Historia de un transportista
COMPARTIR
Sebastián de Aparicio nació en España el año de 1502.
No fue a la escuela ni aprendió a escribir, pero sabía arreglar edificios, fabricar carros y cultivar.
Hasta los 20 años pastoreó ovejas de su papá. Se fue de mayordomo a una hacienda, la dueña era una joven viuda, hermosa y rica que se enamoró de él. Sebastián cambió de ciudad y trabajo, pero a donde iba las mujeres lo asediaban.
A los 31 años se embarcó para América. Llegó a Puebla, México, en donde había gran escasez de carros de carga; fundó una empresa donde los construía y hacía transportes. Introdujo la carreta, que aligeró la explotación de los indígenas pobres, a quienes enseñaba sus artes.
Fue pionero ayudando a construir carreteras, ya que por Puebla pasaba el tráfico entre Veracruz y la Ciudad de México.
En 1542, Sebastián amplía su empresa a la Ciudad de México. Abrió el primer camino de carros a Zacatecas, empresa audaz por la distancia y porque atravesaba la región habitada por los indios chichimecas, que eran muy peligrosos. Los chichimecas se extendían al norte, hasta Saltillo. Chichimeca quiere decir "perro sin correa", bárbaro o gente roja.
Durante 10 años Sebastián transporta viajeros y minerales de plata, en una ocasión, al transportar mercancía, lo asaltó una banda de chichimecas. Al principio no reconocieron a Sebastián, pero cuando se dieron cuenta de quién era, lo dejaron pasar libremente.
"Tú has sido siempre como un buen papá para con nosotros", -le dijeron-. "A ti no te haremos daño".
A los 50 años de edad, y después de 18 de trabajo, Sebastián se retira rico. A los 60 años se casa con la hija de uno de sus amigos. Ella muere en el primer año de casados. A los 67 se vuelve a casar y su esposa también muere antes del año en un accidente.
Ya viudo donó toda su fortuna, de más de 20 mil pesos, al convento de las Clarisas.
Ingresó con los Franciscanos y ahí se ordenó a los 73 años. Servía a los pobres a quienes daba a veces hasta su propia ropa.
Un día regresaba fray Sebastián con su carro bien cargado de Tlaxcala a Puebla, cuando se le rompió un eje. No habiendo en el momento remedio humano posible, invoca a San Francisco, y el carro sigue rodando como antes.
Uno le dice al ver la escena: "Padre Aparicio, ¿qué diremos de esto?", -Le contesta: "Qué hemos de decir, sino que mi padre San Francisco va teniendo la rueda para que no se caiga".
Sus últimos 20 años los vivió como hermano encargado de pedir limosna por las casas, de cuidar el huerto, hacer las compras y los mandados.
A pesar de sus muchos trabajos, parecía casi no sentir cansancio. A los 98 años se sintió morir por una hernia. Llegó al convento y quedó postrado en el suelo, al modo de San Francisco.
Pidió a los franciscanos que rezaran el Credo y cuando decían: "Creo en la resurrección de los muertos y en la vida eterna", murió.
Muchísimos poblanos asistieron a su entierro. Desenterraron su cadáver dos veces y las dos apareció incorrupto. Al morir y hasta la fecha, quedó su rostro como de un hombre de 60 años pacíficamente dormido, como si estuviera vivo. Se documentaron 968 milagros en su proceso de beatificación, hecho por Pío VI en 1789.
Se le considera como el patrono de los transportistas. A ese santo le deberían rezar los transportistas de Saltillo para que sus combis no se descompongan más. Los usuarios le pueden pedir a Sebastian para evitar sufrir accidentes en ellas.
Jesus50@hotmail