`escribir es como respirar'
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5 junio 2008
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Vanguardia habló en exclusiva con Gustavo Sainz sobre su trayectoria literaria, su visión de las letras mexicanas y su última novela
Para Gustavo Sainz la ficción se ha convertido prácticamente en una vida paralela, que de forma recurrente aparece en el momento menos esperado. Y con más de 20 novelas publicadas, el escritor supo desde siempre que el camino que iba a tomar era el de la narrativa.
Considerado por muchos un niño prodigio de las letras, Sainz publicó sus primeros artículos en periódicos grandes a los 10 años y no sólo eso, también tuvo la oportunidad de convivir con las vacas sagradas de las letras mexicanas como Octavio Paz, Carlos Pellicer, Jaime Torres Bodet y Salvador Novo, por citar unos cuantos.
Así, de forma imperceptible, el niño cambió los cochecitos por las letras y a los 25 años publicó su primera novela, un éxito de ventas instantáneo que para estas fechas ya lleva 2 millones de copias vendidas, en 14 idiomas distintos. "Gazapo" significó la señal que esperaba Sainz para meterse de lleno en la literatura, y para los académicos un parteaguas en la narrativa mexicana que daría vida a la generación "de la onda".
El crítico literario Emmanuel Carballo escribió que "Gazapo" es "una novela que rompe, en cuanto a estructura y estilo con las más próximas y casi siempre ineludibles maneras de novelar en México: con las de Yáñez, Fuentes, y García Ponce".
Además destacó la precocidad literaria del autor, al apuntar que lejos de parecer la primera novela parecía la cuarta o la quinta porque "en ella no se advierten inseguridades ni flaquezas, tampoco desequilibrios en la estructura ni reiteraciones inútiles en el estilo".
Graduado con honores en su primer intento narrativo, Sainz ya lleva más de 50 años entregado a la literatura y no duda en apostarle a las rutas independientes para sacar a la luz sus nuevos textos. Esto último es lo que lo ha traído a Saltillo, en donde además de impartir una charla sobre literatura beat presentará su última novela, "El Tango del Desasosiego (Perplejidad)", publicada por Atemporia, una novel editorial a cargo de la saltillense Alejandra Peart.
Usted desarrolló desde temprana edad su vocación como escritor, pero -¿cómo descubrió que se iba a dedicar a la narrativa?- "A los 10 años ya sabía que había poetas muy buenos en México. A los 10 años yo conocí a Jaime Torres Bodet, Salvador Novo, Octavio Paz, Carlos Pellicer, eran poetas gigantescos.
Yo no podía ni siquiera intentar hacer un poema, ya ellos eran los maestros, pero podía escribir prosa. Pero aún escribir prosa era muy difícil porque a mí me gustaba el narrador inglés Lawrence Durrell, los libros de Henry Miller, la prosa de Juan José Arreola, de Alfonso Reyes y yo escribía prosa pero no podía escribir como ellos porque me convertiría en un `pastiche' de ellos.
"Cuando tenía como 19 años pensé que la única manera en que podía ser escritor era si podía escribir como si respirara, escribir como me salía la prosa, es decir como un muchacho de clase media de la Ciudad de México y si eso servía literariamente pues entonces estaba hecho y si no, me dedicaba a otra cosa. Así empecé `Gazapo', que salió cuando yo tenía 25 años y que tuvo tal repercusión que me abrió el camino para la carrera de escritor.
"Dentro de ese camino para la escuela de escritor yo no hice `Gazapo' sobre ningún molde previo, sino a medida que la iba escribiendo iba adquiriendo su forma, digamos que el tema hace la forma. Todas las novelas que he escrito han sido así, profundamente diferentes entre sí".
Parece que sus novelas cuentan con detalles autobiográficos, -¿esa ha sido una constante en su estilo? "Yo tenía un amigo, un escritor español que se llamaba Otaola, que decía que todo lo que no era autobiografía era plagio. También, a propósito de la literatura beat, los beat lo que hicieron fue escribir de sí mismos y esta es la primera vez que la novela tiene como protagonista al propio escritor, entonces eso hice yo.
Mi vida me parece excepcionalmente compleja, hermosa, terrible, atractiva, y siempre encuentro que hay un fragmento que vale la pena rescatar y contarlo".
A usted le tocó convivir con las grandes plumas mexicanas del siglo 20, y aunque no tomó el camino literario que ellos trazaron -¿siente que alguno de estos escritores influyó en su obra de alguna manera?-
"Realmente mi novela (`Gazapo') era la oposición a lo que ellos hacían porque las narrativas más vigorosas de México en esa época giraban en torno a la Revolución Mexicana. Después, en el año 1958, aparecieron las primeras novelas urbanas como `El Sol de Octubre' de Rafael Solana y `La Región Más Transparente' de Carlos Fuentes, pero esas novelas urbanas eran de adultos y pensé que si yo quería hacer un tema, tendría que ser un tema nuevo y entonces decidí escribir sobre los jóvenes.
"Para esto, todas las novelas mexicanas que había hasta 1960 eran sobre el campo con autores como Juan Rulfo, Tomás Mojarro y muchos otros, o de tipo fantástico como Arreola, que tiene una prosa maravillosa, pero yo no podía alcanzar eso. Entonces decidí a hacer una novela de los jóvenes de clase media, cuando me entrevistaron para `Gazapo' decía: yo tengo ahorita 25 años y nunca he visto una vaca de verdad (risas).
"Ese fue como un rompimiento generacional que fue muy oportuno comercialmente, y ya después de eso `Gazapo' se vendió mucho y se tradujo a 14 idiomas. Entonces empezó a algo muy difícil para mí porque esos 14 editores, más el de México, me preguntaban todos los días cuándo iba a estar la segunda novela y yo todavía ni la había empezado, para esa segunda novela gané una beca de la Fundación Ford y estuve un año en la Universidad de Iowa y escribí la novela `Obsesivos de Circulares', que yo digo que era mi novela imposible, porque tenía una presión brutal para que la terminara y yo no sabía qué escribir.
"Después empecé a escribir novelas de mis amigos de generación, que son una parte de mi autobiografía, y así surgió `La Princesa del Palacio de Hierro', luego hice una que se llama `Fantasmas Aztecas', sobre la excavación del templo mayor en la Ciudad de México, y así siguieron hasta la que vamos a presentar aquí, que se llama `El Tango del Desasosiego' y que es mi novela número 22".
Usted es un escritor prolífico que maneja distintas historias en su obra, -¿cómo encuentra los temas para desarrollar sus novelas?- "¿Te parece que soy prolífico? Si escribo una novela cada 5 años (risas).
"Yo pienso que uno no escoge los temas, sino que los temas te escogen a ti. Uno es como un instrumento de una escritura, yo puedo estar dos años sin hacer absolutamente nada y de pronto el tema me toca y empiezo a escribir.
"Además en todos los libros hay una parte autobiográfica, por ejemplo en mi última novela la historia es de un profesor de literatura francesa que tiene una relación amorosa que fracasa, entonces la quiere contar y acude a un tutor literario. Y ese tutor sí puedo ser yo, entonces todas mis ideas literarias están puestas en esa crítica que el asesor le hace al profesor".
Considerado por muchos un niño prodigio de las letras, Sainz publicó sus primeros artículos en periódicos grandes a los 10 años y no sólo eso, también tuvo la oportunidad de convivir con las vacas sagradas de las letras mexicanas como Octavio Paz, Carlos Pellicer, Jaime Torres Bodet y Salvador Novo, por citar unos cuantos.
Así, de forma imperceptible, el niño cambió los cochecitos por las letras y a los 25 años publicó su primera novela, un éxito de ventas instantáneo que para estas fechas ya lleva 2 millones de copias vendidas, en 14 idiomas distintos. "Gazapo" significó la señal que esperaba Sainz para meterse de lleno en la literatura, y para los académicos un parteaguas en la narrativa mexicana que daría vida a la generación "de la onda".
El crítico literario Emmanuel Carballo escribió que "Gazapo" es "una novela que rompe, en cuanto a estructura y estilo con las más próximas y casi siempre ineludibles maneras de novelar en México: con las de Yáñez, Fuentes, y García Ponce".
Además destacó la precocidad literaria del autor, al apuntar que lejos de parecer la primera novela parecía la cuarta o la quinta porque "en ella no se advierten inseguridades ni flaquezas, tampoco desequilibrios en la estructura ni reiteraciones inútiles en el estilo".
Graduado con honores en su primer intento narrativo, Sainz ya lleva más de 50 años entregado a la literatura y no duda en apostarle a las rutas independientes para sacar a la luz sus nuevos textos. Esto último es lo que lo ha traído a Saltillo, en donde además de impartir una charla sobre literatura beat presentará su última novela, "El Tango del Desasosiego (Perplejidad)", publicada por Atemporia, una novel editorial a cargo de la saltillense Alejandra Peart.
Usted desarrolló desde temprana edad su vocación como escritor, pero -¿cómo descubrió que se iba a dedicar a la narrativa?- "A los 10 años ya sabía que había poetas muy buenos en México. A los 10 años yo conocí a Jaime Torres Bodet, Salvador Novo, Octavio Paz, Carlos Pellicer, eran poetas gigantescos.
Yo no podía ni siquiera intentar hacer un poema, ya ellos eran los maestros, pero podía escribir prosa. Pero aún escribir prosa era muy difícil porque a mí me gustaba el narrador inglés Lawrence Durrell, los libros de Henry Miller, la prosa de Juan José Arreola, de Alfonso Reyes y yo escribía prosa pero no podía escribir como ellos porque me convertiría en un `pastiche' de ellos.
"Cuando tenía como 19 años pensé que la única manera en que podía ser escritor era si podía escribir como si respirara, escribir como me salía la prosa, es decir como un muchacho de clase media de la Ciudad de México y si eso servía literariamente pues entonces estaba hecho y si no, me dedicaba a otra cosa. Así empecé `Gazapo', que salió cuando yo tenía 25 años y que tuvo tal repercusión que me abrió el camino para la carrera de escritor.
"Dentro de ese camino para la escuela de escritor yo no hice `Gazapo' sobre ningún molde previo, sino a medida que la iba escribiendo iba adquiriendo su forma, digamos que el tema hace la forma. Todas las novelas que he escrito han sido así, profundamente diferentes entre sí".
Parece que sus novelas cuentan con detalles autobiográficos, -¿esa ha sido una constante en su estilo? "Yo tenía un amigo, un escritor español que se llamaba Otaola, que decía que todo lo que no era autobiografía era plagio. También, a propósito de la literatura beat, los beat lo que hicieron fue escribir de sí mismos y esta es la primera vez que la novela tiene como protagonista al propio escritor, entonces eso hice yo.
Mi vida me parece excepcionalmente compleja, hermosa, terrible, atractiva, y siempre encuentro que hay un fragmento que vale la pena rescatar y contarlo".
A usted le tocó convivir con las grandes plumas mexicanas del siglo 20, y aunque no tomó el camino literario que ellos trazaron -¿siente que alguno de estos escritores influyó en su obra de alguna manera?-
"Realmente mi novela (`Gazapo') era la oposición a lo que ellos hacían porque las narrativas más vigorosas de México en esa época giraban en torno a la Revolución Mexicana. Después, en el año 1958, aparecieron las primeras novelas urbanas como `El Sol de Octubre' de Rafael Solana y `La Región Más Transparente' de Carlos Fuentes, pero esas novelas urbanas eran de adultos y pensé que si yo quería hacer un tema, tendría que ser un tema nuevo y entonces decidí escribir sobre los jóvenes.
"Para esto, todas las novelas mexicanas que había hasta 1960 eran sobre el campo con autores como Juan Rulfo, Tomás Mojarro y muchos otros, o de tipo fantástico como Arreola, que tiene una prosa maravillosa, pero yo no podía alcanzar eso. Entonces decidí a hacer una novela de los jóvenes de clase media, cuando me entrevistaron para `Gazapo' decía: yo tengo ahorita 25 años y nunca he visto una vaca de verdad (risas).
"Ese fue como un rompimiento generacional que fue muy oportuno comercialmente, y ya después de eso `Gazapo' se vendió mucho y se tradujo a 14 idiomas. Entonces empezó a algo muy difícil para mí porque esos 14 editores, más el de México, me preguntaban todos los días cuándo iba a estar la segunda novela y yo todavía ni la había empezado, para esa segunda novela gané una beca de la Fundación Ford y estuve un año en la Universidad de Iowa y escribí la novela `Obsesivos de Circulares', que yo digo que era mi novela imposible, porque tenía una presión brutal para que la terminara y yo no sabía qué escribir.
"Después empecé a escribir novelas de mis amigos de generación, que son una parte de mi autobiografía, y así surgió `La Princesa del Palacio de Hierro', luego hice una que se llama `Fantasmas Aztecas', sobre la excavación del templo mayor en la Ciudad de México, y así siguieron hasta la que vamos a presentar aquí, que se llama `El Tango del Desasosiego' y que es mi novela número 22".
Usted es un escritor prolífico que maneja distintas historias en su obra, -¿cómo encuentra los temas para desarrollar sus novelas?- "¿Te parece que soy prolífico? Si escribo una novela cada 5 años (risas).
"Yo pienso que uno no escoge los temas, sino que los temas te escogen a ti. Uno es como un instrumento de una escritura, yo puedo estar dos años sin hacer absolutamente nada y de pronto el tema me toca y empiezo a escribir.
"Además en todos los libros hay una parte autobiográfica, por ejemplo en mi última novela la historia es de un profesor de literatura francesa que tiene una relación amorosa que fracasa, entonces la quiere contar y acude a un tutor literario. Y ese tutor sí puedo ser yo, entonces todas mis ideas literarias están puestas en esa crítica que el asesor le hace al profesor".