La riqueza de sus abuelos
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Hoy estarían cumpliendo más que un centenario de años difíciles y satisfactorios porque ellos fueron unos excelentes pobres. En nuestro mundo de consumo el dar con sacrificio y generosidad está desacreditado como fuente de felicidad a pesar de que esa fue la sabiduría que vivieron y disfrutaron nuestros abuelos.
Dos de mis abuelos siendo pobres fueron muy ricos y por lo mismo tan excelentes que pudieron sobrevivir con sus familias a las muy graves limitaciones que impusieron las décadas de caos revolucionario que hoy festejamos.
Mi abuela, por el lado de mi madre, quedó viuda a los 30 años de edad con siete hijos a principios del siglo pasado sin herencia ni pensión. Tuvo que emigrar de la hacienda donde trabajaba mi abuelo como "transportista" -transportaba toda clase de mercancías con una recua de mulas al pueblo cercano-, a Mapimí, Durango. Un pueblo minero que todavía no sé que le podía ofrecer de mejoría, excepto la posibilidad de que alguno de sus hijos mayores pudiera trabajar en la mina y ayudar al sustento de la familia. Los pobres ordinariamente no tienen oportunidades por eso son pobres, solamente tienen dos alternativas: sobrevivir como sea o morir.
Sin embargo mi abuela tenía una riqueza en su alma: ver y preocuparse por los demás. A pesar de que sabía leer, no sabía escribir, -conforme a la usanza de la época-, sin embargo se dio cuenta que los niños del pueblo "crecían sin saber de Dios" -lo cual para ella era más necesario que tener dinero- y creó una escuela para enseñar a leer y escribir. y aprender los números. y convirtió a una hija en la maestra. A la fecha todavía me sorprende su iniciativa fundada en la Fe y en la Educación dos pilares que determinaron a sus hijos, nietos y bisnietos.
Mi abuelo, por el lado de mi padre, es otro caso parecido de sobrevivencia en condiciones extremas como pueden ser las de Arteaga a principios del siglo pasado, cuando todavía apenas llegaba a la categoría de villa. Había riqueza agrícola, sus trigales alimentaban a toda la región, sin embargo mi abuelo no era terrateniente ni agricultor. era un sastre con nueve hijos ¿qué clientela de trajes y casimires podría tener en ese pueblo?. Tenía otra afición que normalmente no aporta riqueza: era músico, sin embargo él lo convirtió en oficio que enseñó a sus hijos y formó una orquesta de cuerdas que solemnizaba y alegraba las misas, las bodas y pachangas, y hasta uno que otro velorio. Con la armonía y la disciplina de la música y de la máquina de coser sobrevivieron él y su hijos que multiplicaron la sastrería en Saltillo. Los Cárdenas seguimos siendo alegres y adictos al esfuerzo y a la autonomía igual que el abuelo.
Usted también tuvo abuelos y posiblemente heredó más riqueza de la que le falta. Hoy haga un balance de sus fortalezas espirituales y va a encontrarse con la excelencia de sus abuelos. que después de todo no fueron tan pobres.