José Agustín presenta sus aventuras por Cuba

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Circulo de Oro 2021
/ 29 septiembre 2010

    "Le tengo mucho cariño a Cuba, siempre he sido crítico con lo que no me parece de allá, pero tampoco me gusta el extremo de poner el grito en el cielo", comentó el escritor

    México, D.F..- José Agustín (Acapulco, 1944) tenía una cita en las oficinas de Random House Mondadori, en la ciudad de México, para dar un buen número de entrevistas en torno a su nuevo libro, "Diario de brigadista. Cuba, 1961" (Lumen), en el que narra sus aventuras como alfabetizador en esa isla. Sin embargo, debido a problemas de presión alta, se quedó en su casa de Cuautla y desde ahí atendió a los medios. Esta fue la charla con EL UNIVERSAL.

    - Según cuenta en el libro, desde los 17 años se ponía unas borracheras tremendas con ron. ¿Ya le está pasando la factura el reventón?

    - La verdad es que las pedas me las empecé a poner desde los 15 años de edad. Lo que pasa es que a los 66 uno ya no está tan chavo y el carrito empieza a convertirse en carcachita.

    - En el volumen le agradece a Margarita Dalton, su primera esposa, por haberle dado chance de tener sexo con regularidad a los 16. Para aquella época, era muy precoz en ese terreno, ¿no?

    - Sí, era algo insólito hasta cierto punto. Lo que pasa es que yo empecé todo muy joven; desde los 13 años de edad estoy escribiendo sin parar.

    - ¿No había mota en el campo cubano?

    - Si acaso había, no me enteré. En esa época yo no era macizo.

    -Hace un año se echó un clavado en un teatro de Puebla. ¿Andaba emulando a Keith Richards, quien en 2006 hizo lo mismo desde una palmera?

    - Ja, ja, ja. Ya no me acordaba de eso que le pasó a Richards. Lo mío también estuvo rudo porque sí me golpeé muy fuerte la cabeza y perdí la conciencia, además de que me quebré dos costillas y me lastimé una pierna. Me pasé un buen rato en el hospital y tres meses en reposo absoluto.

    - ¿En qué pensó durante la convalecencia?

    - ¡Uta, en todo! Revisas toda tu vida, tu obra. Y, no es por nada, pero creo que el saldo ha sido positivo.

    - Con "Diario de brigadista" me quedé con la impresión de un "Diario interruptus". Están por montar una obra de teatro tuya en el campo y, de pronto, ¡zas!, se acaba el libro.

    - Lo que pasa es que me regresé a La Habana, donde ya no seguí escribiendo el diario. Estuve un rato en Casa de las Américas y después me regresé a México con mi papá, que era piloto de Mexicana de Aviación.

    - Parece gringo, le encantan las Margaritas, ¿verdad?

    - Ja, ja, ja. En el libro explico que me casé con Margarita Dalton para que ambos alcanzáramos la mayoría de edad y entonces poder viajar a Cuba sin el permiso de nuestros papás. Y, pues sí, mi esposa de toda la vida es otra Margarita (Bermúdez).

    - ¿Ya leyó el libro Margarita Dalton?

    - No sé. Estoy un poquito preocupado de que ya lo tenga y lo lea, aunque creo que la trato con cariño y respeto.
    - A ratos, no tanto, ¡eh!

    - ¡Híjole!

    - ¿Por qué, siendo de Acapulco, se fue a Cuba y no a la sierra de Guerrero?

    - En 1961 la atracción hacia Cuba era tremenda, y Margarita Dalton, que sólo era mi amiga, conocía a Marcia Leiseca, ¡qué apellidito!, quien trabajaba en Casa de las Américas. Ese fue el contacto para llegar allá.

    - ¿Qué sentiría si un hijo suyo le dijera a los 16 años de edad que se va a Chiapas con el Subcomandante Marcos?

    - Medio terrible, porque como papá uno quisiera que nuestros hijos no se expongan a nada que sea peligroso. De hecho, cuando uno de mis hijos quiso hacer algo medio descabellado a esa edad, mi esposa me dijo: "Tú a los 16 años te fuiste a Cuba, ¿qué tanto la haces de pedo?"

    - ¿Qué piensa de Marcos?

    - Aunque no comulgo con todas sus ideas, empezando por la guerrilla, me sigue cayendo bien. Ha realizado un papel histórico muy importante y es uno de los seres más respetables que ha dado México en los últimos tiempos.

    - ¿Y cómo ve a la Cuba de hoy?

    - Yo voy muy seguido a Cuba a pasar las vacaciones con mi esposa y ahora veo que en algunas cosas están mejor que aquí, pero en otras peor, sobre todo industrialmente.

    - ¿No cree que es muy benigno con el régimen?

    - Le tengo mucho cariño a Cuba, siempre he sido crítico con lo que no me parece de allá, pero tampoco me gusta el extremo de poner el grito en el cielo.

    - ¿Crees que la reciente mención de Fidel Castro a favor de López Obrador haya sido el beso del diablo?

    - Yo espero que no haya sido para joder sino al contrario. Todavía a los 80 y tantos años de edad Fidel no hace nada de a gratis. Habrá que ver qué pasa con el tiempo.

    - ¿Le hubiera convenido a Fidel morir hace rato para que la historia lo absolviera?

    - Pues sí, la gente le hubiera perdonado más fácilmente sus errores. Los héroes mueren jóvenes.
    - ¿Cómo ves a Hugo Chávez?

    - Tampoco comulgo con todas sus ideas, pero a mí me parece de lo más decentito entre los presidentes que hay en Latinoamérica.

    - ¿Un añito en el campo quita la pendejez urbana?

    - ¡Cómo no! Es una buena medida terapéutica porque es otro nivel de realidad.

    - Y trabajar de alfabetizador y estibador no es enchílame otra gorda, ¿no?

    - En aquella época yo tenía todo lo necesario para ese desmadre: juventud, energía, buena disposición. No me pesó demasiado la friega.

    - También la hizo de orador. ¿Qué tal es hablar para 10 mil personas?

    - Se siente grueso, te pones nervioso, pero si tienes la audacia suficiente, sales adelante.

    - En "Diario de brigadista" menciona con mucha frecuencia que sus clases y sus discursos eran muy bien recibidos y elogiados.

    - Por angas o por mangas tengo facilidad de palabra, y tengo mi culturita, entonces llamaba mucho la atención y funcionaba lo que hacía.

    - ¿Qué texto tiene en puerta?

    - Una novela que se llama La locura de Dios. Se trata de un cuate que, como a Job, le va increíble en la vida; tiene todo: una familia, prestigio, dinero, respetabilidad. De un día para otro todo le cambia por completo, se le muere la esposa en un incendio, pierde la lana, lo corren de la chamba y entonces entra a una cotidianidad jodidérrima. Dos o tres cuates que aún le quedan le sugieren que revise su conducta, que tal vez lo que le pasa sea kármico. Él les contesta que tiene revisadísima su vida y que no merece nada de lo que le está pasando, que Dios debe estar loco.

    - En "Diario de brigadista" se percibe que lo suyo era el teatro más que la novela.

    - Entre los 12 y los 19 años mi fascinación era el teatro. Me puse a escribir cosas ultra ambiciosas hasta que llegó el momento en que hice un alto y dije: "¡A la chingada!". Entonces me dediqué a los cuentos y las novelas, aunque La tumba ya la había escrito a los 16.

    - ¿Qué música está escuchando en los últimos tiempos?

    - Me encantó lo que sacó The Flaming Lips de El lado oscuro de la luna. Me gustan Brian Eno y Moby. Lo último de Peter Gabriel también está padre.

    - Hablando de Cuba, ¿nunca oye a Silvio Rodríguez y Pablo Milanés?

    - No me vuelven loco, pero sí me gustan.

    - ¿Y qué le gusta de rock en español?

    - Me gustan algunas cosas como. ¿Qué me gusta de rock en español? Déjame pensar. Híjole, es que ando medio atarantado.

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