Día del niño: Crear niños literarios, un arte para mayores

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Circulo de Oro 2021
/ 30 abril 2011

Los escritores que han conseguido recrear voces infantiles logradas no abundan ni los que han tenido éxito entre el exigente gusto infantil. Estos retos no son juegos de niños.

México, D.F..- Volver al país de la niñez es siempre una tentación para los narradores mexicanos. Aunque existen las sentencias de que "infancia es destino" y también que "todos llevamos a un niño dentro", es una tarea titánica delinear a personajes niños y más aún que queden en la memoria de los lectores, que sean emblemáticos y recordables.

Ver con los ojos del niño que fueron o recrear una historia con protagonista o con narrador niño o preadolescente, no es nada sencillo; sin embargo, hay escritores mexicanos que han emprendido esa tarea y han dejado para la posteridad a infantes memorables; niños que lo mismo hablan de los ídolos paternos y los descubrimientos del primer amor, que recrean las turbaciones, los misterios y los placeres de esa etapa de la vida.

Si Bárbara Jacobs tiene un narrador niño en su novela "Las hojas muertas", personaje que en el otoño de su vida regresa a su infancia para contar la historia de su padre desde la mirada del niño que fue, José Emilio Pacheco dejó en "Carlitos", el protagonista de "Las batallas en el desierto", la aventura de descubrir el amor a través de la mamá de su mejor amigo y a "Jorge", el narrador del cuento/diario "El principio del placer", cuyo tema también es el descubrimiento del amor, del mismo Pacheco.

También Carmen Boullosa hizo lo propio en "Antes", una novela donde emprende un viaje literario en busca de esa infancia que han llamado la "tierra primordial del escritor"; o el despertar erótico de las colegialas que viven la ciudad de México de los 70 y que protagonizan "La lucha con la pantera", de José de la Colina.

En medio de batallas colegiales, de reconocimientos de la identidad, de figuras paternas fuertes o de madres divorciadas, cargado de despertar sexual, con jovencitas que aún juegas a las muñecas o niños que viven la Revolución Mexicana; con novelas que se desarrollan en la colonia Roma o que cruzan el Paseo de la Reforma, entre automóviles Opel, Valiant y Ford Galaxy, con frases como "agarra tu patín", "no te azotes" o "chale, qué gacho", los niños y preadolescentes son protagonistas de la literatura mexicana contemporánea.

Trazos infantiles

La tarea de delinear personajes niños en la literatura no es cosa sencilla, lo saben bien los escritores que han emprendido esa tarea y aquellos que se dedican a escribirles a los niños. Tienen algo claro, que tampoco hay recetas para poner a hablar a los protagonistas infantiles.

Ante esas situaciones, abundan los riesgos: que al hacer hablar a los niños los autores caigan en el error de hacerlos ver como tontos o subnormales y en el otro extremo del peligro, mostrarlos en diálogos como adultos chiquitos.

Juan Villoro, escritor que lo mismo se dirige al público infantil que a los lectores adultos, asegura que para delinear a personajes niños el autor debe ponerse en esa piel.

"Escribir es imaginarse en un destino ajeno. Aunque todos hemos sido niños, no siempre es fácil recuperar esa edad: hay que sacudir todas las taras de la edad adulta", explica Villoro.

Él ha conquistado a lectores de todas las edades con niños aventureros como el protagonista de "El libro salvaje" o a través de las miradas infantiles que están en sus novelas "La noche navegable" y "Materia dispuesta".

Villoro Sabe bien que "la mente infantil es muy barroca y exagerada pero al mismo tiempo es muy lógica. Lograr historias que cumplan con esos requisitos no es fácil".

Por su parte, Mónica Brozon, la autora que se ha convertido en la especialista de darle voz a los niños que andan entre los once y los doce años, dice que los escritores deben crear personajes interesantes y complejos.

"Hay que hacer narradores simpáticos, entretenidos, hay que decirles verdades, hay que hablarles de la visión que tenemos del mundo pero en ese nivel que complazca también a nuestro niño interior o nuestro adulto interior", señala la autora de una celebrada trilogía de libros de aventuras denominada "J. J. Sánchez".

Brozon señala que muchos autores, sobre todo autores nuevos, caen en el error de creer que escribir sobre niños es más como aterrizar en un estado mental menor y usar diminutivos, pero ella dice que no es así y que en realidad es mucho más complejo que eso.

"Creo que para lograr personajes, narradores, situaciones auténticas tienes que ser tu mismo auténtico, tienes que saber de qué estás hablando, tienes que aprovechar cualquier oportunidad para hablar con niños, para saber qué les gusta, para indagar", señala Brozon.

Y confirma esa sentencia Héctor Anaya, escritor y promotor de la literatura, quien dice que "nuestra literatura propiamente mexicana se inicia con "El periquillo Sarniento", de José Joaquín Fernández de Lizardi, en el que hace su aparición un niño".

Anaya reconoce que los lectores no solemos tener mucha conciencia de los niños en las novelas mexicanas, aunque pensándoles hay obras fundamentales como "Un niño en la Revolución Mexicana", de Andrés Iduarte, y "Cartucho", de Nellie Campobello.

Niños a la mexicana

Juan Villoro dice que hay novelas mexicanas emblemáticas protagonizadas por niños, como "Las batallas en el desierto", "El viento distante" y "El principio del placer", de José Emilio Pacheco; "Antes", de Carmen Boullosa y "Las hojas muertas", de Bárbara Jacobs; pero también novelas menos conocidas, como "El solitario Atlántico", de Jorge López Páez, y "El sol", de Emilio Carballido.

Centrar las historias es una voz infantil no es tarea nada sencilla, pero hay experiencias narrativas con una prosa fresca y maliciosa, no exenta de deseo y erotismo; son historias que no rehúyen el humor ni la inocencia, a veces cierto dramatismo, una libertad de imaginación.

Héctor Anaya explica que sin duda la novela mexicana más importante en la que aparecen niños es Las batallas en el desierto, de Pacheco y, por supuesto, la más leída.

Igual que Juan Villoro, quien recuerda el cuento "La lucha con la pantera", de José de la Colina, Héctor Anaya celebra varios cuentos protagonizados por niños como "Mi única mentira" de Andrés Delgado, en la que hay un niño atormentado porque su padre le pidió que ahogara a un ratón que ha caído en una trampa.

"Juan Tovar escribió un cuento que convierte a una cucaracha en su enemigo y la busca hasta que la mata. Sergio Pitol también tiene un cuento en el que habla del abuelo y donde hace este tipo de referencia de un niño. Está también la presencia del niño en "La estatua de sal", de Salvador Novo, que es una obra autobiográfica o qué decir de "La historia de un peso falso", un cuento de Manuel Gutiérrez Nájera en el que aparece un niño voceador llamado "El inglés", rememora Anaya.

Los niños para niños

Los niños son los protagonistas principales de los libros infantiles y como tal son materia de escritores que se han encontrado una gran veta en esas historias infantiles, pero nunca sencilla. Juan Villoro dice que es muy difícil delinear a los personajes porque los niños son lectores muy exigentes, que no leen por esnobismo ni por moda ni por pose.

"Lo importante es que el escritor cuente lo que quiere decirle al niño, no lo que cree que debe decirle. El afán pedagógico y las simplificaciones excesivas son dos grandes vicios de la mala literatura infantil", dice Villoro y recuerda que entre los escritores que han creado niños memorables para ese público están todos los personajes de Francisco Hinojosa, "Bef" o "Vivian Mansour".

Juan Villoro comenta además que es muy importante que haya niños en esos libros para que los lectores sientan que alguien los representa en la página y recordó que algunas de las obras memorables son "Familias familiares" y "El enmascarado de lata", de Vivian Mansour, "Léperas contra mocosos", Amadís de Anís y "Una semana en Lugano", de Francisco Hinojosa.

Mónica Brozon por su parte, señala que los niños tienen una inteligencia virgen, que ellos son capaces de ir absorbiendo todo y todo lo van cuestionando, no van a creerse una narración o un narrador que les habla como un niño tonto o subnormal. "Por eso es importante sondear entre los niños qué les gusta y qué no, qué les interesa, de qué les podemos hablar, cuáles son sus preocupaciones, cuáles son sus miedos", dice Brozon, quien sabe que escribir para los pequeños o recrear voces infantiles no es un juego de niños.

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