Río de Janeiro, Navidad a 40 grados

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Circulo de Oro 2021
/ 7 diciembre 2011

Miles de sombrillas de todos los colores forman una típica escena navideña en este destino brasileño.

Río de Janeiro.- El verano es la estación preferida de los cariocas, como no podía ser de otra manera en una ciudad en la que hombres y mujeres le rinden culto al cuerpo y tienen en las playas de fina arena blanca un rasgo de su identidad.

A diferencia del hemisferio norte, donde la Navidad coincide con la llegada del invierno, en el sur es el calor ardiente el que marca el ritmo de las actividades y en Río de Janeiro, donde en esta época del año las temperaturas rondan los 40 grados, una incitación al ocio y la diversión.

Biquinis, pantalones cortos, camisetas y las populares chanclas "Havaianas", icono de la cultura brasileña que por su comodidad y colores vivos se han convertido en todo un símbolo del país en el mundo, forman parte de la indumentaria típica de esta época del año, que contrastan con los paisajes invernales, de copos de nieve, trineos y Papá Noeles que adornan los comercios de la ciudad.

A medida que el mercurio sube en los termómetros aumenta la afluencia de gente a las playas, hasta el punto de que en algunas de las más turísticas, como las de Copacabana, Ipanema y Leblón, hay días en los que es casi imposible encontrar unos metros de arena para tenderse bajo el sol, y si el calor no cede, la aglomeración se prolonga hasta altas horas de la noche cuando las calzadas de piedra portuguesa de los paseos marítimos se llenan de gente de todas las edades que hace deporte o simplemente camina entre una multitud de vendedores ambulantes.

Para rematar la jornada, nada mejor que parar en uno de los kioscos a la orilla de la playa o en los restaurantes cercanos para degustar el tradicional "chopinho" (cerveza) o cenar.

Las cenas abundantes son características de la Navidad brasileña en la que, a pesar de las altas temperaturas priman las comidas de alto contenido calórico, como el pavo y el pernil de cerdo asados, o el bacalao en distintas preparaciones, que suelen servirse acompañados de una variedad de arroces, granos, pastas y la insustituible "farofa" (harina de mandioca mezclada con huevos o tocino), y para rematar, entre una variedad de postres y frutas frescas, el "panetone" (pan navideño), todo producto de la mezcla de culturas del pueblo brasileño.

No faltan en las mesas más abastecidas las tablas de quesos y de carnes frías, así como los encurtidos, patés y frutas secas, ni la cerveza, la "caipirinha" preparada con distintas frutas tropicales o el vino, esta última una bebida que ha empezado a conquistar el paladar de los brasileños, lo que en parte se debe a la estabilidad económica del país, que ha favorecido la penetración en el mercado nacional de caldos argentinos y chilenos de buena calidad a precios razonables.

A diferencia de otros países latinoamericanos en los que las tradiciones navideñas se han preservado, en Brasil en general y en Río de Janeiro en especial, la fiesta del nacimiento de Jesús ha perdido contenido religioso, lo que se refleja en la decoración de los hogares, en los que escasean los pesebres aunque no faltan los árboles decorados con luces de colores y otros adornos luminosos en balcones y fachadas de casas y edificios.

UN ARBOL DE GUINNESS

Llama la atención el árbol flotante de Navidad más grande del mundo, reconocido como tal por el libro Guinness Récords, que se levanta sobre una enorme plataforma en la laguna Rodrigo de Freitas, uno de los puntos turísticos de la ciudad, y cuyos 3.3 millones de luces se encienden por primera vez en medio de una gran fiesta el último fin de semana de noviembre.

La enorme estructura metálica en forma cónica mide 85 metros de altura, pesa 542 toneladas y está rodeada por nada menos que 105 kilómetros de mangueras luminosas que producen diversos efectos y haces de luz, algunos de ellos proyectados hacia el cielo con tanta intensidad que son visibles desde otros lugares de la ciudad.

En la semana entre la Navidad y el Año Nuevo la intensa actividad turística de Río de Janeiro se incrementa con espectáculos musicales de artistas populares, algunos gratuitos y otros pagos, que son el preludio de la gran fiesta de Nochevieja, llamada popularmente "réveillon" y considerada como una de las más espectaculares del mundo.

El "réveillon", palabra de origen francés que significa "despertar", marca la llegada del año nuevo en la playa de Copacabana con una grandiosa quema de fuegos artificiales instalados sobre balsas ancladas en seis puntos a lo largo de la costa que se desencadena con la cuenta regresiva de los últimos segundos del año que termina y se prolonga durante los primeros quince minutos del que comienza.

Cada año los fuegos firman en el cielo figuras relacionadas con algún asunto específico, como la "década dorada" que vivirá la ciudad por eventos internacionales como el Mundial de futbol de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016, que fue el tema de bienvenida al 2011, o la conferencia de las Naciones Unidas sobre desarrollo sostenible Río+20, que será el de 2012 por la celebración, en junio próximo, de esa cumbre ambiental en la ciudad.

Espectáculos pirotécnicos también se hacen en otras playas cariocas, como Ipanema, Leblón y Barra da Tijuca, pero ninguno iguala el esplendor del de Copacabana, donde la noche de cada 31 de diciembre se congregan más de dos millones de personas, en su mayoría vestidas de blanco, color inspirado en las creencias africanas que afloran con el cambio de año, para celebrar y bailar al compás de las escuelas de samba, de bandas de pagode, axé y otros ritmos brasileños, o al son de las mezclas de los pinchadiscos, como el francés David Guetta, que estará en el de este año.

Para asistir a la fiesta con comodidad sin someterse al ajetreo de la multitud es necesario desembolsar una buena suma de dinero puesto que los restaurantes y hoteles que están frente a la playa de Copacabana cobran valores que oscilan entre los 250 y los 600 reales (de 143 a 343 dólares) por persona por la cena de Año Nuevo, según la categoría del establecimiento, el menú y las bebidas que se incluyan.

Por el sincretismo que caracteriza a los brasileños, la tarde del 31 de diciembre miles de personas de distintas religiones se acercan a las playas para depositar ofrendas florales a Yemanyá, divinidad del candomblé a quien se venera como "reina del mar", y en las primera horas del 1 de enero son muchos los que cumplen el rito de saltar siete olas para pedir suerte en el año que comienza.

Los más entusiastas esperan tumbados en la arena la aparición de los primeros rayos de sol del nuevo año, y luego se van a casa a curarse la resaca mientras la ciudad comienza la cuenta atrás para su fiesta más grandiosa, el carnaval, antes de que se acabe el verano.

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