De las muchas líneas narrativas del comic de Superman, recuerdo una en la que su némesis, Lex Luthor, pasó a lo que viene siendo la mejor vida.

No me pregunte en qué circunstancias, el caso es que el inversor inmobiliario con alopecia más cruel del mundo fue declarado occiso y todo era felicidad en Metrópolis, Villachica (Smallville, pues) y el resto del mundo.

Al frente del changarro familiar, Luthor Corp., quedó el hijo de aquella pelona mente maestra, Alexander Luthor Jr. Un ciudadano ejemplar, respetable y en apariencia totalmente deslindado de la ideología y sucias prácticas de su alopécico padre.

Luthor Jr. quiere hasta a los animalitos, la lleva a todo dar con el Super, dona dinero para la caridad y, a diferencia de su padre, ostenta una envidiable cabellera, larga, ondulada y pelirroja (recuerde que la calvicie de los Luthor no es hereditaria, sino resultado de un accidente de juventud del que se culpa a Superboy).

Peeeeero…  (y aquí está el giro de tuerca). No se trata de ningún hijo de Lex Luthor, sino de un clon de éste al que le ha transferido su mente, con todos sus recuerdos junto con su inherente maldad, su ambición y su infinita tirria contra el Hombre de Acero.

¿Estamos? Lex Luthor no murió, sino que se encarnó en su propio clon y es ahora doblemente peligroso porque oculta sus negrísimas intenciones debajo de una bonachona fachada.

Por fortuna, estas cosas sólo pasan en el mundo de las historietas… ¿verdad?

¡Por favor, alguien dígame que esto no puede ser ejecutado (por lo menos no todavía) en el mundo real! Y es que desde hace algunas semanas me tiene muy mortificado la incursión en la política y las pugnas electorales del junior del profe bailarín, Humberto Moreira.

Rubén Humberto Moreira Guerrero –para ser más precisos– sintetiza nomás en su nombre de pila las dos peores catástrofes que se han abatido sobre la comarca coahuilense: su padre y su tío.

Y de su apellido paterno, ni qué decir: ganó merecida reputación nacional (según Forbes, como lo más representativo de la polaca nacional) y hasta internacionalmente es reconocido luego de figurar en diversas investigaciones por lavado de dinero y nexos con la delincuencia organizada en EU y del otro lado del Atlántico.

Así que, con tan hermosos antecedentes familiares y tratándose de esta bendita nación (¡Viva México!), sería muy raro que ninguno de los setecientos vástagos de mi profe quisiera seguir los colombianos pasos de su guapachoso procreador.

Pero aquí está Rubén Humberto, quien decidió continuar con el legado de papá. Legado que perfectamente conocemos y hemos de recordar hasta el último día de nuestras endeudadas vidas, antes de que: a) nos cargue el meteoro, o b) nos cargue el sargazo. Pero siempre lo recordaremos.

Para ello, Moreira Guerrero ha fundado y registrado (por propia iniciativa y sin mayores empachos por parte de la autoridad electoral, faltaba más) su propio partido político, porque si en algo es pródiga esta tierra es en perritos callejeros y partidos políticos.

Unidos es el nombre de su flamante y pujante fuerza política, aunque nadie la llama así, sino que todos se refieren a ésta como “El Partido del hijo de Humberto Moreira”.

El caso es que, como ya le decía, a mí me preocupa hasta el insomnio que no se trate de ningún Rubén Humberto, sino del mismísimo Moreira Valdés clonado y vuelto a encarnar. Ya usté sabe: mismas tácticas, mismo populismo, mismas mañas, mismos pasos de baile, mismo desfalco al erario.

Y dado el ostracismo en que Humberto Primero ha vivido desde su debacle y milagrosa liberación tras su encarcelamiento en España (recordemos su intentona de coger fuero como legislador por la vía plurinominal, sin hacer campaña ni darle la cara a nadie); como muy rara vez se le ha visto y en realidad a mí ni me consta, y hoy es su hijo el que está ejecutando su último y desesperado movimiento para explotar lo que le queda de arrastre populachero, mucho me temo que Humberto esté aplicándonos la de Lex Luthor y no se trate de su retoño sino de su propio clon.

Disculpe que lo distraiga, amigo lector, querida lectora, con estas descabelladas teorías, pero es que con gente de esta ralea no podemos descartar ninguna posibilidad, ya que serían capaces de la clonación y de lo que haga falta con tal de seguir asidos al poder que alguna vez llegaron a acumular ante nuestra pasividad / indiferencia, y no pocas veces con la más cómplice aquiescencia de todos los coahuilenses.

¡Que Superman nos ayude!

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