La cultura de Coahuila en una nuez
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La liga entre nuestro estado y las actividades culturales es fuerte y tradicional. Durante siglos ha caracterizado el entorno agreste de un territorio que difícilmente inspiraría a poetas, escultores, narradores o músicos, sin embargo bastante nutrida y rebozada ha sido su manifestación.
La obra cultural y los artistas emergidos de la iniciativa particular han hecho de su capacidad y habilidad una actividad complementaria, debido a que en esta tierra y mucho menos en México, se puede vivir por amor al arte.
Esta realidad deja entonces en manos de la autoridad la organización, difusión y pingüe sustento a la obra y sus creadores. Y eso si alcanza, que de no, a rascarse como puedan.
En el pasado quedaron los casos de los poetas José León Saldívar y Raymundo de la Cruz López, claros ejemplos del abandono a la suerte del talento y la creatividad ante el dilema de comer o seguir escribiendo. Pero la cultura en manos de los gobiernos, al tener dueño y partido, refiere una proclividad hacia la definición de los apoyos en base a la ideología política del creador de arte; no en una generalidad,
pero sí en una visible constante. A través de los organismos que promueven ya no la cultura, sino el sustento de los artistas en pro de su creatividad y producción, Coahuila se traduce, construye puentes a la diversidad, la ideología y las nuevas maneras y formas.
Como una especie de organismos en pro de becas, tanto el Icocult como las casas de la cultura citadinas, dan funcionalidad a un esfuerzo titánico que nació muerto hace muchas décadas y que sirvió de publicidad para ofertar al estado como un oasis de las artes y a Saltillo como la Atenas de México. "Yo no mantengo huevones", espetó Flores Tapia a un famoso bailarín que acudió a su benevolencia a fin de obtener apoyo.
El famoso "flaco", abandonado y casi en la miseria, tuvo una solitaria muerte. Años atrás nos había dado fama siendo director del ballet folclórico coahuilteco en Italia. El anecdotario es basto y lamentable.
En los 70, Francisco Gámez "La Gallina", promotor de la danza matlachina o matachina, a duras penas logró que lo apoyaran a través de rifas y tamaladas en el Ojo de Agua para viajar a Xalapa, a fin de entrenar danzantes de la catedral de esa ciudad, a cuyos descendientes me tocó admirar en la explanada de la iglesia consagrada a la Inmaculada Concepción, suegra y señora mía, corriendo el año 2005.
Hoy el presupuesto del Icocult es elevado, pero parece no ser suficiente. De acuerdo con datos oficiales, en 2010 se destinarán 89.7 millones al desarrollo de la cultura; más del doble de los 42.2 millones otorgados en 2009.
La manera en que el Instituto difunde y apoya la cultura es a través del sostenimiento de diversos museos y centros de desarrollo artístico, sin embargo los institutos culturales de los municipios no entran en su haber. Otro apoyo deviene de un subsidio que se recibe de Conaculta a fin de estimular a los creadores. En 2010, el fondo destinado es de 16.5 millones de pesos a Coahuila con becas únicas de entre 25 a 50 mil pesos anuales o de 3 a 4 mil pesos mensuales a rubros que incluyen creación en teatro, plástica, literatura, fotografía y danza.
Comentaba arriba que algunas disciplinas navegan entre el abandono y la modorra en el estado, entre las que se incluyen el teatro y la danza popular y siendo nuestra patria chica cuna de una crianza nutrida y talentosa en esas artes, resulta necesario un re-enfoque en la inversión.
Dicen que la cultura no es negocio, sin embargo a nivel nacional el Conaculta, con un presupuesto de 12 mil 583 millones de pesos es una caja abierta para el despilfarro y el amiguismo (siempre y cuando sean del PRD). Fuentes aseguran que, por ejemplo, existe un ejército de "asesores" que perciben 300 mil pesos anuales y que una empresa llamada Arteria Producciones es la gran beneficiaria del mencionado presupuesto.
La cultura emerge del pueblo y autentifica una constante de civilización que supone una esencia común, que se multiplica sólo si reproduce la mejor parte del ser humano. Como el maestro Vasconcelos refería: "La cultura engendra progreso y sin ella no podemos exigir de los pueblos, ninguna conducta moral".
El aprovechamiento de los recursos gubernamentales entonces deberá reflejar no sólo una inversión en la cultura, su fomento y múltiple reproducción, sino la necesaria prioridad como elemento para sanear a la sociedad.