cuestionables y provocaron la muerte de cientos o miles de personas, pero que tenían mascotas y manifestaron amor hacia los perros.

Raúl Julia criticó a los medios de comunicación, civiles y autoridades que juzgan a un perro como asesino de un niño o adulto, sin realizar una debida investigación, pero no lo hacen de la misma manera con los dueños. “Siempre van a ser señalados como asesinos, como agresivos. Pero no decimos: este perro es víctima de este cabrón. El perro nunca tiene la culpa. Quien tiene la culpa es quien cría al perro… No conozco ningún perro que nazca malo. ¿Crees que un perro de recién nacido tiene la maldad de asesinar a un niño?”.

Estoy completamente seguro que ya dentro de muy poco no tarda un surgir un grupo delictivo que se encargue de estos asesinos de perros”.
Raúl Julia, activista.

¿HAY JUSTICIA ANTE MALTRATO ANIMAL?

En Coahuila existe la Ley de Protección y Trato Digno a los Animales. “Es una ley completa y buena en defensa de los animales, viene con los casos muy estipulados con qué es el maltrato. Donde nos perdemos es en las sentencias que bajaron, por lo tanto, no alcanzan cárcel (las personas que maltratan o asesinan animales)”, criticó la rescatista Alma Salinas.

Pero el problema es que la ley parecer existir en papel, pero no en la práctica: “No hay ninguna multa por maltrato animal” en Saltillo, dijo y criticó que las autoridades municipales sí han visitado a rescatistas y los amenazan, pero no ayudan a resolver el problema de animales callejeros o a promover el respeto y cuidado de los animales.

“Solicitamos al alcalde de Saltillo que se implantara la multa instantánea, in fraganti: que ahí llegue la Policía Ambiental y en ese momento los multe (al ver un maltrato de un perro, enfermo, entre otros casos”, eso fue en enero, con un documento que reunió 39 mil firmas, pero hasta el momento el edil Manolo Jiménez no se ha respondido.

Si se llegara a hacer justicia en un caso de maltrato o asesinato a un animal de compañía, entonces sentarías un precedente, consideró la socióloga. Los dueños tendrían que ser más responsables, las personas podrían denunciar y ver atendidas sus quejas.

De lo contrario, “estoy completamente seguro que ya dentro de muy poco no tarda un surgir un grupo delictivo que se encargue de estos asesinos de perros”, consideró el activista Raúl Julia.

¿INDIGNACIÓN SOLO CON MASCOTAS?

Si los animales son nuestro prójimo, como escribió Fernando Vallejo, y al prójimo tenemos qué amarlo, ¿por qué la muerte de un perro nos indigna más que la mutilación de una res o la explotación de una gallina o el asesinato de un toro?

Esto es lo que se conoce como especismo: “cuando consideramos normal asesinar a ciertos animales, pero a otros no”. Y está relacionado con “nuestro sistema económico, que utiliza las ventajas humanas para dominar a las demás especies… masivamente, cruelmente, a costa de la explotación de recursos (para generar mayor ganancia, menor costo), los animales son vistos como mercancía o producto funcional para un beneficio”, cuestionó la socióloga Tania Díaz.

Puesto que los animales tienen sistema nervioso y pueden sentir dolor, quizá cabría la responsabilidad de que los humanos consuman éticamente la vida animal. Sin embargo, esta es otra historia, otros movimientos y reflexiones.

Por lo pronto, la indignación que nos genera el maltrato a los animales de compañía está generando respuestas importantes que exigen el respeto a la vida, a la par que en otras regiones, en otras comunidades o en otros momentos, las razones para luchar también ven por la vida de las personas más vulnerables. Y ambas indignaciones son igual de legítimas.

“El que se aplaudan o defienda ciertas causas u objetivos no está mal, lo que creo que está mal es que por aplaudir uno le quites legitimidad a causa u otro fenómeno; es decir, que yo defienda los animales en una publicación, no está mal que me indigne; lo que está mal es que yo diga ‘esto sí debería de indignarnos y no los migrantes o las mujeres’. El denostar o quitarle legitimidad a otras causas que son justas es lo que no está bien”, puntualizó la socióloga.

Nazul Aramayo

1985. Reportero enfocado en temas de movilidad, medio ambiente, historias de vida, cultura popular, música, literatura. Autor de los libros “Cantinas que merecen ser amadas y personas que no” (Producciones El Salario del Miedo: 2019), “La Monalilia y sus estrellas colombianas” (FETA: 2017) y “Eros díler” (Jus: 2012). Ha sido ganador del Premio Estatal de Periodismo Coahuila 2017 y 2018, en los géneros de Crónica y Mejor Trabajo de Periodismo Cultural respectivamente. Ganador del XXIX Concurso Literario Nacional “Magdalena Mondragón” en el género de cuento. Ha sido becario del PECDA y FONCA.