Margarita Zavala

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Opinión
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En una comida reciente, sin relación con la política, los organizadores me sentaron al lado de Luis H. Álvarez. Don Luis, como le llaman los panistas con reconocimiento y respeto, es líder moral del PAN y admirador de Margarita Zavala.

Yo no soy panista, pero también admiro a la ex primera dama, así que pronto encontramos un tema de conversación que nos permitió charlar animadamente. Don Luis fue candidato presidencial en 1958, y dirigió el partido en 1987. Le hablé de mi relación con otros panistas distinguidos, como Rafael Preciado Hernández, que fue mi maestro de filosofía del derecho en la UNAM, y de Efraín González Morfín, que me inició en la filosofía escolástica en preparatoria. Hombre de gran personalidad y cultura enciclopédica, Efraín también fue candidato presidencial en 1970.

En mi comida con don Luis reconocimos la discreción con la que Margarita apoyó el sexenio del marido; platicamos de sus artículos en EL UNIVERSAL y especulamos sobre su futuro en Acción Nacional

Convertidos en un reducido club de admiradores de Margarita, llegamos, como quien no quiere la cosa, al inevitable tema del partido, pero sin tocar los motivos por los que abandonó el rincón de eternidad donde lo había arrinconado el fundador para incursionar en el realismo electoral.

Me hubiese gustado comentar con don Luis los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón. Ahí hay material para rato. Pero no era el lugar, ni él iba a comprometerse con un extraño. Así que continuamos nuestra comida teniendo en mente a Margarita como futuro del PAN en 2015, y quizá en 2018.

El problema con Margarita es que lleva a Felipe Calderón a cuestas, con el bagaje de los 80 mil muertos, el fracaso electoral de 2012, la corrupción, y las consecuencias de una administración que muchos calificamos de sexenio fallido. Hasta hoy las causas que ha promovido Margarita han sido las del ex presidente. Apoyó por compromiso a Josefina Vázquez Mota cuando su campaña presidencial se iba a pique, y todos preguntaban por el presidente. En estos días Margarita volvió a aparecer en un video que promovía la unidad del partido con la fórmula perdedora del calderonismo: Cordero-Oliva.

Moderna, atractiva e inteligente, luciendo una luminosa pashmina, la mujer que podría coordinar la bancada panista en 2015, y aspirar a mucho más en 2018, apareció con voz firme y el puño cerrado para enfatizar sus palabras y mostrar determinación. Hoy Margarita trabaja para pavimentar el regreso de Calderón, pero también comienza a mostrar la fuerza que pudiese acompañarla en 2015, y quizá en 2018

Cecilia Romero, presidenta interina del PAN, previendo impugnaciones, convocó a los candidatos a respetar los estatutos y aceptar los resultados. Fue la primera elección directa en la que participaba toda la membrecía (más de 200 mil electores). El botín no era nada despreciable: controlar la segunda fuerza política nacional y administrar un presupuesto anual de 890 millones de pesos.

Para panistas como Felipe Calderón el triunfo de Ernesto Cordero significaba mucho más: regresar del exilio por la puerta grande, volver a controlar el partido, influir en las elecciones de 2015 y detener el avance arrollador del PRI; encausar desde dentro la carrera de Margarita Zavala hacia 2018; y soñar, quizá, como Bill Clinton, en volver a gobernar sin la responsabilidad directa del poder

En una elección interna plagada de descalificaciones y golpes bajos, Ernesto Cordero perdió la presidencia del partido, y los panistas reeligieron a Gustavo Madero con una cifra que bloqueó el regreso de Calderón: 57%. A Madero le criticaban la firma del Pacto y su cercanía con Enrique Peña Nieto. Le atribuyeron el quebranto de la ideología, los moches y otros actos de corrupción. Le exigen una postura más firme de cara a 2015

www.jorgecamil.com


Abogado por la UNAM y doctor en derecho por la Universidad de Houston. Fue articulista del diario La Jornada, ha publicado numerosos ensayos y monografías en revistas jurídicas de México y Estados Unidos sobre temas como la rectoría del Estado, la banca mexicana, el Tratado de Libre Comercio y la deuda externa de México. Como analista político es conferencista frecuente sobre temas como el poder presidencial, los partidos políticos, la alternancia en el gobierno y la inacabada transición democrática.

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