La UAdeC sin rumbo
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El que la UAdeC esté entre las peores de la región, debería empujar a comunidad universitaria a reflexionar
Por primera vez la colaboración de esta semana no es de mi exclusiva autoría, la escribí junto con mi compañero de doctorado y exeditorialista de VANGUARDIA Francisco Aldama Nalda, esto debido a que considerábamos imprescindible reflexionar sobre el estancamiento de la Universidad Autónoma de Coahuila.
Hace meses, esta casa editorial informaba que la UAdeC no figuraba en el listado de las 100 mejores universidades del país que elabora Reader's Digest, esto a pesar de que en el 2005 ocupaba el puesto 40, hace dos semanas VANGUARDIA también informaba que la máxima casa de estudios había perdido 100 lugares en dos años en el QS University Rankings Latin America, ubicándose como una de las 50 universidades peor evaluadas de la región. Al ser cuestionado sobre esto el Rector Mario Ochoa afirmó que las mediciones le tenían sin cuidado y luego señaló que la información era incorrecta porque la universidad había acreditado el 100 por ciento de sus programas.
El que la UAdeC esté orgullosa de contar con el 100 por ciento de carreras evaluadas por los Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior (CIEES) sólo es otra muestra de su mediocridad, ya que no tiene ningún merito. Si usted revisa los criterios de evaluación notará que la mayoría de los aspectos son burocráticos y poco sustanciales. En cambio la metodología del QS University Rankings Latin America sí contempla elementos como: reputación académica y referencias de sus investigadores en revistas internacionales.
El Rector Mario Ochoa debe responder a cuestionamientos que sabemos son incómodos: ¿qué porcentaje de los profesores que dan clase en la UAdeC tienen posgrado? ¿Cuántos de ellos tienen carácter de investigadores? ¿Cuántos han publicado alguna vez un artículo en una revista científica de prestigio? ¿Cuántos han asistido a un congreso internacional en calidad de ponentes? ¿Qué porcentaje de alumnos que se gradúan de la UAdeC defendiendo una tesis y cuántos reciben su título al pagarlo en la caja?
En la UAdeC la investigación es una actividad inexistente y con un impacto muy pobre. Algunos profesores han sacado adelante sus proyectos incurriendo en una serie costos que deben sufragar personalmente. Hasta hace poco no existía acceso a revistas científicas internacionales, que son un insumo básico para insertarse en la comunidad científica. Aún más absurdo, es que en muchas facultades ni siquiera existan espacios dignos para investigadores.
El que la UAdeC esté ubicada entre las peores de la región, debería empujar a comunidad universitaria reflexionar acerca de: a) la calidad de los cursos que se imparten, b) el nivel académico de sus docentes e investigadores y c) la existencia e impacto de su quehacer científico e intelectual en la comunidad científica internacional.
Nuestra visión es que la mayoría de los cursos que se imparten en la UAdeC son arcaicos, cuando la universidad tiene la obligación de enseñar a pensar y criticar, lo cual se logra contrastando teorías, posiciones e ideas. Para ello se debe leer más de un libro y demanda la participación activa de los alumnos a partir de discusiones y análisis críticos.
También a la universidad le urge mejorar su planta docente. Si usted busca las cédulas profesionales de los profesores descubrirá que pocos han acreditado el postgrado, y en algunos casos ni siquiera la licenciatura. Proponemos al Rector que someta a concurso el 100 por ciento de las nuevas plazas de profesores y que privilegie la contratación de personas con doctorado que pueden ser admitidos fácilmente al Sistema Nacional de Investigadores.
Por último, la universidad requiere llevar a cabo una política activa para incentivar a sus investigadores para que participen en comunidades científicas globales, mediante la publicación de trabajos científicos, haciendo estancias y asistiendo a congresos. Esto sólo podrá lograrse allegándoles los recursos como el pago de los costos de un congreso; además de generar incentivos (por ejemplo, bonos por publicaciones) para que reditúe su esfuerzo. De no seguir el camino de la excelencia, la UAdeC continuará despreciándose y depreciando a su comunidad.