El reto de vivir en silencio
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Las innovaciones tecnológicas para insonorizar coches y hogares nos protegen del ruido; hábitos saludables pueden ayudar a protegerse del constante y molesto bullicio
Madrid. No es ninguna tontería el dicho "huir del mundanal ruido". Algunos han visto en ello un negocio en auge. Cada vez son más frecuentes las ofertas vacacionales, cursos de yoga o meditación que venden precisamente silencio y tranquilidad, lejos de bullicio de las urbes.
Ya existe un club de hoteles silenciosos, Relais du Silence. La idea nació en Francia en 1968, y cuenta con más de 200 socios por toda Europa. ¿Su filosofía? Ofrecer tranquilidad y sosiego. Nada de fiestas bulliciosas ni música hasta las tantas. Los hoteles de este club venden descanso, así de sencillo.
También actividades como el yoga o la meditación ofrecen ese remanso de paz en medio de la urbe. Una solución para huir de los ruidos de la ciudad sin salir de ella.
Es que hay una contaminación en el aire que no se ve ni huele, pero sí tiene efectos sobre la salud. Es el ruido. Los ciudadanos viven rodeados de sonidos, unas veces agradables, pero otras no tanto. Los coches, el metro, la ambulancia que pasa o la música del bar de abajo influyen en la calidad de vida de las personas tanto que, en exceso, provocan, entre otros efectos, estrés, insomnio, aumentan la tensión arterial y aceleran la pérdida de audición. Los problemas físicos y psicológicos derivados de una exposición continua a un nivel de ruido elevado y continuo son algo más que meras molestias, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Es una amenaza para la salud de las personas, es la segunda causa de enfermedad por motivos medioambientales, por detrás de la polución atmosférica, según la organización.
Uno de cada tres ciudadanos occidentales, según la OMS, afirma sufrir trastornos de salud ligados al ruido diurno. Más aún, uno de cada cinco dice tener dificultades para dormir a causa del tráfico. El transporte, los coches, aviones y ferrocarriles, son las principales fuentes de sonidos nocivos en las ciudades, según el estudio Ruido y Salud. Los bares y locales de ocio nocturno concentran, sin embargo, el grueso de las quejas ciudadanas, un 35%.
La hora de actuar
La resignación no es la respuesta. La contaminación acústica es un problema grave, sobre todo cuando se cuela en casa, en el sueño y la tranquilidad de las personas. Cuando la perturbación excede los límites permitidos, deja de ser una cuestión de respeto y convivencia -aquello de no molestar al vecino en las horas de siesta- y entra en el terreno de la legalidad. La Plataforma Estatal contra el Ruido tiene disponible en su página web una guía práctica para afectados en la que explican los pasos a seguir.
"El descanso es un derecho", recuerda Antonio García, abogado especializado en combatir el ruido en los juzgados, raro ¿no? En los casos en los que el conflicto es entre un negocio (un local de ocio, una fábrica, un comercio) y una comunidad de vecinos, los primeros apelan a su "derecho a la libre empresa", explica García. "Pero los jueces suelen anteponer el derecho al descanso, la intimidad y la inviolabilidad de la vivienda", añade. Los problemas que observa en sus clientes, la desesperación y las ojeras, han impulsado a este abogado a iniciar una guerra contra la invisibilidad de la música machacona de la discoteca que se mete en la cama de los vecinos o el estruendo continuo del tráfico en la calle.
Por eso, García creó un Observatorio del Ruido. Los afectados pueden situar en el mapa su problema. Tras las comp-robaciones para corroborar que la queja es fundada, se coloca una chincheta virtual en el punto negro de contaminación acústica. El objetivo es crear un mapa del ruido que visibilice lo que no que no se puede ver, pero sí escuchar. "Falta sensibilización y educación", afirma García. En su opinión, es importante que las personas, sufran o no este problema, tomen conciencia de su importancia.
En España, por ejemplo, además de las iniciativas particulares los municipios de más de cien mil habitantes deben realizar, por ley, mapas del ruido. Algunos ayuntamientos se resisten todavía a realizarlos, lo aplazan o demoran, o simplemente no le dan importancia. Sólo 19 ciudades han enviado su mapa estratégico del ruido, pese a que la fecha tope para hacerlo era junio de 2012. Grandes ciudades como Madrid, Barcelona o Alicante no han presentado aún el estudio. Lo que en definitiva impide tomar medidas. No hay problema, no hay solución. Pero las hay. Es posible atajar el problema del ruido por difícil que parezca. La innovación tecnológica y la voluntad son las respuestas.
Medidas
Sea cual sea la fuente de ruido en las ciudades, se puede reducir si existe una planificación urbanística adecuada. Así lo cree el abogado Antonio García. "La previsión es fundamental para que no surja el problema y luego tener que solucionarlo", dice. El experto en problemas con el ruido cree que un primer paso es no construir cerca de grandes vías de circulación. En ese caso, también la construcción con materiales que absorban las ondas sonoras, con paredes y ventanas gruesas, pueden evitar muchas molestias.
Además del tráfico rodado o aéreo, los bares y las discotecas, son grandes generadores de conflictos por el ruido que generan. También la planificación puede evitar el problema. "Basta con que los ayuntamientos no den licencia a muchos locales de ocio en una misma calle, como suele ocurrir", explica García.
En carretera
El tráfico rodado es una de las principales fuentes de ruido. Pero reducir el impacto es posible.
El asfalto poroso reduce entre un 10 y 20% el ruido por rodadura de los vehículos.
Motores menos sonoros: pese al gran avance de la tecnología eléctrica, la mayoría del parque móvil sigue siendo de motores convencionales. Por eso, también se trabaja y existe normativa para que emitan menos decibelios.
La instalación de pantallas acústicas (vegetales y convencionales) en las grandes vías disminuye el ruido que llega a las viviendas colindantes.
Los conductorestambién pueden, con una actitud sosegada, contribuir a reducir el impacto sonoro. Tocar la bocina solo cuando sea necesario y evitar los frenazos y aceleraciones bruscas, son algunas pautas sencillas que mejoran la armonía acústica en carretera.
En el trabajo
Según un estudio del Instituto de salud Carlos III de Madrid, hay un "alto nivel de evidencia en la relación entre exposición a ruido y la disminución del rendimiento o alteración de la productividad, aparición de fatiga y cambios en la memoria tanto a corto como largo plazo.
Los consejos para reducir el ruido en la oficina son:
Colocar el CPU de las computadoras debajo del escritorio.
Instalar impresoras, faxes o trituradora de papel en estancias separadas del espacio en el que se trabaja.
Evitar conversaciones continuas entre compañeros y reservarlas a las zonas de descanso.
Disminuir el número de personas en los espacios comunes e instalar mamparas separadoras.
Poner objetos que absorben el sonido como, por ejemplo, plantas.
Disminuir el volumen de los timbres de los teléfonos, tanto fijos como móviles.
Colocar cortinas: reducen el ruido que procede del exterior de la oficina.
Si los ruidos molestos provienen del edificio mismo lo ideal es instalar placas de yeso a modo de cielo raso o revestir con ellas las paredes.
Dieta del ruido en casa
El ruido no es sólo cosa de otros. Las personas también somos fuente de contaminación acústica, casi siempre involuntariamente. ¿Cuántas veces se ha despertado por el tintineo de la "canica" que todo vecino de arriba deja caer en la noche? ¿Cuánto cree que pesan sus muebles a tenor del ruido que hacen cuando los mueven? Piense que estas preguntas se las puede hacer el amigo de la puerta de al lado.
El estudio Ruido y Salud, presentado el pasado 14 de mayo, sugiere una dieta silenciosa para protegernos y proteger a los demás de nuestro ruido. Este régimen de ruido ha sido elaborado con los consejos de expertos del departamento del Instituto de Acústica de Madrid, el Centre d'information et Documentation sur le bruit y del Gobierno de Aragón, autor de `"El Ruido ¿Sólo una Molestia?". Estas son algunas de esas pautas:
Prestar atención a los ruidos que hacemos y respetar el derecho de los vecinos al silencio y a la tranquilidad.
Utilizar el equipo de música, radio, TV, a un volumen adecuado y en horarios que no resulten molestos para los vecinos.
Limitar el volumen de nuestro reproductor personal de música y el tiempo diario de uso para protegernos de la pérdida de audición.
Evitar los lugares de ocio ruidosos: conciertos amplificados a gran volumen, acontecimientos deportivos, o culturales multitudinarios generadores de ruido.
Proteger adecuadamente nuestra audición si tenemos que ir necesariamente a algún lugar público con alto nivel sonoro.
Solicitar que bajen el volumen de la música cuando la consideremos elevada en lugares públicos: bares, restaurantes, cines, gimnasios o transportes.
Desplazarnos siempre que podamos a pie, en bicicleta o en transporte público colectivo: generan menos ruido global.
No utilizar el claxon de su coche salvo en caso de inminente peligro.
Practicar la conducción eficiente e inteligente y mantener adecuadamente el coche.
No elevar la voz al comunicarnos.
No practicar conductas ruidosas ni ruidos innecesarios en casa, especialmente en horarios nocturnos.
Evitar andar con tacones o zapatos de suela dura en casa.
Comprar electrodomésticos silenciosos: leer sus etiquetas energéticas y elegir los de menor nivel de ruido.
Poner tapas de fieltro en las patas de los muebles.
No dar portazos ni golpes en suelo y paredes.
Bajar y subir las escaleras o en el ascensor sin elevar la voz.
Evitar el uso de electrodomésticos ruidosos (lavadoras, lavavajillas y sobre todo aspiradora) en horarios sensibles o de descanso.
Practicar instrumentos musicales en habitaciones con aislamiento acústico y a horas adecuadas.
Una sugerencia que puedes probar: apagar el televisor durante las comidas y, en su lugar, mantener una conversación tranquila.
Si tenemos perro, enseñarle a no ladrar en la vivienda.
No perturbar el descanso de otros vecinos cuando salgamos a divertirnos, comportándonos de manera cívica y evitando producir ruidos innecesarios. Si vamos a hacer una fiesta, comunicarlo a los vecinos (o invitarles).
El ruido sí afecta
Efectos físicos: Erica Flieg, logopeda y audióloga, creadora del portal www.oiryhablar.com, lo tiene claro. "El ruido hace un daño de manera silenciosa, muy lentamente y sin darnos cuenta", dice. Pero las consecuencias están probadas: desde la pérdida de audición, hasta otro tipo de dolencias como acúfenos, esos pitidos que aparecen en el interior del oído por alteración del nervio auditivo, llegando a causar en la persona que los sufre de manera crónica, ansiedad y cambios de carácter.
"Los oídos tienen unas células, unos pelillos, que se dañan con el ruido. Y no se regeneran", alerta Flieg. A veces, se estropean por la exposición a un ruido corto pero muy intenso, como una explosión, explica la experta. Pero normalmente el daño es gradual, al soportar niveles de sonidos elevados, no insoportables, pero sí constantes.
Fleig alerta de algunas malas costumbres como subir demasiado el volumen cuando se llevan auriculares.
La audióloga recomienda además el uso de tapones cuando se vaya a estar expuesto a ruidos, por ejemplo, en ciertos trabajos o en los viajes en avión .
Efectos psicológicos. El psicólogo ambiental y profesor en la Universidad de Barcelona, Sergi Valera, advierte que, además de las auditivas, el ruido provoca "otras alteraciones que tienen que ver con la reacción de nuestro cuerpo ante el estrés que genera el ruido: úlceras gástricas, aumento de la presión sanguínea o alteraciones endocrinas".
Pero no todos los sonidos, por altos que sean, son molestos, explica el experto. "La definición de ruido es psicológica: es un sonido no deseado. Por lo tanto, ruidos de baja intensidad, que no provoquen efectos fisiológicos, pero percibidos como altamente molestos, pueden desencadenar respuestas de estrés. Cuantas veces no hemos podido dormir bien por tener un mosquito en la habitación con su insidioso zumbido, por ejemplo", detalla Valera.
Así, las alteraciones psicológicas se derivan de esta sensación de molestia que provocan determinados sonidos y que distorsionan nuestra actividad habitual. "Nos centramos en analizar el ruido, evaluar su grado de amenaza, la fuente donde se origina o qué podemos hacer para detenerlo o mitigarlo. Ello supone un desgaste psicológico y una fatiga mental importante", dice el psicólogo. Esto conlleva a una mayor irritabilidad, pérdida de concentración, dificultades de relación social y frustración.
Estos efectos se producen, sobre todo, cuando no se puede controlar el ruido. Como el de la discoteca, los vecinos o el tráfico. (c EL PAIS, SL. Todos los derechos reservados)