Sonidos fuertes podrían lesionar las rodillas
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Bocinas, sirenas y otros ruidos repentinos pueden perturbar circuitos del cerebro que controlan músculos y ligamentos que estabilizan la rodilla
Según un estudio publicado en línea en el Scandinavian Journal of Medicine & Science in Sports los sonidos fuertes y repentinos podrían aumentar el riesgo de una lesión en la rodilla.
Bocinas, sirenas y otros ruidos repentinos pueden perturbar circuitos del cerebro que controlan músculos y ligamentos que estabilizan la rodilla, lo que lleva a la gente a tropezar y caer, sugieren investigadores.
Los pitidos y los gritos durante competencias deportivas podrían afectar a atletas que normalmente tienen buen balance y control muscular, agregaron.
Se estima que 250 mil esguinces y desgarros del ligamento cruzado anterior (LCA), que es esencial para el funcionamiento normal de la rodilla, se reportan todos los años en Estados Unidos, según los Centros para Control y Prevención de las Enfermedades.
Los investigadores sugieren que algunas lesiones del LCA probablemente se deben a una respuesta inducida por el ruido en el sistema nervioso central que causa errores de coordinación.
El estudio involucró a 18 hombres y 18 mujeres de entre 20 y 25 años de la Universidad de Delaware. Los sujetos fueron sentados en una silla motorizada diseñada para mover cualquiera de las dos piernas a una velocidad controlada.
La pierna dominante se ató a la altura del tobillo mientras un brazo especial adosado a la silla elevaba la rodilla en un ángulo de 30 grados.
Electrodos grabaron la actividad de los músculos del muslo mientras el brazo obligaba lentamente a la rodilla a doblarse lo más rápido y repentinamente posible en las seis pruebas.
Durante tres de las pruebas, los sujetos escucharon un pitazo breve y agudo con un volumen similar al de una motocicleta, a través de audífonos justo antes de que la rodilla comenzara a doblarse.
El pitazo inducía una respuesta repentina que aumentaba significativamente la rigidez del músculo durante los primeros cuatro grados de flexión, comparado con las pruebas sin el ruido.
A medida que la respuesta repentina cedía, la actividad del músculo y la rigidez de la articulación se reducían notablemente conforme la rodilla seguía doblándose 70 grados.
La mayor rigidez inicial seguida de una rigidez marcadamente menor probablemente refleje una perturbación en el control neuromuscular que puede llevar a un estrés anormal sobre la articulación y una lesión no intencional, indicaron los investigadores.