Oso Teddy, un juguete centenario

Circulo de Oro 2021
/ 10 agosto 2009

    Pocos saben es que los osos de peluche, conocidos en como Teddy Bear, obtuvieron ese nombre por el ex presidente de Estados Unidos Theodore Roosevelt, cuyo apodo cariñoso era Teddy.

    México, D.F..- Libres en la naturaleza, los osos son salvajes y hasta violentos, pero sus réplicas hechas en tela, incluyendo aquella que asemeja el pelo de estas criaturas, son sinónimo de protección, especialmente para los niños.

    Pero lo que pocos saben es que los osos de peluche, conocidos en como Teddy Bear, obtuvieron ese nombre por el ex presidente de Estados Unidos Theodore Roosevelt, cuyo apodo cariñoso era Teddy.

    La relación surgió de una caricatura realizada por el dibujante Clifford Berryman y publicada en The New York Times, inspirada en un hecho real: Roosevelt se negó a disparar a un osezno cuando salió de cacería con el entonces gobernador de Mississippi, Andrew H. Longino, en 1902. La invitación tenía tintes políticos: negociar los límites de la frontera entre Mississippi y Louisiana.

    Este cartón inspiró a Morris y Rose Michton, en Nueva York, a crear un oso en homenaje a la acción del presidente, llamándolo Teddy Bear.

    El juguete, de aspecto tierno e inocente, fue colocado en el aparador de su tienda de dulces, pero la demanda del público fue tal, que comenzó a comercializarse de manera masiva con la firma Butler Brothers, con la que luego fundaron la primera productora de osos de peluche, llamada Ideal Novelty and Toy Company.

    Curiosamente, en el mismo año que los Michton comenzaron a fabricar estos animales de peluche en Estados Unidos, en Alemania la familia Steiff hacía lo propio.

    Margarete Steiff fue una costurera que, desde su silla de ruedas a causa de la poliomielitis, diseñó un amplio catálogo de réplicas de animales, convirtiéndose en una renombrada productora de juguetes.

    En 1902, su sobrino Richard, quien estudiaba arte, le dio unos bocetos para crear cachorros de oso en peluche.

    Este objeto fue presentado en marzo del año siguiente en la Feria del Juguete de Leipzig, y aunque los europeos no mostraron mucho interés, en Estados Unidos solicitaron que les enviaran tres mil piezas, a causa de la fiebre despertada por Roosevelt, que continuó hasta 2006, cuando tomó al animal como símbolo para su campaña de reelección.

    Con el tiempo, la marca Steiff se convirtió en la compañía productora de osos de peluche por excelencia, y sus creaciones alcanzan precios altos en las subastas de antigüedades.

    En años recientes estos osos se han convertido en objetos del deseo para muchos coleccionistas.

    Los aficionados son llamados arctofilos, que viene de las palabras griegas arctos, que significa oso, y filos, que se refiere al gusto.

    Hasta hace un par de años, la casa de subastas Christie's tenía una subasta especial de osos de peluche, que se realizaba en diciembre, entre los que se encontraban algunos de los primeros ejemplares de la casa Steiff, y que fueron vendidos hasta por 176 mil dólares.

    Numerosos sicólogos alrededor del mundo han aprovechado el significado protector de los osos de peluche en sus terapias.

    Estos animales simbolizan la inocencia infantil y recuerdan la necesidad de ser protegidos por otros, explica la sicóloga Cristina Olguín.

    "Los osos de peluche evocan a la persona que nos lo haya regalado y eso representa la felicidad de que somos queridos. Generalmente son recibidos en ocasiones especiales, por lo cual también atesoran un recuerdo. Es así que, cada vez que abrazamos a uno de ellos, un torrente de emociones agradables nos invaden y nos dan calma en situaciones difíciles", dice.

    Todos han tenido un oso de peluche en alguna etapa de su vida. Incluso algunos duermen con ellos cada noche y, si éste falta, no logran conciliar el sueño.

    Así que no sienta pena cuando abrace al oso de peluche que conserva desde su infancia. Deje que los recuerdos de momentos felices llenen su corazón.

    Excélsior es el segundo periódico más antiguo de la Ciudad de México, después de El Universal. Fue fundado por Rafael Alducin y su primer número circuló el 18 de marzo de 1917.

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