Etiopía, un mundo milenario y exuberante
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Un viaje a este país es más parecido a una visita a una isla lejana que a una estancia en Africa, ahí todo es extraño e impresionante
Etiopía.- Para muchas personas pensar en Etiopía es recordar la hambruna de 1984, pero la realidad es que el país ofrece mucho a los visitantes aventureros que logran llegar a ella.
Hay una altiplano exuberante, colinas verdes que se parecen más a Escocia que al desierto, vida nocturna en Adís Abeba y sitios históricos como los monasterios insulares del Lago Tana y en Lalibela, un conjunto de iglesias del siglo XII.
Por su parte los parques naturales son diferentes a los de Kenia, donde los turistas apenas pueden ver leones. En Etiopía es posible ver los animales casi en soledad.
El único detalle es que viajar a Etiopía puede ser algo confuso al principio.
Los etíopes insisten en hacer las cosas a su manera: tienen su propio calendario, con 13 meses; tienen su propio año, para ellos ahora es el 2003, y tienen su propia hora, las seis de la mañana es medianoche para ellos. El idioma oficial, el amárico, tiene raíces semíticas como el árabe y el hebreo, pero además cuenta con un alfabeto propio. Por suerte muchos hablan inglés.
Casi dos terceras partes de la población es etíope ortodoxa, un credo con sus propios ritos, distinto del ruso y de las iglesias ortodoxas serbias. La otra tercera parte es musulmana.       Â
Un mundo nuevo
Un viaje a Etiopía es más parecido a una visita a una isla lejana que a una estancia en Africa, ahí todo es extraño e impresionante.
Se necesitan al menos dos semanas para hacerle justicia a este enorme país, fronterizo con Sudán y Eritrea al norte, con Kenia al sur y Somalia hacia el este.
Las calles suelen estar en malas condiciones y se pueden necesitar horas o incluso días para avanzar algunos cientos de kilómetros, especialmente en la temporada de lluvias, que dura de abril a septiembre. Por suerte existe Ethiopian Airlines, considerada por mucho la mejor aerolínea africana, con vuelos de la capital a los principales centros turísticos como Lalibela.
La capital, Adís Abeba, es una ciudad grande con mucho tráfico vehicular y barrios residenciales ocultos con calles estrechas que se convierten en lodo con la lluvia, así que no ofrece una cara muy amigable al comienzo.
Pero si uno resiste un poco la ciudad revela sus encantos, como los numerosos cafés de origen italiano, clubs nocturnos, bares e incluso restaurantes gourmet.
Entre los más recomendables están los restaurantes de comida tradicional Eyoha y Fasika, en los que hay bailarines que ejecutan las peculiares danzas tradicionales etíopes mientras los asistentes disfrutan de platos llenos de delicias.
De compras, safari y peregrinación por las ciudades
Adís es además el mejor lugar para realizar compras en el país y tiene una gran variedad de productos regionales y estilos. Se pueden comprar aretes de plata de la región norteña de Tigray y collares inspirados en el Golfo Pérsico de plata y resina.
Tras unos días en Adís uno está listo para tomar carretera. La mayoría de los visitantes se dirige al norte para conocer Bahir Dar, Aksum y Lalibela. Ethiopian Airlines vende boletos redondos desde Adís con altos en cada una de estas ciudades.
Lalibela es la más impresionante con su conjunto de 11 iglesias que irrumpen en el paisaje desértico. Según la leyenda estas iglesias fueron construidas por los ángeles, pero en realidad fue una obra ordenada por el Rey Lalibela, que vivió en el siglo XII y mandó a labrar las rocas con las que están construidas durante décadas.
Los techos están casi al ras del suelo, para entrar en las iglesias hay que bajar por unas escaleras labradas en la roca que se han ido alisando por el paso de la gente a través de los años. Dentro de esos edificios frescos y oscuros viven sacerdotes para quienes la luz entra por ventanas en forma de cruz, igualmente labradas en la piedra.
La iglesia más hermosa es la de Bet Giorgis, o San Jorge, una estructura enorme diseñada en forma de cruz griega.
Las iglesias siguen funcionando durante la Pascua y decenas de miles de peregrinos llegan a ellas, así que no se pueden visitar sin un guía.
Bahir Dar está junto al Lago Tana, la fuente del Nilo Azul. En el lago hay decenas de monasterios e iglesias en sus islas, por lo que este es un punto obligado para los viajeros.
La mayoría de los edificios fueron construidos entre el siglo XVI y el XVII, sus techos y paredes tienen pinturas fantásticas. Se pueden dar paseos en bote que van de isla en isla, pero algunos de estos sitios no permiten la entrada de mujeres.
Aksum, cerca de la frontera con Eritrea, fue la capital de un imperio que floreció durante cientos de años desde el siglo V a.C. En sus alrededores hay una gran cantidad de ruinas de lo que solía ser uno de los centros más importantes en la ruta comercial entre el Imperio Romano e India.
También cuenta con grandes obeliscos, tumbas reales y castillos antiguos clasificados como patrimonio mundial por la UNESCO.
Hacia el sur de Adís están los mejores sitios de safari del país en el Santuario de Vida Silvestre de Stephanie, el santuario de Yabelo y el remoto Parque Nacional de Omo. El parque de Omo cubre una extensión de 40 mil kilómetros cuadrados y el cercano valle de Omo es el territorio de varias tribus.
Entre las tribus destacan los mursi, famosos por sus cuerpos escarificados y los enormes adornos de arcilla que utilizan en los labios. Por su parte el pueblo Hamar utiliza un estilo de peinado de trenzas coloreadas con arcilla roja. Los hamar son famosos por su ceremonia del salto del toro, un rito de iniciación para los jóvenes.