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Esto es lo que responde una científica de la Universidad de Oxford ante las inquietudes que han surgido entre la población sobre el mecanismo de las vacunas y qué tan seguras son

La científica mexicana Roselyn Lemus Martín, doctora en biología molecular por la Universidad de Oxford, explica para Reforma la manera en que actúan y qué tan confiables son las vacunas creadas para prevenir la enfermedad ocasionada por el virus SARS-CoV-2.

De acuerdo a la doctora Lemus, en las vacunas de Pfizer-BioNTech una molécula transporta las instrucciones genéticas para que las células del huésped, es decir, las células humanas, fabriquen el antígeno deseado, que en este caso es la glucoproteína de superficie del virus.

Se trata de una molécula, producto de la ingeniería genética y encapsulada con nanopartículas de lípidos para evitar su rápida degradación en el citoplasma de la célula, que articula un proceso muy parecido a una infección natural.

La diferencia de Pfizer con las de AstraZeneca, la Universidad de Oxford y CanSino Biologics Inc., es que estas sí transportan pequeños fragmentos del virus, "pero no hay una que sea mejor que la otra, tienen diferente mecanismo, pero al final el mismo resultado. Lo que se logra es que el sistema inmune tenga una respuesta hacia el virus".

A pregunta expresa del reportero, sobre si las vacunas de mRNA tienen la capacidad de alterar o dañar nuestra información genética, como algunos grupos antivacunas alegan, la respuesta de la científica es que el mRNA va a estar siempre en el citoplasma de nuestras células, "nunca va a llegar al núcleo. Y como no va a llegar nunca al núcleo, no va a poder dañar la información genética. Definitivamente no va a manipular nuestra información genética".

Lemus expone que estas vacunas solo pueden tener mayor capacidad para producir efectos secundarios, como fuertes dolores de cabeza por una o varias semanas, fiebre, reacciones alérgicas, inflamación en la parte del cuerpo donde se recibió la vacuna y dolor muscular y de articulaciones.

"Sí se siguieron los protocolos de seguridad, pero obviamente no sabemos los efectos a largo plazo (de esta vacuna). Eso sí lo vamos a tener que seguir estudiando conforme pase el tiempo, pues no nos dio tiempo de estudiarlo, obviamente, porque se tenía que aprobar la vacuna".

"Hay que estar preparados para los efectos secundarios normales, no son efectos secundarios raros. Depende mucho del organismo de cada quien, pero las personas deben de pensar: ¿Qué prefiero? ¿Tener dolor de cabeza una semana, o tener una enfermedad grave de COVID-19? Ahí hay un balance de ganancia y de pérdidas para cada quien", expone la doctora.