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Hablemos de Dios 96

Opinión
/ 14 mayo 2022
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Esto de hablar de Dios es complicado. Hay gente que lo escucha. Dice, Dios le habla. Le susurra. Le ordena hacer esto y aquello. Hay humanos los cuales creen más en el espíritu santo y en la divina providencia (lo que eso signifique) que en Dios mismo o su hijo, Jesucristo. Si acaso escuchamos voces, ¿es la voz de Dios y cómo saberlo?, ¿es nuestro alucine, es alguna droga como el beber demasiado o bien, por qué nos habla a nosotros, precisamente a nosotros? De ser cierto, claro.

Le recuerdo que estamos explorando a ese inasible Dios a través de los buenos y bien medidos versos del poeta mexicano Jaime Sabines. Su libro es “Recuento de Poemas 1950-1993”. Y como todo buen escritor, su obra es un cosmos completo, un río inagotable al cual podemos ir a abrevar de sus aguas en varias aristas. En este especial caso, la arista divina. Su búsqueda de Dios. Lo que el poeta entiende por Dios.

Entonces es buscar a Dios en todo momento y en todo lugar. Buscar a Dios ¿Dónde? Pues donde sea. Hay una sección de uno de los poemarios de Jaime Sabines, “Como pájaros perdidos”, donde el poeta juega y explora con las palabras. Los textos son más de corte aforístico, sentencias o mínimas, pero no tanto poemas en sí. Algunos textos se logran como pequeños poemas en prosa. Son flashazos. Disparos de precisión.

En uno de ellos, Sabines explora aquello que todo ser humano ha hecho (o muchos han hecho) alguna vez en su vida: buscar a Dios en las drogas. Mínimo y siempre, en el alcohol. ¿Usted lo ha intentado señor lector? No sólo escritores o poetas, sino cualquier humano que hoy explore con la infinita variedad de drogas disponibles, tal vez vea a Dios... o al diablo.

Leamos algunos fragmentos: “El secreto de Dios: acercó sus labios a mi oído y no me dijo nada.” Otro: “Me habló de la mariguana, de la heroína, de los hongos... Por medio de la droga llegaba a Dios, se hacía perfecto. Desaparecía. Pero yo prefiero mis viejos alucinantes: la soledad, el amor, la muerte”. Pues sí, aquello que dijo con tiempo otro poeta, José Gorostiza. Los tres y únicos temas disponibles y por siempre.

¿La presencia de Dios o del diablo a nuestro alrededor, embotados nosotros por el alcohol o alguna sustancia alucinógena, es real o ficción de nuestra mente?, ¿nos habla sólo a nosotros? La relación por lo demás, entre los escritores y el alcohol o las sustancias tóxicas es de larga estirpe y merece un análisis dilatado al respecto. Cosa que por lo demás ya se ha explorado bien y bastante.

Estados alterados por drogas, por la ingesta de alcohol; incluso, estados alterados por el clima demencial de calor el cual nos seca poco a poco. ¿Usted alguna vez ha visto a Dios o al diablo? No poca gente ve a uno u otro en las noches más altas, cuando llega esa fiera carnicera llamada insomnio y todo lo pudre y devasta. La peste del insomnio como bien la definió Gabriel García Márquez.

ESQUINA-BAJAN

Avanzamos en esto de explorar a Dios. Una pregunta la cual usted y yo nos hemos hecho en este espacio, ¿incide Dios en nuestro trajinar diario?, ¿incide o es mero adorno y sólo un referente?, ¿sirve de algo la oración, cambia cosas la oración, orar con fe y pasión, hasta sangrar, como lo hizo el maestro Jesucristo antes de su calvario? Dios, cuando usted les cuenta a sus hijos de él, ¿tiene influencia en la vida de ellos? De ser así, ¿es para bien o para mal aquello de tener “temor de Dios”?

¿Tener temor de Dios a estas alturas de la vida que llevamos, es para bien o para mal?, ¿es bueno o malo educar a los vástagos de esta manera? En honor a la verdad, esto y no otra cosa es lo que me espetaban de niño mis padres: tener temor de Dios. Sin duda, cosa hoy en día una verdadera antigualla la cual no asusta a nadie.

“Julito” se llama un largo texto escindido en siete parcelas, un poema en prosa de Jaime Sabines. Ya el diminutivo nos indica o nos da referencia para el “público” al cual está dirigido. Pero no nos engañemos, el texto no es “infantil”, juega con el supuesto lenguaje diminutivo, pero sus ideas y versos son poderosos. Leamos al poeta Sabines y leamos su “enseñanza” sobre Dios, “Diosito” al infante Julito.

“Esa mariposa verde estaba debajo de una hojita. Yo tengo un caballito verde. La mariposita es buena, trae suerte. No le tiene miedo a Diosito. Yo, sí. Diosito está en el tejado. A Marcelito le picó un alacrán en la patita. Ay, ay, lloraba, así de grandote era el alacrán. Luego Diosito movió la mano y yo me escondí...”. El texto usted lo encuentra en la página 232.

No siempre los dioses son Dioses con “D” mayúscula. Y no siempre los santos son Santos con “ese” mayúscula. Dejemos a Sabines explicárnoslo. El texto se lee y explica por sí mismo: “Ahora se abren puertas de cuartos vacíos, se oyen pasos en el tejado que no existe./ Hay campos de concentración, hay alambradas/ en que famélicos dioses piden agua./ Santos arbóreos (criminales colgados de sus brazos)/ y subterráneos topos se saludan. Es cuestión de raíces”.

LETRAS MINÚSCULAS

“Lo bueno es vivir del mejor modo posible”. ¿Con Dios o sin Dios?

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