Mitos y realidades que envuelven a las fiestas navideñas

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Circulo de Oro 2021
/ 26 diciembre 2012

El nacimiento de Jesús, el arbolito, Santa Claus, los Reyes Magos son historias comunes, pero no tenemos certeza de su origen

CIUDAD DE MÉXICO.- Si hay unas festividades verdaderamente universales, son sin lugar a dudas las navideñas. Un verdadero desfile de celebraciones o conmemoraciones: arbolitos iluminados y adornados bajo los cuales se expanden los nacimientos y aglomeran los regalos, las felicitaciones, cenas, la música de temporada, Santa Claus y los Reyes Magos están todos asociados con esta festividad.

Todo un símbolo del cristianismo, diría un buen caballero medieval; sin embargo, ¿es realmente así? Es decir, es un conjunto de celebraciones cristianas, o mucho de pagano se cuela en ellas.

Hay una realidad que muchos parecen ignoran; todo indica que la mayoría de las costumbres, no tienen realmente un origen cristiano, pero sí de las culturas o creencias paganas, que pasaron a formar parte del acervo occidental, y poco a poco se transformaron en las festividades por excelencia de la religión cristiana.

24 y 25 de diciembre, víspera y Pascuas

El origen de la fecha del nacimiento de Cristo cuenta con diversas versiones, pero éstas tienen un punto en común: su origen es pagano.

Una de ella se refiere a la necesidad de los primeros jerarcas de la religión cristiana de incorporar a muchos romanos que seguían adorando a sus antiguas deidades de procedencia griega.; por lo que adoptaron las celebraciones de Saturno, que alcanzaban su máxima intensidad el 25 de diciembre, fue por ello que el papa Julio I planteó celebrar el nacimiento de Jesús en esa fecha; planteamiento que se volvió oficial, cuando en el año 354 el papa Liberio la designó como la del nacimiento de Jesús de Nazaret.

Otra de las hipótesis se refiere a la necesidad de hacer coincidir el nacimiento del dios de los cristianos, con el anual del Dios-Sol en el solsticio de invierno, lo que servía de gancho a muchos de los pueblos paganos de origen celta.

El árbol

La tradición de millones de personas de adornar un pino, tiene poca relación con lo vivido en Belén, éste de igual manera cuenta con diversas versiones de su origen.

Una de ellas se refiere a la existencia de una celebración en las antiguas civilizaciones egipcias y babilónicas, en torno a un árbol representativo de la abundancia, el renacimiento y la renovación.

Entre los babilonios se refería al renacimiento de Nimrod representado por un árbol muerto que renacía. Los druidas adoraban al roble, lo egipcios la palmera, y finalmente, los romanos, en la Saturnalia, tomaban al abeto como símbolo, un abeto que era adornado con cerezas rojas, lo que un poco recuerda las conocidas esferas y decorados actuales.

Sin embargo, la más reciente versión al respecto, se asienta en una leyenda medieval alemana, según la cual el árbol como símbolo nació en Alemania, cuando el obispo y mártir inglés San Bonifacio (680-754) en su misión evangelizadora en las tierras germanas, cortó de raíz un encino sagrado en la ciudad de Geismar, con el argumento de la llegada del hijo de Dios para salvar a los fieles y de que era necesario desterrar a otras deidades.

 Los nativos, maravillados por la acción, ayudaron a plantar un pino en el mismo lugar donde estaba el encino sagrado y se adornaba el árbol cada año, como símbolo del nacimiento del Mesías.

Santa Claus

La leyenda en torno Santa Claus tiene un origen más conocido; todo deriva de la historia de San Nicolás de Bari (280-350), obispo de Myra, quien entregó todos sus bienes a los pobres y se distinguió siempre por su generosidad con los niños.

A partir de la Edad Media, la mitología en torno a San Nicolás comenzó a tomar forma, principalmente en Italia, de donde era originario, Alemania y Holanda.

El escritor norteamericano Washington Irving trató de satirizarlo con un libro titulado Knickerbocker's History of New York (La historia de Nueva York según Knickerbocker), en el que el personaje era despojado de sus atributos obispales y convertido en un hombre mayor, grueso, generoso y sonriente, vestido con sombrero de alas, calzón y pipa holandesa.

Tras llegar a Nueva York a bordo de un barco holandés, se dedicaba a arrojar regalos por las chimeneas, gracias a un caballo volador que arrastraba un trineo prodigioso. A partir de ahí su popularidad se disparó aún más abarcando a los norteamericanos de origen inglés.

Los Reyes Magos

Con respecto a estos últimos, que sierran el desfile de los mitos de la época navideña, tienen unos orígenes más oscuros, y nadie se aventura a decir cuál de ellos dio como resultado a los magos (del persa ma-gu-u-sha) que en ninguna parte nadie señaló fueran reyes.

Recientemente, el Papa Benedicto XVI planteó que el origen de los supuestos personajes llegados del oriente para adorar al niño rey de los judíos podía estar en España.

Según versiones de grupos cristianos, los "Reyes Magos" provenían de Persia y en realidad eran comerciantes que vagaban por el desierto recorriendo las rutas de tráfico del comercio.

Al parecer, estos hombres, de origen profesaban el zoroastrismo o mazdeísmo, religión y filosofía basada en las enseñanzas del profeta y reformador Zoroastro, o Zarathustra.

 Según la tradición mazdeísta, Zoroastro ante su muerte había dicho que volvería una vez más, y que la señal de su regreso sería una estrella que se movería de Oriente a Occidente; que los seguidores de sus enseñanzas que vieran la señal la siguieran, y que cuando aquella se detuviera ahí estaría él de regreso.

Y fue lo que según las leyendas, sucedió, estos comerciantes, que no eran reyes y conocían la profecía, siguieron a la supuesta estrella cuando la vieron moverse en el firmamento, y llegaron al pesebre donde descansaba el recién nacido Jesús, al cual le ofrecieron las mercancías que transportaban: incienso, mirra, oro y demás.

Gracias a la tradición católica, llegaron hasta nuestros días, cada 6 de enero, para hacer a los niños los regalos que les piden en cartas.

Excélsior es el segundo periódico más antiguo de la Ciudad de México, después de El Universal. Fue fundado por Rafael Alducin y su primer número circuló el 18 de marzo de 1917.