De Georgia con amor
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¿Guerra, niños, Saltillo, piñatas, arte, mariachi, paz? Sigue leyendo.
Retrocedamos el tiempo a cuando tus papás y abuelitos eran chavitos y en lugar de pasar horas y horas en el XBox o en el Messenger, salían a jugar a la rayuela o lotería. En esa época, después de 1947 y hasta finales de 1991, existía un gran problema internacional: la Guerra Fría.
Rusia y Estados Unidos eran los que se estaban peleando. Se le llama Guerra Fría, no porque fuera en invierno o porque se pelearan por una paleta de hielo, sino porque ninguno de los países agredía militarmente. pero para que me entiendas, se la pasaban como niños chiquitos o como comadres peleoneras: "Mi nave espacial es más grande que la tuya", "Mi mami me quiere más" o "Mi esposo sí me compra mandado", cosas igual de absurdas. El único inconveniente era que si cualquiera de los dos decidía atacar, podría destruir al planeta.
Ahora regresemos al 31 de agosto de 2008. Hace algunos días a Rusia se le ocurrió comenzar "despistadamente" (según ellos) a invadir Georgia, un país del Cáucaso que ha sufrido muchísimo por las guerras. Claro que no se iban a quedar como si nada. y ese fue el problema, resultado: una nueva guerra. Pero como nunca faltan los metiches, Estados Unidos quiso hacerla de héroe y el mismo Bush les dijo que le pararan. Le hicieron caso y por lo pronto Rusia y Georgia tienen un tratado de paz. Todo ya está sereno moreno.
¿Pero, esto qué tiene en relación con un grupo de niños y niñas que visitó Saltillo? Ellos no vinieron precisamente de vacaciones, sino a traernos un mensaje de armonía y respeto, para compartir la belleza de su cultura y aprender de la mexicana.
Cambian sables por piñata
Tarde mexicana. Las acrobacias y saltos mortales de los pequeños grandes artistas, no fueron en esta ocasión para presentar su coreografía, sino para romper la piñata. ¿Qué mejor bienvenida que una fi esta mexicana y carnaval para los artistas? Entre los acordes del mariachi y la magia de una kermés, los disciplinados niños hicieron a un lado el cúmulo de obligaciones que implica formar parte del importante ballet folklórico, para sumergirse en la alegría que distingue a México.
Horas antes de su presentación, el ballet de Los Niños Virtuosos del Cáucaso recibió una calurosa bienvenida de parte del Instituto Coahuilense de Cultura. Las notas de nacarina y el tambor, instrumentos que acompañan en el escenario a los virtuosos, fueron sustituidos por los estridentes sonidos de guitarras, trompetas y el canto de un mariachi que transmitió a los niños la pasión de llevar a "México en la Piel".
El cielo poco a poco se fue tapizando con las delicias de nubes de algodón de azúcar, los dulces que volaron de la piñata, una lluvia de confeti y las serpentinas de colores que ondearon complementando el colorido del ambiente. Los rostros de asombro de los niños al presenciar la elaboración del postre esponjoso, se convirtieron en caritas manchadas del dulce, haciendo fi la para saciar el antojo por la tradicional golosina que les ofrecieron los organizadores.
Las alturas se vistieron multicolores y de los balcones surgieron estrellas a plena luz del día. Las piñatas ofrecieron un cosmos que se mantuvo en vilo sólo por algunos instantes, porque los golpes de los chiquitos pero picosos georgianos, descalabraron la belleza de las artesanías típicas de México para dar paso a suculentas cascadas de dulces.
La salsa y el guacamole tentaron los paladares de unos pocos valientes, que pronto se extinguieron luego de los gritos y las caras rojas como tomates de los primeros aventureros que probaron los manjares mexicanos. El platillo principal pasó a segundo término, porque a la primera descuidada de sus coordinadores, las bolsas de los bolos dieron rienda suelta a la glotonería de los esbeltos bailarines.