Una voz implacable
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Llamé a su puerta de cristal.
-"Pase"- respondió con su voz inconfundible como lo había hecho en los últimos cuarenta años.
-"¿No te interrumpo?"- le pregunté para indagar su estado de ánimo y su disponibilidad de tiempo.
-"No"- me repondió.- "Estoy preparando mi clase que voy a dar al rato".- En su escritorio estaban algunos libros abiertos y un cuaderno de apuntes escritos a mano.
-"¿Todavía preparas tus clases?"-
-"Por supuesto . un maestro siempre debe preparar su clase"-
Así era Antonio Usabiaga. El mismo después de cuarenta años. La misma oficina, los mismos libros, los mismos temas que le interesaron ininterrumpidamente durante toda su vida: La vida de la Iglesia y la vida cristiana de los saltillenses.
Cincuenta años antes había llegado a esta ciudad recién ordenado sacerdote. Desde el principio llamó la atención su personalidad directa, clara; iba al grano sin rodeos, sin simulaciones diplomáticas. Mostraba en todas partes su orientación al cambio: lo demandaba, hacía propias todas las iniciativas que significaban progresar, dejar atrás los convencionalismos paralizantes, los criterios anacrónicos, las injustas comodidades y privilegios que empobrecían las mentes y voluntades de la mayoría.
Desde el Templo de Fátima su voz fue una verdad inoportuna, fue una denuncia constante que confrontaba las contradicciones del creer y del hacer, del prometer y defraudar tanto en el orden religioso como en la administración pública, en el compromiso ciudadano y en el compromiso cristiano.
Fue implacable durante cuatro décadas y ni la amistad con políticos y empresarios, ni las consideraciones económicas o sociales lo llevaron a predicar un Evangelio maquillado, acomodaticio, a diluirlo en pietismos infantiles o interpretaciones poéticas que enternecen corazones y adormecen conciencias.
Fundó un órgano que se requería para generar madurez espiritual en el adulto cristiano: el ISER (Instituto Superior de Estudios Religiosos); en él los adultos han estudiado con profundidad académica la verdad esencial del Cristianismo, su historia y sus crísis, su significado tan vital para el hombre de hoy. Incansablemente y con una constancia de cuarenta años Antonio hizo que sus alumnos se apasionaran por el auténtico Evangelio de Jesús y por Su misión.
La obra de Antonio permanecerá pues es obra de Dios. El ISER es una institución que ya vive por sí misma y la voz de Usabiaga se ha multiplicado en la Fé viva de cristianos adultos que habitan con nosotros.
Ya puede descansar . ya no tiene necesidad de preparar su clase.