La mentira y la pérdida de identidad en nueva novela de L.Etxebarría
COMPARTIR
"Mentimos por múltiples razones: por dinero o poder, porque nos sentimos acosados o, en el caso de la mayoría de los mortales, para proteger a los que están a nuestro alrededor, y de ahí que la mayor probabilidad de ser traicionados la tengan los seres de los que más cerca estamos". La mentira ha ayudado a escribir la historia, propiciando, sin ir más lejos, las guerras.
Madrid, España.- Todos mentimos: así de rotunda se muestra la escritora española Lucía Etxebarría (Valencia, 1966) al hablar de su nueva novela "Lo verdadero es un momento de lo falso", asumiendo la falsedad alentada por una sociedad tecnológica y la imposibilidad de conocer la realidad de un personaje a través de la mirada de los otros.
"Mentimos por múltiples razones: por dinero o poder, porque nos sentimos acosados o, en el caso de la mayoría de los mortales, para proteger a los que están a nuestro alrededor, y de ahí que la mayor probabilidad de ser traicionados la tengan los seres de los que más cerca estamos". La mentira ha ayudado a escribir la historia, propiciando, sin ir más lejos, las guerras.
"Y la sociedad tecnológica en la que vivimos alienta aún más esa mentira". Por eso la autora, después de crear al personaje de su novela, el cantante de un grupo de música, Pumuky, decidió crearle también un perfil en Facebook, que mantuvo durante alrededor de un año.
"El progagonista tuvo un año de vida en la red paralelo no tanto al proceso de creación como al de revisión final de la obra", explicó la escritora en entrevista con dpa. Y el resultado fue demoledor: "su existencia resultó más real que la de otros usuarios, porque Pumuky no tenía que mentir sobre sí mismo, como nos vemos obligados a hacer todos". Como en su novela, poco después, anunció su muerte en la red.
A partir del artista muerto, Etxebarría plantea en su obra la reconstrucción del personaje a través de la mirada de la gente que lo conocía: su vecina, sus amantes, sus amigos, las madres de sus amigos,... que van ofreciendo una visión, siempre distorsionada, del protagonista.
"Porque lo verdadero es un momento de lo falso"- frase que Etxebarría toma del comunicólogo Guy Debord- y esas construcciones están basadas en una realidad, pero acaban siendo mentira. Por eso, afirma la autora, "es imposible conocer a nadie a través de los otros, más aún cuando todos mentimos sobre quién somos a la gente más cercana".
La propia autora se ve afectada también por este fenómeno de falsa construcción en los medios de comunicación. "Estoy esperando aún la entrevista en la que yo me vea a mí misma", explica, denunciando que siempre se tergiversa lo que dice por medios demasiado politizados o sensacionalistas.
Y la distorsión de la realidad es el gran problema del protagonista de la novela y de su banda de música Love & Sex Adicts. "Si a la sociedad de espejos, que es el mecanismo natural de que los demás te conozcan, le añades el amplificador salvaje de los medios de comunicación, se crea una enorme distorsión que crea un gran problema al emisor original". Y ese problema no es menor, porque supone una auténtida pérdida de la verdadera identidad. "Exponen tanto su identidad que al final la pierden, a mí también me ha pasado".
Si a los artistas y cantantes, ya de por sí con una base ligeramente neurótica y autodestructiva, le sumas ese problema, el resultado del cóctel son suicidios a edades tempranas o muertes por sobredosis que, en definitiva, son como suicidios. Los ejemplos sobran: Kurt Cobain, Marilyn Monroe o James Dean, explica la autora.
Etxebarría trabajó como jefa de prensa de una gran discográfica y aprovecha su experiencia en el mundo de la música para retratar sus experiencias en esta novela, en la deja al descubierto lo que de pose tiene tanto ese mundo como de la literatura, dependientes el uno del poder corporativo y el otro del político.
"El mundo musical era quizá más limpio y no estaba tan ligado a subvenciones y al poder, aunque si un principio se autogestionaba, ahora ha pasado a la dependencia del patrocinio". El de la literatura, en cambio, está totalmente ligado al poder político. "Es éste quien paga las conferencias, los premios, subvenciones y becas".
De ahí que los artistas, afirma la autora, "vivimos en un muy difícil equilibrio", como le ocurre también al grupo de su novela, con grandes ideales que se ve obligado a tradicionar en pos del marketing. "También yo lo hago", confiesa Etxebarría. "Tengo que hacer cosas que no quiero hacer". Sin ir más lejos... conceder entrevistas.
Pero la novela es también un fuerte alegato a la experiencia vivida, las vivencias reales, frente a la representación, cuenta la autora, que denuncia el exceso de novelas "no vividas, por encargo", que impregnaron en los últimos años la creación española.
Y no es que la autora piense que haya necesariamente que vivir lo que se escribe. Sin embargo, en su caso prefiere aferrarse a sus experiencias en el mundo musical, literario y también emocional.
Casi todos los protagonistas de la obra masculinos sufren del complejo de Edipo porque, está convencida Etxebarría, todos los hombres lo sufren en una sociedad machista que obliga a las madres a tener una presencia mucho más invasora que a los padres. "Criar es crear", sentencia ahora que es madre.
Pero una sociedad que a su vez está comenzando a romper tabúes. Por eso la autora habla relaciones de mujeres maduras con chicos más jóvenes, algo no tan visto, cuando el caso contrario está perfectamente aceptado. Al final y al cabo, cuenta, "a mí me entran chicos de 20 años".