Mujeres de Guatemala reviven los horrores de la guerra

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Circulo de Oro 2021
/ 6 octubre 2012

Guatemala sufrió conflicto armado que desangró al país centroamericano entre 1960 y 1996.

Guatemala, Guatemala.- Con sus rostros cubiertos, por miedo o vergüenza, y a través de traductoras de la lengua q'eqchi', estas mujeres de condición humilde, que fueron desterradas hasta por sus propios familiares y vecinos, han contado ante el Juzgado B de Mayor Riesgo, tribunal especial que conoce los delitos de alto impacto cometidos durante la guerra, los momentos tan difíciles que vivieron en la década de los ochenta.

Provenientes de comunidades remotas del departamento norteño de Alta Verapaz, una a una pasaron al estrado para dar su versión bajo la figura de "prueba anticipada" en un proceso abierto por primera vez en Guatemala por delitos de esclavitud y violación sexual durante el conflicto armado.

Apoyadas por la Unión Nacional de Mujeres Guatemaltecas (Unamg), Mujeres Transformando el Mundo (MTM) y el Equipo de Estudios Comunitarios y Acción Psicosocial (ECAP), las víctimas rompieron su silencio, 30 años después de haber sido vejadas por integrantes del Ejército guatemalteco.

La esclavitud y la violación sexual fue utilizada como "arma genocida y feminicida" durante el conflicto, sostiene Ana Lucía Morán, de la organización MTM.

DOLOROSOS RECUERDOS

Catalina Caal Rax narró que un día del año 1982 un grupo de soldados llegaron a su casa para preguntar por su esposo, Salvador Maquín, que trabajaba en el mantenimiento de la iglesia de la comunidad, pero éste había salido junto con su hijo del mismo nombre, de 10 años. Esa era la tercera vez que los soldados lo hacían.

Salvador, según Catalina, que cree tener 70 años, había salido a vender arroz para buscar el sustento para los once miembros que integraban su familia.

"No está", les dijo la indígena, pero la respuesta no le gustó a los soldados. "A la gran puta, estás mintiendo", le recriminaron, contó Caal, quien dejó entrever su rostro lleno de lágrimas y surcado de arrugas.

"Estaba sola con mi hija de tres meses. Me la quitaron y la tiraron", lamentó.

Enseguida, dijo, "tres soldados me sujetaron de las manos a la fuerza, me tiraron al suelo y me violaron".

La violación ocurrió cuando los militares ya habían localizado a Salvador en un camino de la comunidad de San Marcos, en el municipio de Panzos, en el departamento norteño de Alta Verapaz.

Su hijo Salvador le fue a contar de la captura y, desde entonces, no ha vuelto a tener noticias del paradero de su esposo. "No lo volví a ver", refiere.

A LA MONTAÑA

Con el único traje que tenía sobre su cuerpo y aún sufriendo una hemorragia debido a la agresión, Catalina decidió huir a la montaña junto con sus nueve hijos, incluida la de tres meses, el único testigo mudo del vejamen que sufrió, y que murió de hambre junto con otros dos, María y Mateo, cuando llevaban tres años huyendo de los soldados.

"Pensé que allí mis hijos se iban a salvar, pero se murieron de hambre. Mi hija Concepción, que estaba embarazada, fue alcanzada por los soldados y la mataron a machetazos", testificó. La mujer dejó enterrados a sus hijos en algún lugar de la montaña que les sirvió de refugio.

"Señores yo les estoy diciendo la verdad, es una gran tristeza lo que yo viví. Quemaron mis ocho cerdos y dos ganados. A mi me duele recordar todo esto que les estoy contando. Hicieron pedazos a mi hija con machete", aseguró.

"Desnuda y sin casa, con los pies llenos de llagas, seis años después de huir por las montañas de Alta Verapaz, en donde vivieron bajo los troncos de los árboles -dice Catalina- decidió volver a la comunidad que la vio nacer, pero ya no tenía nada".

"El Ejército nos dejó sin nada, quemaron mi casa y mi siembra de café y milpa (maíz). Regresamos casi desnudos porque la ropa ya se había podrido por la lluvia", comentó.

Al igual que la de Catalina, la historia de Rosario Xo también es igual de dramática.

"A mi esposo (Luis Xo Xol) los soldados lo sacaron de la iglesia un domingo. Fue como en marzo, estábamos orando y se lo llevaron. Ya no lo volví a ver", sostuvo ante el juez Miguel Angel Gálvez, encargado de este caso.

A la semana de haber desaparecido su esposo, recordó Rosario, los soldados la persiguieron cuando iba por agua a un río.  "Me sujetaron a la fuerza y me pusieron un arma en el pecho".

La violación sexual también la perpetraron tres soldados enfrente de uno de sus tres hijos que tenía cuatro años de edad, mientras otros militares observaban, afirma la mujer entre llantos.

"No digas nada. Si gritas allí te vas a quedar (es decir, la iban a matar)", le dijeron los soldados mientras abusaban de ella.

"Me hicieron un mal porque yo estaba casada. Me tiraron a la tierra y allí empezaron a abusar sexualmente de mí", dijo esta víctima a través de una interprete.

Rosario aseguró al juez que sufrió una fuerte hemorragia debido a la violación y, por miedo, decidió huir a la montaña junto con sus tres hijos pequeños de cuatro, tres y dos años.

Esta maya q'eqchí' también dejó los cuerpos de sus hijos en la montaña, porque uno a uno se le fueron muriendo por falta de alimentos.

"Yo regresé sola, prácticamente desnuda", sostuvo Rosario, quien ahora vive con un familiar porque el Ejército también le quemó su casa.

SIN CAPTURAS

No había guerrilla en la denominada Franja Transversal del Norte, a la que pertenece Alta Verapaz. Allí no había grupos guerrilleros, asegura Ana Lucía Morán, pero los terratenientes llevaron al Ejército para proteger sus propiedades.

En la región, sostiene esta activista que apoya legalmente a las quince víctimas de esclavitud y violación sexual, se instalaron al menos tres destacamentos militares, en los que llegó a funcionar un centro de tortura y otro de exterminio.

Las esposas de los hombres que eran capturados por los soldados eran llevadas a los destacamentos, donde las obligaban a hacer oficios domésticos, pero también las violaban. "Ellas vivieron en una situación de marginación total, algunas padecen enfermedades terminales", afirmó Morán, para quien el número de víctimas de violación sexual aún es incierto.

Morán explicó que no existe ningún detenido por el horror que vivieron estas quince mujeres, aunque advierte que se han abierto investigaciones contra 37 militares.

Y es qué, según los testimonios de las víctimas, sólo saben que los autores fueron soldados, pero no conocen sus nombres.

A luz salió el nombre de un señor que le dicen "Don Canche", quien supuestamente aún vive en Panzos y que, según Catalina, "fue el que llevó a los militares" a esa comunidad.

La esclavitud y la violación sexual son parte de la triste historia del conflicto armado que vivió Guatemala durante 36 años y que acabó en 1996 con la firma de los Acuerdos de Paz entre el Gobierno y la guerrilla, tras dejar una estela de 250,000 víctimas, entre muertos y desaparecidos.

DESTACADOS:

* Mujeres  q'eqchi', de condición humilde, que fueron desterradas hasta por sus propios familiares y vecinos, han contado sus casos ante el Juzgado B de Mayor Riesgo, un tribunal especial que lleva los delitos de alto impacto cometidos durante la guerra en el país.

* Apoyadas por la Unión Nacional de Mujeres Guatemaltecas (Unamg), Mujeres Transformando el Mundo (MTM) y el Equipo de Estudios Comunitarios y Acción Psicosocial (ECAP), las víctimas rompieron su silencio, 30 años después de haber sido vejadas por integrantes del Ejército guatemalteco.

* Según la activista Ana Lucía Morán, que defiende a las víctimas, en la región de Alta Verapaz se instalaron al menos tres destacamentos militares, en los que llegó a funcionar un centro de tortura y otro de exterminio.


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