Opinión: Simone Biles redefine el poder femenino en el deporte

Deportes
/ 8 julio 2021

A lo largo de la historia, la gimnasia ha sido un escaparate para un determinado tipo de feminidad: premiamos a las niñas atletas que son pequeñas, bonitas y complacientes, que nos cautivan con su sonrisa y que no se quejan, mientras ganan.

Por Lindsay Crouse

A medida que nos acercamos a los Juegos Olímpicos de 2021, recuerdo con frecuencia cuando tenía 12 años y veía a las gimnastas olímpicas estadounidenses en los Juegos de Atlanta de 1996 saltar, elevarse y dar volteretas hacia la victoria. Esas chicas tenían apenas unos cuantos años más que yo, pero eran tan pequeñas. Podías ver sus músculos moverse bajo la piel.

Las miraba con asombro. Pero al pensar en ellas ahora, también me estremezco. Se hacían daño a sí mismas mientras Estados Unidos las aclamaba.

Dominique Moceanu declaró tiempo después que a menudo se limitaba a 900 calorías al día durante las competencias y participó en los Juegos Olímpicos de Atlanta con una fractura de tibia. Kerri Strug realizó su célebre salto con una torcedura de tobillo. En el podio de las medallas, las chicas se mantuvieron juntas con solemnidad, como si fueran soldados. El mensaje para las chicas como yo era claro: para ser la mejor hay que sufrir.

A lo largo de la historia, la gimnasia ha sido un escaparate para un determinado tipo de feminidad: premiamos a las niñas atletas que son pequeñas, bonitas y complacientes, que nos cautivan con su sonrisa y que no se quejan, mientras ganan. Y la gimnasia (un deporte plagado de abusos de todo tipo) ha sido un microcosmos de lo que les ocurre a las niñas extraordinarias cuando crecen: se les desecha.

Por eso me gusta imaginarme a esa niña de 12 años en su casa viendo a Simone Biles dominar la colchoneta. Biles, la actual campeona nacional de Estados Unidos y sin duda la mejor gimnasta de todos los tiempos, demuestra que, después de todo, no tiene por qué ser así.

En un deporte en el que puedes ser demasiado vieja para cuando apenas alcanzas la edad para votar, ella tiene 24 años y está en la cima de su carrera. Con ese estatus, Biles está forjando un nuevo modelo para uno de los deportes femeninos más populares de Estados Unidos, no como una preadolescente, sino como una joven atleta. No solo sigue siendo buena, sino que está mejor que nunca. Y parece que lo está disfrutando mucho.

Publica fotos de pizza en su Instagram, así como publica sus trajes de baño y sus novios. Lleva leotardos con las siglas GOAT (por “greatest of all time” o “la mejor de todos los tiempos”) en pedrería. Está desmitificando las nociones malsanas de lo que se necesita para triunfar y de cómo debe verse una campeona. Está ayudando a redefinir el poder femenino en el deporte.

 Ella les ha abierto los ojos a muchas niñas a las que se les dijo que no podían hacerlo o que no eran lo bastante buenas o que no tenían el tipo de cuerpo que se requería”, dijo su entrenadora Cecile Landi, que compitió en los Juegos Olímpicos de 1996 representando a Francia.

Biles envía un mensaje muy distinto a todo lo que hemos visto antes sobre lo que se necesita para alcanzar las cimas más preciadas de la gimnasia.

“Cuando yo era atleta, esto no era así”, me dijo Landi. “Me decían que no debía tener novio, que no debía ir a comer una galleta y cosas por el estilo. Y creo que ella le está demostrando a todo el mundo que puedes tomarte una margarita con tu familia y amigos, y también puedes seguir siendo la mejor gimnasta de todos los tiempos”.

No es de extrañar que las gimnastas hayan llegado a tales extremos para triunfar en los Juegos Olímpicos. Es uno de los eventos televisados con mayor audiencia, lo que convierte a este deporte femenino en uno de los más populares y visibles del mundo. Pero eso significa que cada cuatro años las atletas están expuestas a la televisión en horarios de máxima audiencia y a oportunidades de patrocinio, y como el deporte todavía carece de una liga profesional fuerte, a diferencia de la mayoría de los deportes dominados por los hombres, esa visibilidad fugaz es donde está la mayor parte del dinero.

Pero negarse a llegar a esos extremos ha sido una estrategia para Biles. “Al fin y al cabo, soy como tú”, me dijo hace poco, después de ganar su séptimo título mundial, un récord, en Estados Unidos. “Quiero ser lo más normal posible”. Este enfoque la ha ayudado a mantener uno de los reinados más largos de la gimnasia, además de conservar tanto su fuerza física como su relativa despreocupación por su excelencia, a pesar del intenso escrutinio público y la presión.

“Si sintiera que no puede ser normal”, reflexionó Landi, “no creo que seguiría haciéndolo”.

Esto no quiere decir que todas las gimnastas puedan prolongar su mejor momento durante tanto tiempo como lo ha hecho Biles, cuyo talento es excepcional, pero sí nos da una idea de cómo intentarlo.

Mientras veía a Biles competir este año, se me ocurrió que quizás la parte más perdurable de su legado está empezando ahora, en el equipo que está construyendo para sí misma. Esto puede ser más evidente en su apoyo a Jordan Chiles, una gimnasta de 20 años.

Chiles, quien durante la mayor parte de su carrera como gimnasta no ha sido muy bien recibida, se unió al gimnasio que los padres de Biles tienen en Texas en 2019, para entrenar con ella. Trabajaron para fortalecer tanto su confianza como sus habilidades. “Hace un tiempo, estuve a punto de abandonar este deporte, lo cual es una locura, pero no sentí que tuviera cabida en él”, me reveló Chiles. “Pero tener a alguien como Simone que te diga que sí perteneces aquí sin duda lo cambia todo”.

En los Campeonatos de Gimnasia de Estados Unidos en junio, Biles terminó su rutina en las barras y luego corrió directo hacia Chiles, que se sentía abrumada y había empezado a llorar. Tras conseguir el tercer puesto en la competencia general, Chiles subió al podio de las medallas y cambió la trayectoria de su carrera como gimnasta.

“Le decía: ‘Te mereces estar aquí. Has trabajado mucho’”, me contó Biles. “Vamos a seguir adelante y vamos a hacer exactamente lo mismo en las pruebas”.

Al final de las pruebas olímpicas, el 27 de junio, Biles y Chiles fueron seleccionadas para formar parte del equipo que acudirá a Tokio.

Biles también comenzó a alentar a gimnastas aún más jóvenes, en especial a otras chicas de color. En los campeonatos nacionales, fue mentora de Zoe Miller, de 15 años, quien también entrena en su gimnasio. Biles ató un listón blanco alrededor del moño de Miller mientras la niña veía al frente con esa mirada decidida que le resultará familiar a cualquiera que haya sido alguna vez una adolescente a punto de intentar algo de insondable dificultad.

“He pasado por este proceso, así que sé muy bien qué esperar”, dijo Biles. “Entonces, si puedo mostrarles el camino y hacer que se sientan más cómodas, tranquilas y seguras, eso es lo que voy a hacer, porque soy una veterana. Ya lo recorrí”.

Una posible alteración que llegó para quedarse en esta disciplina será la gira Gold Over America de Biles. Tras hacer a un lado a la Federación de Gimnasia de Estados Unidos para asistir a una gira presentada por Athleta, el patrocinador por el que acaba de dejar a Nike, Biles confeccionó la lista de atletas de la gira, entre las que se encuentran varias gimnastas de mayor edad que ya se graduaron de la universidad. De este modo, Biles se consolida como la principal representante de este deporte. La gira por 35 ciudades, que llegará a los estadios de todo Estados Unidos este otoño, hace hincapié en la música, el baile y la diversión.

Veo la actuación de Biles y pienso en la suerte que tienen las niñas que crecen viéndola de recibir ese mensaje: que ganar puede significar la alegría del trabajo duro, en lugar del dolor.

c.2021 The New York Times Company