El IMSS y su burocracia letal
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Entre las peores burocracias de México podemos citar a los parásitos de la CNTE, que han desgraciado a generaciones de escolapios dejándolos prácticamente inválidos para enfrentarse a la vida, asimismo, hay otra burocracia todavía más nociva y letal, la sindicalizada del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), la cual, dicho en el sentido más literal de la expresión, está matando a miles de mexicanos.
¿Y por qué hemos caído en las garras de estos implacables vampiros burocráticos? Por haber permitido que poco a poco nos hayan arrancado esos abusivos logros sindicales que los han convertido en una casta privilegiada, en una oligarquía, por no decir, en una aristocracia.
Y no estamos muy errados en cuestiones de títulos de nobleza si tomamos en cuenta que el personaje de Bram Stoker es un aristócrata cuya vianda predilecta es la sangre humana, como sucede en la vida real con los burócratas del IMSS, que heredan sus puestos de trabajo como si fueran títulos nobiliarios y, asimismo, hay quienes han sido descubiertos traficando con sangre humana, delito infame que gracias a su ventajoso contrato colectivo de trabajo, ha quedado en la impunidad.
Por eso no debe extrañarnos el hecho de que la burocracia del IMSS sea de las más odiadas de México, y cuya preeminencia en la seguridad social hace miserable la vida de los demás derechohabientes, que a diario padecen la soberbia de esta élite vampírica que desde hace mucho tiempo descubrió los placeres de la divinidad burocrática, al darse cuenta que tiene poder sobre la salud y la vida de los demás, poder supremo que disfrutan con deleite, con sadismo y sin conmiseración.
Y sólo basta citar uno de tantos privilegios de tan despreciable satrapía; si un agremiado pierde su libertad y es encarcelado, puede recuperar su trabajo al salir de la prisión, ya sea que por sí mismo o por interpósita persona, mientras que cualquier otro simple mortal queda marcado para siempre.
No le extrañe pues la desgracia, la mutilación y la muerte de miles de mexicanos que a diario son víctimas de esa burocracia vampírica insaciable, como sucedió recientemente con un hombre emprendedor, productivo y generoso, amigo entrañable de este columnista, que padeció lo indecible hasta perder la vida por haber transitado los vericuetos infernales de esa caduca institución.
Sería muy largo describir el calvario sufrido por este hombre y su querida familia, el tiempo perdido con placebos y sucedáneos, de negligencias y omisiones criminales, de castigos y maltratos inicuos, de errores y equívocos letales, en fin, de muchos meses de sufrimiento y dolor.
Sólo basta decir que esa burocracia insensible acabó con la vida de este agricultor esforzado y solidario, que le arrancaba frutos al desierto, los melones más dulces de La Paila, que daba empleos a la gente y que construyó una gran empacadora jamás vista en estos lares, porque eso es cierto, a este hombre vital, en la plenitud de su vida, lo mató la burocracia vampírica del Seguro Social, tan ruín, codiciosa y despreciable, pese a las muy escasas y honrosas excepciones.