La arquitectura como metáfora

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Opinión
/ 11 febrero 2024

‘Hay una especie de euforia por la luz, cuando descubres todas sus diferencias’. Edward Hopper

La metáfora es un recurso literario que pertenece a las llamadas figuras retóricas; estas son herramientas que buscan despertar emociones y pertenecen al pensamiento y al lenguaje. La palabra proviene del griego metaphora y está compuesta por meta que quiere decir más allá y por pherein que significa trasladar o nombrar algo con otra cosa que se parece o a la que hace referencia en su significado y simbolismo; tiene la capacidad de embellecer una descripción, resultar cómica, irónica, ofensiva, dar un giro inesperado o incluso resultar enigmática o misteriosa. El Diccionario de la Real Academia Española explica que esta palabra es un tropo, es decir, que se emplea para referir un sentido distinto del que propiamente les corresponde o asemeja. Beuchot afirma: “la metáfora es el tropo que consiste en trasladar el sentido recto de las voces a otro figurado en virtud de una comparación tácita, esto es, que implica semejanza”.

Sin embargo, la metáfora no se aplica exclusivamente al lenguaje oral o escrito, sino también al visual: a las imágenes, por lo tanto la arquitectura, por ser un objeto tangible de nuestro entorno, se convierte en imagen y esta a su vez, en algunos casos en metáfora, ya que simboliza algo o remite su significado a otras referencias por medio de sus materiales, sus volúmenes, la luz que se impacta en ella o que la atraviesa y que persiste en el tiempo. Krzysztof Pomian afirma que lo metafórico no sólo es un portador o vehículo de algo, sino también un portador de signos.

La arquitectura remite a lenguajes del tiempo en el que se pensó, proyectó y construyó, los materiales que se utilizaron, la manera de organizar el espacio, así como los ornamentos que se utilizaron, se convierten en el campo semántico que quiere decir algo, que comunica las inquietudes, valores y dimensiones de su tiempo y contexto.

Las manos de quien construye plasman en la arquitectura su identidad, su manera de observar la realidad, reinterpretarla y volcarla en el material, en el ornamento, en el interior o el exterior, esta disposición refleja en un sentido único su historia, su pasado y su presente proyectándolo hacia el futuro con la añoranza de la eternidad y de su permanencia. La expresión metafórica en la arquitectura, alude a la realidad por medio de nuestra razón, de las referencias que compartimos, de nuestros códigos de lenguaje, nuestro idioma o nuestras tradiciones constructivas.

Sin embargo, la metáfora está a un abismo de distancia de la simulación, y la simulación no es metáfora. Porque simular es representar algo fingiendo o imitando lo que no es y en este sentido recae la gran diferencia. Existen elementos arquitectónicos metafóricos así como edificios que simulan algo, que fingen ser algo que no son y que no reflejan ni refieren a la identidad ni en lo individual ni en lo colectivo. Al hablar de la expresión metafórica en la arquitectura, pienso en lugares que generan atmósferas y que en su intencionalidad reflejan estos rasgos que nos distinguen de otros, la interpretación que damos a un elemento arquitectónico, desde una catedral hasta una vivienda, corresponde en gran medida a nuestro saber y entender pero también la emoción que evoca, es una guía que en conjunto con nuestro intelecto nos permite comprender con todos nuestros sentidos la metáfora del espacio, lo que expresa o lo que comunica.

De ahí la importancia de conservar, mantener, defender nuestro pasado construido, porque la arquitectura patrimonial, el edificio histórico y aún la arquitectura menor, son la metáfora del documento que nos permite experimentar y entender; tal como dice Gadamer: “la arquitectura hay que leerla, incluso deletrearla hasta poder leerla; y esto no significa contemplarla, sino ir a ella, darle vueltas, entrar, y, dando pasos, construirla para nosotros”. Vivirla.

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Arquitecta por la Universidad de Monterrey. Cursó la maestría en Arquitectura con especialidad en diseño y tecnología ambiental en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Coahuila, donde fue becaria del CONACYT y enfoca su investigación para la obtención del grado a los usos, aplicaciones y adaptaciones de la arquitectura vernácula a las nuevas demandas de la época actual. Es profesora investigadora con perfil PRODEP y coordinadora de posgrado en la Escuela de Artes Plásticas Prof. Rubén Herrera de la UA de C. Forma parte de la Academia de investigación, es miembro del comité de reforma curricular de ambas carreras, miembro del comité de la Maestría en Arte y Diseño, así como del Núcleo académico Básico del mismo programa, miembro del cuerpo académico “Expresión visual” de la licenciatura en Diseño Gráfico. Coordina la plataforma In Signia, sitio dedicado al estudio, promoción y preservación del patrimonio y los símbolos que conforman la identidad en su ciudad natal. Becaria del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA) Coahuila en el año 2012 en el área de patrimonio y como creadora con trayectoria en 2021, coordinadora del libro Umbrales. El centro de Saltillo. Visiones desde la transdisciplina, donde además colabora con un capítulo, ganadora del premio de periodismo cultural Armando Fuentes Aguirre “Catón” emisión número 23 en categoría Prensa.

Formó parte del equipo de diseño del prototipo de vivienda sustentable propuesto por el CINVESTAV. Autora del capítulo “Apropiarse el territorio” en “Dimensiones del Espacio” libro editado por la UAdeC. Colaboradora en diversas revistas de divulgación a nivel nacional y regional como la Gazeta del Archivo Municipal de Saltillo. Es analista, gestora y asesora en temas de reglamentación urbana. Estudiante de Doctorado en Arquitectura y Urbanismo en la Facultad de Arquitectura de la misma universidad en donde desarrolla proyectos de investigación relacionados con el patrimonio, los imaginarios y emblemas simbólicos.

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