El obispo coqueto

+ Seguir en Seguir en Google
Opinión
/ 1 mayo 2010

Estas dos semanas han sido para Onésimo Cepeda como una vacación en el desaparecido Purgatorio. Entre sus desafortunadas declaraciones sobre la inexistencia del Estado laico -"no existe, es una aberración", dijo, pues es como decir que "hay maíz laico"-, y una vieja demanda que lo vincula con la delincuencia organizada, el dicharachero y mal hablado obispo de Ecatepec, la diócesis más poblada del mundo en donde lo colocó el papa Juan Pablo II, se encuentra metido en problemas, legales y de imagen pública.

El folclórico obispo tiene que rendir cuentas a la autoridad y declarar de dónde sacó 130 millones de dólares para prestárselos a una señora que murió en 2003. Pensar que si no se hubiera aprovechado de esa muerte -cuando menos es lo que piensan con certidumbre sus familiares- y quedado con una parte de un lote cuantioso de obras de arte que un socio de él -en la demanda- extrajo de la casa de la señora al morir, no hubiera abierto esa ventana para indagar el origen de sus recursos, es retórico y a contra natura del obispo, un hombre prolijo en excesos.

Onésimo Cepeda es un tipo robusto que mide más de 1.85 metros, sobre cuyo pecho siempre porta un enorme medallón. Miembro de la élite eclesiástica que se codea con los ricos -como el arzobispo primado de México, Norberto Rivera, o el pederasta y polígamo Marciel Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo- Cepeda es, sin embargo, diferente a ellos. No nació pobre y creció humilde, como ellos, sino entre sábanas de satín.

El obispo de Ecatepec no tenía la vocación para el sacerdocio, que lo atrapó en su edad adulta. Durante casi la mitad de su vida (nació en la ciudad de México en 1937), tuvo una vida laica y fue de los pioneros del crecimiento de la Bolsa Mexicana de Valores. Todos los días, como adulto joven, iba al piso de remates a pujar y vender acciones, y en ese espacio de operadores de bolsa conoció a futuros multimillonarios. Con uno trabajó y colaboró, Roberto Hernández, socio de Citigroup-Banamex, y con otro, Carlos Slim, hizo una relación tan estrecha, que fundaron Inversora Bursátil, hoy Inbursa, el banco que respalda a todo el Grupo Carso.

Cepeda no ha hecho público el porqué dejó esa vida para dedicarse al sacerdocio, aunque nunca abandonó del todo los placeres del millonario. Algo muy poco católico debe tener, porque tras la sotana pareciera esconderse un mujeriego reprimido y un acosador visual.

Hay mujeres que se quejan -otras se sienten halagados- por los lances coquetos que tiene con ellas y las cosas que les llega a decir. "Si no fuera sacerdote, ¿te imaginas lo que podríamos hacer?", le dijo en una ocasión a una de ellas. A diferencia de otros padres coscolinos, Cepeda no se ruboriza ni tiene pruritos morales aparentes para tener esos atrevimientos ni para quedárseles viendo fijamente al busto. De hecho, tampoco tiene freno para otras temeridades.

A un empresario hoy en desgracia, le sacaba mensualmente dinero para su iglesia en Ecatepec. A otro, le saca una iguala de 100 mil pesos mensuales, además de que cada vez que necesita reparación el templo en ese municipio de la zona metropolitana de la Ciudad de México, le saca la charola a ese mismo empresario y a otros similares. Uno de los directores generales de una de las empresas a cuyo propietario le pide regularmente dinero, decía con sorna: "Ya en los vitrales de la iglesia deberían de ponerle el nombre del jefe". El empresario de origen argentino, Carlos Ahumada se ufanaba -y más tarde lo escribió en un libro- que en una ocasión le había dado un millón de pesos, por una petición de Cepeda para comprarle un auto a su madre y el resto para "obras piadosas". El obispo de Ecatepec es un bon vivant. No es de advenimiento reciente, sino de antaño. Suele pedir -a cargo de la cuenta de su compañero de mesa, vino Petrus, de 15 mil pesos la botella-, le encanta el golf y juega regularmente -uno de sus compañeros de green es Slim-. También es un amante de la feria taurina. Ambas aficiones las tiene desde joven, desde su vida de financiero cuando gastaba y operaba en el piso de remates de la Bolsa.

Pero esa experiencia no lo ha sacado del problema en el que se encuentra.

En 2003 prestó 103 millones de dólares a Olga Azcárraga Madero, hermana del propietario del Grupo Radio Fórmula, Rogerio Azcárraga Madero. La señora murió en noviembre de aquél año sin pagar la deuda, y en medio de un problema legal porque Jaime Matute, administrador de la empresa Arthinia Internacional, registrada en Panamá, de la cual ella era presidente del Consejo de Administración, sacó de su casa 130 obras de arte tras de que murió.

Desde 2009, hay una batalla legal en contra del obispo de Ecatepec y de Matute por el delito de fraude procesal. La denuncia, ante la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal establecía un "fraude por simulación", donde Cepeda había prestado supuestamente ese dinero a la señora Azcárraga Madero, y ella le entregó un pagaré, "que pudo haber sido una firma en blanco". En ese entonces, los abogados hicieron dos preguntas referidas al pagaré: "¿De dónde obtuvo Onésimo Cepeda 130 millones de dólares en efectivo para entregárselos a la señora Azcárraga Madero?, y ¿de dónde obtuvo Jaime Matute una cantidad muy importante para obtener el pagaré?, porque obviamente tenía que haber una contra prestación por los 130 millones de dólares (que) podría haber sido la mitad". El caso lo llevaron a El Vaticano, donde tampoco avanzó la denuncia. En el Distrito Federal, recientemente se sobreselló el caso.

Pero esta semana, el abogado Xavier Olea Peláez, retomó la iniciativa y presentó la querella ante la PGR. Según el abogado, a quien le han dado un buen tiempo-aire en diferentes noticiarios de Radio Fórmula, el obispo Cepeda pudo haber obtenido esos recursos de orígenes ilícitos, sugiriendo el lavado de dinero. Si no es así, agregó, entonces es evidente que existió un fraude procesal.

Cepeda ha sido colocado contra la cuerda judicial, y a diferencia de muchas otras ocasiones, ni ha maldecido, ni ha dicho groserías, ni ha vomitado una de tantas frases célebres y dignas de un cretino. Pero no nos hagamos ilusiones. Algo hará el obispo, que como bien se sabe, no está ni mudo, ni manco.
rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Periodista en busca de decodificar la toma de decisiones en la política mexicana y exponer las tensiones del sistema en el que operan. Actualmente es director general del periódico digital Eje Central.

Columna: Estrictamente personal

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM