"Ya tenemos el diseño del cachito", dijo el Presidente, aunque muchos se le habían adelantado ya a realizar propuestas en este sentido.
El uso de cortinas de humo es una herramienta común de los demagogos, a la cual recurren cuando necesitan distraer la atención del público. AMLO es un auténtico maestro en este arte y, como en la semana se le acumularon otra vez los reclamos por el desastre del INSABI, nos recetó una nueva dosis de su fantasía favorita: la rifa del avión presidencial que nunca ocurrirá

La fórmula no es nueva: la han utilizado los demagogos de todos los tiempos para escapar de la crítica, distraer al respetable, “enfriar el ambiente” y evadir sus responsabilidades. Se trata de la estrategia del prestidigitador, quien atrae tu mirada hacia una de sus manos mientras desarrolla el engaño con la otra.

Y cuando el truco sale bueno, pues se repite una y otra vez hasta sacarle todo el jugo posible. Cuando esto último ocurre, simplemente se desarrolla un nuevo engaño y se reinicia el ciclo del embuste.

El presidente Andrés Manuel López Obrador, un auténtico mago del fraude, conoce bien la técnica y es un virtuoso en la ejecución de la rutina. Por eso, con el mayor desparpajo del mundo, nos recetó en la semana una nueva dosis de su jalada favorita de este año: la rifa del avión presidencial.

No faltan, desde luego, quienes encuentran en la idiotez de la propuesta una idea brillante, se apresuran a manifestar su disposición para adquirir uno o varios “cachitos” de la rifa, e incluso se animan a elaborar sobre la forma en la cual disfrutarían “su premio” en caso de resultar agraciados.

No puede condenárseles por la ingenuidad. Creer en quimeras es un derecho constitucional y ha sido largamente un exitosísimo negocio. Y para prueba, pues ahí están todas las religiones del mundo.

Pero una cosa es comprender a la masa ingenua y otra pasar por alto la perversidad y estulticia de un individuo con responsabilidades legales. Lo primero es una prerrogativa del individuo común; lo segundo es una canallada cuando se ejecuta desde el poder público.

No son pocos quienes advierten, al aparecer el tema en la conversación, cómo el “genio” del Presidente se demuestra al ponernos a discutir el asunto pues, al margen de si uno es admirador o detractor del Mesías Tropical, este logra su propósito de ponernos a bailar a su ritmo y nos aleja de la discusión de los temas importantes de la agenda pública.

Personalmente no encuentro ocioso señalar el desatino presidencial sino todo lo contrario, pues justamente el referir la perversidad de la estrategia permite llamar la atención sobre el desastre de una administración a la cual se le van acabando los polvos para maquillar su incompetencia.

Referir la “presentación del cachito” permite cuestionar las razones por las cuales la mamarrachada de la rifa volvió a ocupar un prominente espacio en la mañanera del martes pasado.

La primera razón es bastante obvia: porque la primera ocasión en la cual sacó de su chistera el ganso, López Obrador hasta debe haberse sorprendido de la eficacia del truco, pues consiguió provocar un alud de memes, cientos de notas y aminorar por unas horas las críticas por el desastre del Insabi.

Pero como en los tiempos de “las benditas redes sociales” las cortinas de humo sólo tienen eficacia limitada, y a la transformación de cuarta (T4) se le apilan cada vez con mayor rapidez los reclamos por la ineficacia de sus estrategias, pues debía repetirse el truco…

La segunda razón es una réplica del primer episodio de esta tragicomedia: los cuestionamientos al Insabi se sucedían en la conferencia de prensa, las explicaciones ofrecidas a los reporteros eran insuficientes y resultaba evidente cómo las notas derivadas de la mañanera no serían del todo favorables.

Sin embargo, no se podía simplemente repetir lo dicho anteriormente, sino ofrecer un bocado extra para el morbo y el sensacionalismo: la presentación del “cachito oficial” del cual, según la verborrea presidencial, ya hasta se vendieron cuatro millones, pues los empresarios del País casi se atropellan para quedarse con ellos.

La urgencia de la cortina de humo para la T4 puede dimensionarse fácilmente acudiendo a la página oficial de López Obrador y consultando la entrada correspondiente a la versión estenográfica y el video de la mañanera del martes 28.

Presidente muestra diseño del boleto para el sorteo del avión presidencial”, reza el título principal de dicha entrada y la totalidad del texto publicado en ésta, así como las fotos con las cuales se ilustra, se dedican a este hecho, como si eso fuera lo único de lo cual se hubiera hablado en dicha conferencia.

Nada más falso: la mayor parte de la mañanera del martes anterior se dedicó a comentar la forma como se está haciendo frente a la montaña de quejas generada por la puesta en operación del Insabi, quejas con las cuales se evidencia la improvisación alrededor del proyecto.

Por otro lado, justo la mañana del martes comenzó a circular la copia de un oficio firmado por la oficial mayor de la Secretaría de Hacienda, Thalía Concepción Lagunas, cuyo contenido demuestra cómo la torpeza e incapacidad de este gobierno es la causa del desabasto de medicinas en los hospitales del país y no el “compló” de empresas farmacéuticas inventado por míster “yo tengo otros datos”.

Frente a la evidencia y la contumacia de la conducta, sólo queda pedirle una cosa al señor López Obrador: ¡Ya déjese de jaladas, señor Presidente!

¡Feliz fin de semana!

@sibaja3

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