La publicidad de la nostalgia
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El consumismo invade nuestras vidas, no cabe duda. Los viernes, y sobre todo los días de quincena, la ciudad pierde su fisonomía habitual para lucir la imagen de las grandes urbes en donde los habitantes caminan hombro con hombro por las aceras, y los abarrotados comercios hacen hasta lo imposible por incitar a los clientes a embarcarse en la aventura de adquirir artículos tan innecesarios como suntuosos, pero en oferta. Si usted va al supermercado un día de quincena, es muy probable que se tope con muchas ofertas, pero larguísimas filas de espera para pagar los artículos que lleva. El espectáculo en sí no es inusual, sólo que cada vez adquiere mayores proporciones porque el comercio crece de manera tan vertiginosa como la población. La publicidad, que llega hasta a los rincones más alejados por la expansión de los medios de comunicación, juega un papel fundamental en eso que es casi un arte: el comprar y el vender.
Los anuncios publicitarios viejos son un buen instrumento para conocer la vida comercial de nuestra ciudad en otra época. En la revista estudiantil “El Ateneo”, me encontré estos anuncios en algunos números publicados entre los años de 1930 y 1941:
“Atención. No olvidemos que la cavidad bucal es una encrucijada donde pueden darse cita todos los gérmenes del exterior. Hagamos un lavado de boca tres veces al día con una solución ligeramente antiséptica. ‘EL ASTRINGOSOL DE STEARNS’ mantiene la boca en estado de defensa y relativamente limpia. Dr. Antonio M. Zertuche”.
Hoy en día, la marca Astringosol sobrevive en el mercado, pero junto a infinidad de enjuagues bucales de otras marcas que le hacen dura competencia y que, indudablemente, constituyen un producto clave en mercadotecnia por el cada vez mayor cuidado que la gente tiene de su imagen y su buen aliento.
Una zapatería de la época se anunciaba así: “Caballero: seguramente resultará usted beneficiado, si antes de comprar su calzado visita la gran Zapatería La Zibelina. Vendo lo mejor y mis precios son una ganga comparados con los de otras zapaterías. Zaragoza y Galeana. Salinas Pérez”.
La competencia de las zapaterías es muy nutrida en Saltillo. Actualmente, las famosas zapaterías “B Hermanos”, por ejemplo, se hacen la competencia entre ellas mismas: tienen tres sucursales a lo largo de dos cuadras en la calle Allende, separadas una de otra tan sólo por media cuadra.
Otro anuncio dice: “Mens sana in corpore sano. Para tener mente sana se requiere tener cuerpo sano, según reza el antiguo provervio griego (sic). Para obtener un cuerpo sano, aparte del ejercicio físico, se requiere buena alimentación. Esto lo consigue consumiendo diariamente sólo el pan que higiénicamente y con materias primas de calidad, se elabora en: ‘LA CEBRA’ PANADERÍA. Padre Flores No. 18. Teléfono 37. Prop. José Paredes”.
La Cebra dejó de existir hace muchos años. Otras panaderías se instalaron en Saltillo, La Crema, La Espiga, El Radio, La Española, La Huasteca, etc. A pesar de la poderosa competencia de las gigantescas panificadoras industrializadas como Bimbo, Tía Rosa y Wonder, y la de las tiendas de autoservicio como Soriana, HEB y Wal Mart, dichosamente algunas de las tradicionales panaderías saltillenses todavía nos dan hoy el necesario pan que da vida.
Afortunadamente, nuestro Saltillo, que a ratos crece desmesuradamente, todavía tiene mucho del sabor provinciano. Ojalá nunca se le acabe.
edsota@yahoo.com.mx