`O menino Lula', el hijo del Brasil

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Especial
/ 2 octubre 2010

    Una biografía sobre los primeros años de vida de Luiz Inácio Lula de Silva, actual Presidente de Brasil, lo describe como un niño en la pobreza extrema, con hambre, maltrato, sin educación, hijo de campesinos analfabetas. El mismo Lula ha confesado que los primeros zapatos que calzó, fueron los que un fotógrafo le prestó para un retrato a los cinco años de edad. Ese niño descalzo que se ganaba la vida como lustrabotas y mandadero; el que a los diez años de edad defendió a su madre de las golpizas de su padre alcohólico, es hoy, según la revista Time, el hombre más influyente del mundo.

    "O Menino Lula" (El Niño Lula), es la narración de una historia triste sobre la niñez del Mandatario brasileño, donde el periodista Audálio Dantas dice que pudo ser igual a las miles de historias de los niños en las favelas de Brasil, con la diferencia de que nadie, en las mismas condiciones, ha llegado tan lejos como Lula.

    Y vive Dios que muy lejos llegó el menino Lula, "El Hijo del Brasil", el muchacho que a los 14 años de edad ingresó como obrero a una planta metalúrgica, un simple tornero que sufre la explotación laboral; una prensa le amputó el dedo meñique de su mano izquierda a los 15 años de edad.

    En esas condiciones es que Luiz Inácio Lula Da Silva inició su lucha sindical. El combate contra la explotación. Lucha en la que se topó también con los sinsabores de la cárcel, donde siempre se preguntó algo que no lograba entender: por qué el trabajador no elegía al trabajador como su gobernante.

    Y claro que no fue fácil llegar a la cumbre del Brasil. Lula hizo de la lucha un anhelo de vida, un fragor de convicciones, un combate perenne contra la desigualdad. "Este es un hombre cabal y tenaz, por el que siento una profunda admiración. Lo conocí en una cumbre de la Alianza contra el Hambre que él dirige, lo digo claramente; a mí no me extraña que este hombre asombre al mundo". Así dijo de Lula el Presidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero.

    El mismo Barak Obama ha calificado a Lula como "el político más popular de la tierra" y asimismo, periódicos influyentes como Le Monde y el Financial Times todo le perdonan -según afirma Jorge Elías, de La Nación- a pesar de su pésima relación con la prensa y sus nexos amistosos con Cuba e Irán.

    Es el "Hijo del Brasil", el otrora niño mimado del infortunio, el que ha rescatado a su patria de la mediocridad, el mismo que ha puesto a Petrobras, de control estatal, en el mejor ranking mundial (70 mil millones de dólares fue la última capitalización accionaria) pese a Robert Murdoch de la cadena Fox, Alan Greenspan y a los agentes vernáculos de la oligarquía trasnacional: Jorge Castañeda y Héctor Aguilar Camín.

    Por cierto, este columnista le preguntó a Camín respecto a los resultados del estadista Lula, comparado con los Chicago Boys y los egresados mexicanos de Yale, Harvard y Stanford (Zedillo, Calderón, Aspe, Ortiz, Gurría, Carstens y Gil) que tanto alaba Greenspan en su libro "La Era de las Turbulencias" (Pág. 382), y entonces, el agente neoliberal contestó despectivo: "Ese limpiabotas todo se lo debe a Fernando Henrique Cardoso, el anterior Presidente del Brasil...".

    Hoy son las elecciones en Brasil. Desde aquí, haga votos porque el proyecto de la gente brasileira triunfe en las urnas, el programa de Lula, el Hijo del Brasil. Su candidata es una mujer, Dilma Rousseff. No olvide la última hazaña del otrora niño limpiabotas de Pernambuco: haber conseguido para Brasil la sede del Mundial de Futbol 2014 y los Juegos Olímpicos Río de Janeiro 2016. Nada más, pero nada menos. ¡Que Viva Lula Da Silva!, aunque le pese a Calderón.

    Columna: Reflexiones