Evolución. El trabajo del artista ha cambiado en la forma en que trabaja el volumen y el manejo de las formas. Fotos: Vanguardia/Omar Saucedo
El pintor Emilio Abugarade inauguró esta exposición de pintura, donde se observa su paso de la figuración a la abstracción a lo largo de su carrera, en el Centro Cultural Vito Alessio Robles

La inquietud artística lleva a los creadores a salirse de su zona de confort y explorar nuevos horizontes, diferentes expresiones, temas y técnicas, y aunque hay muchos que se han quedado reducidos a una fórmula por años Emilio Abugarade es uno de los autores que no teme experimentar.

En la muestra retrospectiva “Seis décadas de constante búsqueda” el pintor saltillense expone el recorrido que su obra ha tomado, desde las escenas figurativas y costumbristas hasta las composiciones abstractas, todo sustentado en el rigor y la pericia técnica.

La exhibición, inaugurada el pasado domingo 10 de marzo en el Centro Cultural Vito Alessio Robles, cuenta este proceso en reserva a través de su trabajo y de los más destacados reconocimientos que se le han dado, comenzando por las piezas más recientes, donde el maestro juega, además de con la abstracción, con collages de materiales distintos, y llega a sus primeras creaciones; paisajes al óleo, acuarela y pastel de entorno urbanos del Centro Histórico de la ciudad, escenas marinas frente a lagos y costas de México y retratos de la vida cotidiana del país.

Foto: Vanguardia/Omar Saucedo

Sin embargo, lo que destaca es el contraste entre estas dos expresiones pictóricas —además de la calidad al abordar ambas—, cambio que, en entrevista con VANGUARDIA, explicó el artista fue producto de 30 años dedicado a la figuración en la pintura, sendero del cual se alejó con el cambio del milenio.

“Yo acababa de hacer una exposición, en 1998, en el Centro Cultural Vanguardia y cada año desarrollo un tema, lo preparo y lo presento para ir celebrando mis 25, 30, 35 aniversario y entonces con un siglo nuevo dije que hay que ver de qué forma renuevo lo que estoy haciendo”, dijo Abugarade.

Luego de años de práctica con el óleo y la acuarela decidió también probar un material distinto para esta nueva etapa: El acrílico.“Es una excelente técnica, duradera, fácil de manejo, no muy fácil de control pero le busca uno y encuentra cómo hacerle”, agregó.

Sin embargo, la transición no sucedió de un día para otro y descubrir su lenguaje en este nuevo territorio le tomó tiempo.

“Todo empieza con pruebas. Va uno ensayando, busca uno colores, busca uno formas de expresarse y un cuadro va llevando al otro”, explicó, “de un cuadro a otro hay tantito que se ve de lo anterior y que estoy ahora aplicando en lo que sigue y así se ha ido desarrollando esto”.

Tal proceso, si bien no es observable en la exposición debido a la curaduría, da cuenta de la evolución paulatina en las composiciones abstractas, en las cuales permanece siempre la escuela académica de donde proviene el pintor, presente en la manera como trabaja el volumen de las formas, el manejo del espacio, el fondo y los planos y la inclusión de uno que otro elemento que hace guiños a objetos identificables.

“Eso me quedó de la pintura realista, siempre busqué fondos, de perspectiva, y en estos quise aplicar lo mismo. Tienen aire, se separan, no son nada más planos, pinturas escurriendo, son cuadros que tienen mucho trabajo”, expresó.

Dado que a cada lienzo se aproxima sin un boceto previo, la construcción de las imágenes la realiza a base de veladuras y de mucho tiempo dedicado, tanto al trabajo como al reposo de la obra y las posteriores modificaciones que luego surgen.

Foto: Vanguardia/Omar Saucedo

“Ahorita voy a desarrollar más lo del collage”, dijo sobre sus proyectos actuales y a corto plazo, “ahorita todos son cuadros medianitos, quiero hacer algo más grande, que tenga más presencia y luego pues a ver qué hago, hay que inventar, agregar elementos, alambre, tejidos, texturas. Es un campo infinito, la plástica, el arte”.

Foto: Vanguardia/Omar Saucedo