La Cebra festeja 15 años de rebeldía en escena

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Circulo de Oro 2021
/ 4 abril 2011

José Rivera encabeza esta compañía de danza que ha roto paradigmas. Desde los años 90 ellos se han impuesto como uno de los grupos más propositivos de América Latina

México, D.F..- Una cebra jala aire y lo exhala, casi eróticamente. Su gemido es la señal para que las otras cinco cebras comiencen a bailar. Todas elevan las manos, sacan el pecho, mueven las piernas, giran sus torsos, endurecen el rostro y crean miradas seductoras. Ahí están las seis cebras danzando sin música, respondiendo a la pasión que hay en cada centímetro de sus esculturales cuerpos.

Ensayan al calor del medio día, sudan y se miran unas a otras a través de los espejos en las paredes de un salón. Se saben hermosas, ágiles, virtuosas, pero aspiran siempre a la perfección.

Las han llamado "locas", "jotas", "burras con rayas", "revoltosas", "odiosas", "polémicas" e "irreverentes"; pero sobre todo las han reconocido como las mejores, el arte que crean con sus cuerpos ha sido ovacionado por miles y su transgresión ha sido una de sus virtudes. Son las cebras de José Rivera Moya y están preparando su fiesta por 15 años de vivir bailando en el escenario, pero también luchando contra la intolerancia y por el respeto a la diferencia.

Durante tres lustros, la compañía de danza contemporánea La Cebra Danza Gay ha conseguido lo que en los años 90 era impensable: llevar a escena un universo que había sido condenado a la clandestinidad; una realidad en la que converge el drama, la violencia, la discriminación, el sentido del humor, el erotismo, la seducción, el juego y el compromiso social.

Una anécdota ilustra bien lo que ha sido La Cebra. En 2002, ante un Palacio de Bellas Artes abarrotado, José Rivera salió al escenario enfundado en hilo delantal y botas de tacón rayadas en blanco y negro, cantando a capela el Himno Nacional.

Sentados en un sillón, los bailarines que integran actualmente la compañía, unos desde hace años, otros de recién ingreso, conversan sobre lo que ha sido su experiencia y sobre lo que La Cebra ha aportado a la danza nacional.

"Antes no podías jotear en la calle porque eras marginado, hoy puedes ver a los chicos besándose. "La Cebra" ha sido parte fundamental de esa transformación a través de la danza. Al principio nos presentábamos y la gente se salía, en provincia aún ocurre, les parece muy fuerte lo que tratamos porque el prejuicio en algunas partes sigue intacto, por eso seguimos aquí, por amor a lo que hacemos y porque falta mucho por hacer en ese sentido", dice Alejandro Medina.

En ello coincide Bruno Ramírez. "A mí me han dicho que lo gay ya pasó de moda, que abrimos brecha y nuestro tiempo pasó. No es así, hay temas que siguen siendo tabú. Hace poco fuimos a Coahuila y nos presentaron como La Cebra, cuando vieron al soldado con el marinero, a la bailarina drogándose, la gente se espantó, pensaron que representábamos lo peor de la sociedad. Nosotros estamos listos para todo, si se enojan, ni modo.

"Pero más allá de eso, me gustaría que la gente supiera que lo que hacemos no es pura "jotería", que atrás de cada función hay horas intensas de ensayo, que somos profesionales y que la danza, independientemente de si es gay o no, cura el alma, alimenta el espíritu".

Algunas de sus obras más destacadas son No soy Pancho Villa ni me gusta el futbol, en la que aborda temas como la masculinidad y el cuarto oscuro del folclor urbano gay; Danza del mal amor refleja el conflicto homosexual, las dudas, las inquietudes de una generación sobre sus emociones hacia un amor reprobado por la sociedad y el camino a la aceptación; y Antes que amanezca, sobre la prostitución de travestis.

Sobre estas, apunta Alejandro Medina: "Las obras de José son muy narrativas, hablan de nuestra cotidianidad como nuestro gusto por el sauna, de los conflictos que tuvieron muchas generaciones sobre su homosexualidad y de épocas que fueron muy difíciles. En mi caso, también me vestí y me tocaron las redadas, me subieron a una camioneta y terminé en El Torito, como no quería que mi familia supiera me quedé encerrado. De todo esto habla La Cebra y por eso ha sido tan importante".

Para César Romero, uno de los fundadores, "La Cebra" abrió también las posibilidades de los muchos rostros y cuerpos de un bailarín. "No importa si somos chaparros o altos. Además, por ejemplo, los maestros no sabían qué hacer conmigo porque mi rostro es femenino, tengo el cabello largo y llegué a un lugar donde yo podía ser yo. José siempre ha tenido claro hacia dónde vamos y cuál es nuestro discurso, por eso tenemos éxito y llenamos teatros, no cualquiera abarrota un foro".

"La Cebra soy yo"

El coreógrafo José Rivera nunca había visto una cebra, hasta que un día, en su niñez en un pueblo de San Luis Potosí, fue al circo y se sorprendió de su belleza, le pareció un animal mágico y comenzó a dibujarlo. Toda una vida pasó y en 1996, mientras consolidaba su proyecto dancístico, uno de sus amigos le recordó aquellas imágenes infantiles. Así nació La Cebra.

"Es un animal rebelde, indomable, por eso bauticé así a la compañía. Con el tiempo ha tomado nuevos significados y siempre han tenido que ver conmigo y con mis bailarines. Siempre dejo audicionar al que quiera, pero sólo se han quedado los que tienen carácter, temple, determinación. He tenido muchos bailarines y han permanecido los que son únicos, los que me leen y entienden a la perfección mi discurso", explica el coreógrafo.

Rivera, según Rivera, no es ni el gran coreógrafo ni el gran creador ni el gran artista, es una persona que se desnuda en escena: "A veces mis obras me han salido feas, he tenido errores, no siempre he tenido los bailarines que he querido, pero he sido honesto, libre, por eso a mucha gente le gusta lo que hago".

"¿Cuál es el precio que pagado por su vida en el escenario?", se le pregunta. "Soy una persona solitaria. Me he creado un mundo sólo para mí, tengo mi propia colonia Roma, mi propio México. Cada vez me alejo más y me mantengo inmerso en mi universo. Si he pagado un precio, es ese, pero soy feliz.

"Todas mis danzas las he creado a partir de esta soledad, reflexiono sobre mis miedos, mis vivencias, mis experiencias. Recuerdo a Raúl Flores Canelo y siempre estaba encerrado, nunca se fue a la India para crear, le absorbí tanto y sigo profundamente influenciado por él que quizá por eso también soy así. Ahora voy a los saunas y me quedo viendo los cuerpos, creando en mi mente, además me encanta la ciudad y la he explorado con pasión. Todo esto me permite tener más herramientas para seguir creando. La Cebra soy yo", responde Rivera.

La Cebra llega a los 15 años en la abundancia, el año pasado ofreció 54 funciones como compañía independiente, sin subsidios, un logro que pocos consiguen. "No tengo pretexto alguno para estar triste, soy un hombre feliz, hay gente que se presenta 10 veces al año o que han querido formar sus grupos y no han podido. Yo tengo todo lo que quiero", dice.

"Vamos a tomar la UNAM"

Las celebraciones comienzan el 29 de abril en el Teatro de la Ciudad, con un programa en el que presentará lo mejor del repertorio. El 27 de mayo será parte del programa "Visiones coreográficas" que se presenta en la UNAM, algo que lo tiene muy contento. "Habrá contemporáneo, flamenco, neoclásico, folclórico, teatro, ópera, gospel, una pasarela de moda, canto. Todo con temática gay. Estoy muy emocionado porque invité a 19 compañías, conformadas por artistas muy jóvenes, además para esta ocasión se creó una compañía de danza folclórica gay. ¡Este país es otro, vamos a tomar la UNAM!", cuenta.

Durante todo el mes de junio ofrecerán funciones en el Teatro de la Paz, donde remontará Yo no soy Pancho Villa ni me gusta el futbol y estrenará obras cortas, una alusiva a los 15 años.

También en ese mes volverán al Chopo para las actividades culturales gay y se organizará una mesa debate sobre las aportaciones de la compañía, a la que están invitados creadores de disciplinas como el cine y la música.

"¿Y Bellas Artes?", se le pregunta. "Lo pedí, pero no me quise someter a la aprobación de quien sabe quién, bajo parámetros desconocidos; he llenado con boleto pagado ese recinto y ahora me cuestionan si lo merezco o no, ya no lo quiero, no estoy para eso. La Cebra no le debe nada a nadie", dice.

Continuar con la temática homosexual, paradójicamente dice, le ha traído cuestionamientos. "Conozco gente que fue activista y hoy dice ser antigay. Pensé en eso y creí que tenían razón, que ya no debía hablar de guetos, pero acaban de matar a un amigo en la colonia Condesa, siguen las muertes por VIH, la homofobia permanece, así que no me puedo detener, tengo un compromiso al que seré fiel".

Ese compromiso lo ha extendido a otras esferas pues, refiere, México vive una etapa que será recordada como una de las violentas de nuestra historia, ante eso los creadores también tienen la obligación de fijar una postura.

"Los artistas somos voceros de lo que sucede social y políticamente en el país. Lo mío ha sido lo gay, el VIH, los derechos humanos, pero en este momento México está sufriendo y no podemos cerrar los ojos ante eso. Uno de mis estrenos de este año será la historia de una quinceañera mexicana sicótica que asesina a sus chambelanes, mi quinceañera es Zeta y quiero hablar de eso. Será un reto para mí, aún estoy en bosquejos, pero quiero hacer algo con mucha acción. La verdad es que tengo miedo, pero lo haré".

Y a lo largo del año festejarán con tacones y lentejuelas, la libertad de ser.

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