Tintes para el cabello ¿en el salón el súper?
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La llegada de la telenovela "Rebelde" a los canales de televisión, en 2005, redujo el promedio de edad para la aplicación del primer tinte de los 25 a los 15 años, lo que provocó un aumento de casi 150 por ciento en las ventas de colorantes para el cabello en los últimos dos años. Sin embargo, ésta no es la única causa de que el mercado vaya en ascenso.
La cultura de la imagen, el querer parecernos a tal o cual persona, o simple y sencillamente el buscar tapar las canas, han mantenido este segmento en un crecimiento constante.
La Cámara Nacional de la Industria de Perfumería, Cosmética y Artículos de Tocador e Higiene revela que anualmente se venden en América Latina 8 mil 700 millones de dólares en productos de cuidado para el cabello; 20 por ciento de estas ventas corresponde a tintes. En el mercado mexicano se pueden encontrar ocho grandes marcas, más de la mitad pertenecen a Loreal que ve en Wella y Koleston, Revlon y Majirel a sus cercanos competidores.
"Nosotros hicimos una iniciativa para entrar al mercado de los colorantes lanzando un tinte con nuestra marca Sedal, pero a pesar de que tuvimos muy buena aceptación en el mercado, la competencia tiene portafolios de marcas y productos que nosotros no tenemos. La verdad es que no pudimos mantener una situación competitiva, la gente es muy fiel a determinadas marcas", admite Alfil Vivian, vicepresidente de Mercadotecnia de Unilever México.
Un lema dice que cuando crecemos, el alma no envejece, lo que se arruga es el cuero. A esto habría que añadir que el cabello también se vuelve blanco. Por eso en el país más de 16 millones de hombres y mujeres recurren anualmente a los tintes de cabello, ya sea para cambiar o para ocultar esas indiscretas canas que delatan la edad.
La industria ha evolucionado y ahora el mercado no se ocupa únicamente de cubrir las canas sino también de cambiar el color natural de nuestro cabello para vernos más jóvenes, definir el color de nuestra piel o dar luz a nuestra cara. El objetivo del tinte es cambiar un tono de cabello por otro color o simplemente definir mejor el color que tiene cada cabello: existen 12 colores básicos, estos colores cambian constantemente en el mercado (normalmente cada mes salen nuevos colores y se descontinúan otros).
Blanca Margarita Contreras, maestra de la Universidad La Salle y química cosmetóloga, explica que actualmente podemos encontrar en el mercado tres tipos de tintes semipermanentes, temporales y los permanentes. Pero cuando surge la pregunta sobre qué es más conveniente: aplicárselos uno mismo o ir a un salón de belleza, vienen a colación una serie de ventajas y desventajas que tienen ambas opciones y se deben tomar en cuenta. La primera respuesta de Contreras es que los tres pueden aplicarse directamente por el consumidor, todo depende de sus necesidades: el temporal puede durar de dos a seis lavadas, el semipermanente 12 lavadas y el permanente de 20 a 30. No sólo es el precio Otra de las diferencias radica en los componentes. "Los temporales no tienen amoniaco, los semipermanentes hay unos que no tienen amoniaco ni agua oxigenada y los permanentes tienen amoniaco y agua oxigenada, lo que los hace más agresivos porque el amoniaco reblandece la keratina (una proteína natural del cabello) para que el tinte se fije al cuero cabelludo", explica.
"El daño depende del tinte que uses pero también tiene mucho que ver cómo lo uses, por eso es preferible que vayas con un experto. Muchas veces el daño se da mientras te lo aplicas, quienes no tienen experiencia en esto, o las chavas que se ponen un tinte por primera vez, no respetan el tiempo de pose y un tinte mal aplicado daña tu cuero cabelludo y te puede ocasionar resequedad o si se chorrea te puede pigmentar la piel", advierte Daniel Hernández, estilista de la cadena modas Hair Estéticas.
Una de las ventajas que ambos reconocen en los tintes de caja es que están a la mano a toda hora y para aplicarlo no se necesita hacer cita ni trasladarse de un lugar a otro, pues se puede hacer en casa, en un momento en que la persona esté libre, pero si lo que se busca es cambiar su color de cabello para verse como algún personaje que sea objeto de su admiración, lo mejor es ir a una estética.
"Prefiero ir al salón porque te dan garantía de que el cabello se te vea más parecido o igual al del modelo", dice Patricia, una asistente de tesorería de Grupo Autofín que de vez en cuando recurre a los tintes para cambiar su imagen. Contreras deja en claro que cambiar el color del cabello, independiente de dónde se haga o qué tinte se use, puede tener también sus riesgos.
Por ello, desde hace más de dos décadas la Secretaría de Salud ha tomado medidas para proteger al consumidor y pidió a los fabricantes que incluyan en sus empaques la descripción del producto y lo que contiene, así como leyendas protectoras en el sentido de que pueden causar irritación y ceguera si se aplica en cejas y pestañas, así como la prohibición de su venta a granel. Si el fabricante pone estas medidas precautorias y el cliente no las sigue, cualquier efecto secundario es responsabilidad del usuario. "En salones de belleza se puede hacer la prueba de irritación y si se aplica en casa no se debe dejar de lado que (el tinte) sí puede causar ceguera porque lleva agua oxigenada y amoniáco", advirtió.
Como consumidor, Patricia ha escuchado de estos riesgos, pero afirma que hasta ahora, que ella sepa, nunca se ha culpado a un tinte por una pérdida humana, "se ha usado por muchas generaciones pero nadie ha comprobado nada". Por tanto, asegura que mientras nadie le confirme los riesgos que puede tener un tinte mal aplicado, seguirá pintando su cabello en tonos castaño claro porque considera que se le ve mejor que su natural castaño oscuro.
"Yo tengo 17 años consecutivos tiñendo mi cabello de muchos colores, desde oscuros hasta extra rubios, y lo único que he visto al paso del tiempo es que el cabello se maltrata muchísimo, se quema y se parte en cachitos, incluso usando los tratamientos más caros del mercado", puntualiza. Otra cuestión a la hora de comparar es el precio, pues mientras un tinte de caja tiene precios que fluctúan entre 45 y 130 pesos (aquellos que incluyen material para luces y reflejos), en el salón de belleza la aplicación de un tinte va de los 200 hasta más de mil pesos, si se requiere algún efecto como listones o mechones, esto sin contar el tiempo que tardará la aplicación. En casa o con un profesional, "Sé que resulta más caro, pero vale la pena, porque el trabajo de salón está garantizado si no te gusta, el trabajo está garantizado y se puede quitar el tinte, pero si te lo haces en casa y no te gusta pues o te aguantas, terminas por ir al salón de belleza o a pintártelo de nuevo, con el riesgo de que te quede manchado", dice el estilista.
Una recomendación que hace la académica de La Salle es que cuando se va a aplicar un tinte por primera vez es preferible hacerlo con un experto para aclarar dudas, preguntarle cuáles son los ingredientes, las marcas y tener una atención oportuna en caso de una reacción alérgica.
Por otro lado, las irritaciones en el cuero cabelludo pueden causar alopecia, una enfermedad parecida a la tiña y que deja al afectado calvo en algunas partes de la cabeza. Hay adolescentes que se aplican merteolate en el cabello para hacerse rayos rosas, pero al ser un atiséptico, endurece la keratina y pueden tener costras continuas y bastante pronunciadas. "La diferencia entre unos y otros es la concentración de activos, peróxido de hidrógeno o agua oxigenada. Está restringido, no puede ser más de 6 por ciento, y en concentraciones profesionales va de 9 a 18 por ciento, pero normalmente las compañías tienen cursos de capacitación para los estilistas que usan sus productos y aquí aprenden bien a manejar esas situaciones", explicó la académica.
En el mercado también existen los tintes naturales y los de agua, que no contienen amoniáco. Aunque ambos sólo son una opción para tapar las canas y no para cambiar el color del cabello.
Los naturales son los que se derivan de plantas como la manzanilla para tonos rubios y cafés; de henna para tonos rojizos y organogal para los colores negros. Los de agua, no llevan amoniáco ni agua oxigenada, un ejemplo es el cubrecanas Grecian 2000 que oscurece las canas, pero debe retocarse en un máximo de 16 lavadas. A manera de conclusión, la química cosmetóloga afirma que un tinte es igual de riesgoso tanto en un salón de belleza como en casa, la diferencia es que en la estética puede avisar oportunamente en caso de una molestía. "Hay que ser muy conscientes de la manera en que se cuida el cuero cabelludo, en particular porque en el afán de vernos guapos agredimos al cuero cabelludo sin pensar, debemos buscar productos que nos hagan el menor daño posible", acota.
Aplicarse un tinte no es cualquier cosa, no hay que olvidar que a principios del siglo pasado eran los boticario quienes vendían los ingredientes para prepararlos. Las fórmulas eran demasiado tóxicas y provocaban hinchazón en los ojos y ampollas en la piel, ahora el riesgo es menor, pero no por ello hay que pasarlos por alto.