Charlie y el exorcista

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Especial
/ 5 junio 2015

    En las escuelas está de moda el jueguito Charlie-Charlie.

    Es una especie de ouija de manufactura sencilla y casera; no había querido escribir de esto para no hacerle más publicidad, me animé a hacerlo por dos notas con opiniones contradictorias, publicadas esta semana.

    Por una parte, el padre José Luis del Río, exorcista en Saltillo, expresó que en la ciudad hay dos casos de familias donde los niños están sufriendo de perturbaciones diabólicas por el juego Charlie-Charlie.

    Por otro lado, la psicóloga Alejandra Baca afirmó que si los padres enseñan a un niño temer cosas, por creer que son del diablo, el pequeño se puede traumar.

    Ella dijo: La verdad es que estas cosas no son ciertas, sino más bien es la sugestión y en parte todo tiene que ver con los adultos y las ideas que les metan lo que sugestiona a los niños de decirles que todo eso es malo o de que es cosa del diablo.

    Los niños tienen una mente muy sugestionable y al momento de escuchar a los adultos decir eso es sugestionarlos, por eso tiene mucho que ver la educación que se les da

    Hay que decirles a los niños que es un juego y nada más, ni bueno, ni malo, propuso la especialista.

    Su opinión es respetable, pero quienes somos creyentes podemos pensar diferente. Los exorcistas experimentados distinguen cuando es un problema psicológico y cuando es una posesión. Se le da su lugar a la psicología. Sin embargo, la psicología debe respetar creencias religiosas y maneras de educar a los hijos, por aquello de que hay que decirles que es un juego y nada más ni bueno ni malo.

    Yo no lo considero así, creo que sí hay juegos malos y juegos buenos, pero no pretendo imponerle mis creencias o ideas, dictarle lo que ella debe decir, ni mucho menos burlarme de las ideas ajenas.

    Creo que el diablo sí existe y su ejército de demonios también. Los que más conocen cómo actúan los demonios son los exorcistas.

    Con frecuencia libran batallas con ellos, saben bien que una de las tácticas más usadas por el demonio, y la que le ha resultado más exitosa, es hacer creer a las personas que él no existe.

    El diablo es un maestro el disfraz, es un experto en camuflaje. La Biblia lo compara con un león que nos acecha, con un dragón, con una serpiente. Se le ha comparado con un hábil vendedor de mercancía falsa, que vende ilusiones y fantasías. Busca continuamente destruirnos, llena nuestra imaginación con ideas vacías.

    Dice Lorenzo Scupoli, en su libro El combate espiritual que el diablo se transformaría a sí mismo en un ángel de luz con tal de arrastrarnos con él a la oscuridad del infierno.

    Incluso nos ofrece cosas en apariencia buenas, usa frases de la Biblia sacadas de contexto, verdades a medias.

    A las personas virtuosas les infla su ego con una autoestima exagerada, para que se vanaglorien. El diablo distrae nuestra atención, nos da oportunidades de hacer el mal. Nos hace creer que tendremos larga vida y que hay que gozarla, que al final habrá oportunidad de arrepentirnos.

    El diablo permanece oculto, se aprovecha de nuestra inclinación natural al mal. San Agustín decía que es como un perro bravo, amarrado con una cadena: no nos puede morder si no nos acercamos demasiado él.

    José Luis del Río, el exorcista saltillense, dijo: Un niño también se adentró a este juego y de igual manera está sufriendo las consecuencias, ya que le abrió la puerta al demonio.

    El párroco señaló que si este juego no se detiene se puede llegar hasta una posesión diabólica.

    Gilberto Almaraz, que tiene más de 50 años en el sacerdocio, citó al Papa Francisco. Dice que el diablo trae mucha bronca con México por el odio a la fe, y por la presencia inocultable de María de Guadalupe en el corazón de todos los mexicanos, por lo que también hizo un llamado a la comunidad para reforzar su fe.

    Hay cosas que existen aunque no las veamos, realidades que no se ven, como el wifi, la electricidad, el viento, los electrones y el diablo.

    Columna: Ecos de la ciudad