Los olvidados piropos
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A Mario Herrera Scaccioni
La mujer ha sido siempre motivo de discusión inagotable. Que su papel en la familia, que su obligación de esposa, que su situación laboral, que si tiene derecho a educarse, que si la violación, que si el aborto, que la maternidad, que la equidad de "género" -palabra ésta muy discutible aplicada a las personas- y muchos etcéteras.
Por mucho tiempo, y todavía quedan resabios, las mujeres han estado sometidas a las estrategias y dictaduras del hombre, la sociedad, la familia y la religión en los aspectos morales, sociales y de educación. Hemos sido obedientes y sumisas, mansas e ignorantes, por lo que se nos ha considerado inferiores, incapaces de crear, de construir, de crecer. Ahora, poco a poco, vamos ganando el derecho y el respeto que nuestra dignidad exige para ese crecimiento social, sin intentar masculinizarnos. La mujer será siempre mujer, sólo pide que su personalidad se reconozca, que sus cualidades puedan desenvolverse en un ambiente propicio y que se le haga responsable de su voluntad para que alcance su plenitud femenina: mujer y madre selecta, madura, con horizontes más amplios y metas más edificantes.
En México, el panorama va cambiando. En la actualidad algunas mujeres ocupan posiciones cada vez más ventajosas. ¿Será por eso que los hombres han olvidado la caballerosidad y la galantería? Por ejemplo, ya no saben decir piropos a las mujeres. El folklore mexicano ya recogió y guardó aquellos requiebros que solían decir los hombres ante los atractivos femeninos, algunos llenos de picardía y de humorismo picante: "Chaparrita cuerpo de uva ¿qué no quieres que te suba?". Y las flores que brotaban como torrentes intempestivos de los labios masculinos para exaltar alguna gracia de la mujer:
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El cielo se está nublando,
las nubes hacen cordón;
¡qué bonitos ojos tienes,
linda de mi corazón!
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Se olvidaron los requiebros, verdaderas declaraciones, francas insinuaciones:
Si tú eres forasterita
y vienes buscando amores;
aquí tienes vida mía,
un ciego por tus dos soles.
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Ya se guardaron hasta las coplas callejeras que encerraban pensamientos tiernos y delicados:
Muchos hay que te dirán:
¡Salero, por ti me muero!
Y yo no te digo nada
y soy el que más te quiero.
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Y los muy mexicanos ya quedaron olvidados, quizás por atrevidos:
Si me muero, de mi barro
hágase, comadre, un jarro;
si tiene sed, en él beba;
si a la boca se le pega,
son los besos de su charro.
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Cada vez que veo a Mario Herrera me dice: "Esperanza, tú no eres una esperanza, eres una realidad". Cuando le dije que me encantaba su piropo, me dijo que no es tal. Yo no sé entonces qué es un piropo, pero desde aquí quiero decirle que es una de las más hermosas flores que enmi vida me han echado.
edsota@yahoo.com.mx