Omnia: secretos del comer
COMPARTIR
En 1957, hace 50 años, el nutriólogo Ancel Key se dedicó a recorrer el mundo para observar dos cosas, (1) qué comía la gente, y (2) de qué se moría.
El caso más extraño lo halló en la isla de Creta, en el mar Mediterráneo. Allí descubrió a las personas más longevas de Europa, y encontró que su alimentación incluía poca carne y pocos lácteos. Otra cosa llamó su atención: el aceite de oliva era empleado con mucha generosidad.
Key calculó que del 35 al 40 por ciento de las calorías de los cretenses provenían del aceite de oliva. Una cantidad bastante elevada, ya que los estándares americanos recomiendan no ingerir más de 30 por ciento de las calorías de la grasa.
A su paso por China, Key descubrió otro fenómeno interesante: los chinos son también bastante longevos, y son prácticamente vegetarianos. De hecho, sólo el 15 por ciento de sus calorías proviene de la grasa.
¿Cómo es posible que las dos culturas más longevas, encontradas por Key, tuvieran dietas diametralmente opuestas, una con alto consumo de grasa y la otra con muy poco de este nutriente?
¿Cómo era posible que los cretenses pudieran consumir tanta grasa y ser tan sanos?
Pero había algo más allá de la comida, que era similar tanto en la sociedad china como en la cretense. La gente más longeva era la que vivía en el campo.
Así que Key llegó a la conclusión de que el secreto de la buena salud y la longevidad radicaba en la actividad física, no en lo que la gente comía.
Se ha dicho que la bondad de la dieta Mediterránea proviene del aceite de oliva, y que la longevidad de los chinos obedece a su comida altamente vegetariana.
Sin embargo, el estudio de este nutriólogo viene a confirmar que el ingrediente número uno para mantenerse saludable, incluso sin importar lo que uno coma, es la actividad física.
Un plus
Pero lo dicho no es suficiente. Para sortear los campos minados de la comida grasosa, usted tiene que entender el fenómeno. Por ejemplo, debe saber que las calorías no se comportan igual en el organismo del hombre y de la mujer.
Los nutriólogos lo han comprobado una y otra vez: los hombres, con sólo caminar tres kilómetros, cinco días a la semana (y tomar una cerveza), pueden mantener su peso bajo control, mientras que las mujeres, aunque se mantengan vigilantes de lo que coman, y aunque le agreguen un poco de esfuerzo a sus ejercicios, no pueden controlar sus kilos a la misma velocidad que sus compañeros.
¿A qué se debe? En primer lugar a la figura básica. Algunas personas que se someten a un régimen para perder peso esperan bajar más en unas áreas del cuerpo que en otras, pero eso no es posible.
La grasa se mueve a través de todo el cuerpo, utilizando la sangre como vehículo; por lo tanto, con el ejercicio y la dieta se pierde peso pero no la figura esencial con la que cada individuo ha nacido.
Si una persona tiene "figura de pera" -mayor peso en la parte media del cuerpo-, con el ejercicio y la dieta terminará siendo una pera más delgada. Por lo tanto, busque la pérdida de peso para ser más sano, no para lograr la silueta ideal.