La última elección humana

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De La República de Volpi al ejército de Lula en WhatsApp se conforma la nueva política

La última elección humana

¿Será que Lula da Silva logró la última victoria electoral de los humanos contra los algoritmos?

En La República, Jorge Volpi plantea un escenario en que las movilizaciones sociales, las percepciones e incluso los resultados en la urna se diseñan desde los algoritmos y la inteligencia artificial.

Plantea un escenario extremo de lo que de a poco ha ido escalando.

Del escándalo de Cambridge Analytica con Facebook a las acusaciones del equipo de Lula respecto a alcances reducidos y demoras en aprobación de pautas publicitarias en las plataformas de Meta.

A nivel narrativo, Lula Da Silva no sólo venció a Jair Bolsonaro en una histórica segunda vuelta electoral en Brasil.

También a la derecha que encuentra en la Casa Blanca a su máxima representante como la mano que mece la cuna en Latinoamérica.

Pero, sobre todo, a los magnates tecnológicos que controlan el algoritmo y, por tanto, como escribe Volpi en su nuevo libro, las percepciones sobre cualquier figura pública y sobre cualquier movilización social.

A estas alturas, nadie duda del protagonismo absolutamente consciente de Elon Musk y Mark Zuckerberg en la batalla geopolítica.

Musk lo hace desde el algoritmo y desde su marca personal.

Mark Zuckerberg desde sus plataformas y amparado en la subjetividad de los algoritmos y sus protocolos de seguridad.

$!Una simpatizante sostiene un cartel con un mensaje en portugués que dice: Cuando alcancemos la meta, duplicaremos la meta —en referencia a Meta Platforms y a la preocupación por una posible injerencia electoral en Brasil—.

Desde que en el 2018, Cambridge Analytica obtuvo ilegalmente datos privados de más de 80 millones de usuarios de Facebook, utilizando perfiles psicológicos sin consentimiento para dirigir propaganda política tanto en el voto del referéndum del Brexit como en las elecciones presidenciales de Estados Unidos del 2016, quedó claro que la naturaleza de las elecciones había cambiado para siempre.

Ocho años más tarde, Lula Da Silva consiguió una victoria muy humana a través de la movilización tecnológica.

Su remontada épica no podría haberse producido sin el ejército de Lula.

Un canal de WhatsApp que pasó de 60 mil seguidores a superar los 10 millones de seguidores en 17 días.

El tiempo entre la primera vuelta electoral que puso bajo la lona a Lula Da Silva y la segunda vuelta electoral que lo mantuvo en la presidencia.

Ahí se establecían misiones con tono de urgencia militar.

En el transporte público, se colocaron QRs con llamados para sumarse al ejército de Lula.

Esta vez, contra todo pronóstico, la movilización humana amparada en el poder de la tecnología, contrarrestó la apuesta hipertecnológica de la derecha en Brasil.

Previo a esa segunda vuelta electoral, para cada acción digital de alto impacto de la derecha, se orquestaron misiones e indicaciones precisas desde la izquierda.

En esta ocasión, la aproximación híbrida pudo más que la enteramente algorítmica.

Pero el futuro apunta a las máquinas influyendo, alterando y, en muchos sentidos, decidiendo por los usuarios y espectadores en su rol de electores.

Como Volpi plantea en su libro, la duda no pasa tanto por entender la capacidad de los algoritmos para influir en una elección, sino por cuestionarnos si llegará un punto en que el poder y el destino de una nación no dependa tanto de una persona como de lo que decida una tecnología sin el sesgo que representan las emociones.

Lula, mientras tanto, le ha dado un triunfo a la humanidad frente a los algoritmos.

Posiblemente el último en la escena electoral.

¿Será que Lula da Silva logró la última victoria electoral de los humanos contra los algoritmos?

En La República, Jorge Volpi plantea un escenario en que las movilizaciones sociales, las percepciones e incluso los resultados en las urnas se diseñan desde los algoritmos y la inteligencia artificial.

Plantea un escenario extremo de lo que poco a poco ha ido escalando.

Del escándalo de Cambridge Analytica con Facebook a las acusaciones del equipo de Lula respecto a las restricciones de alcance y las demoras en la aprobación de pautas publicitarias en las plataformas de Meta.

Lula da Silva no sólo venció a Flávio Bolsonaro en una histórica segunda vuelta electoral en Brasil.

También a una derecha que encuentra en la Casa Blanca a su máxima representante y a una poderosa fuerza de influencia sobre Latinoamérica.

Pero, sobre todo, desafió a los magnates tecnológicos que controlan los algoritmos y, por tanto, buena parte de las percepciones sobre cualquier figura pública y sobre cualquier movilización social.

A estas alturas, nadie puede ignorar el protagonismo absolutamente consciente de Elon Musk y Mark Zuckerberg en la batalla geopolítica.

Musk lo hace desde el algoritmo y desde su marca personal.

Mark Zuckerberg, desde sus plataformas y amparado en la opacidad de los algoritmos y sus protocolos de seguridad.

Desde que en 2018 estalló el escándalo de Cambridge Analytica por la obtención indebida de datos de decenas de millones de usuarios de Facebook, utilizados para construir perfiles psicológicos con fines de propaganda política, quedó claro que la naturaleza de las elecciones había cambiado para siempre.

La posibilidad de influir en las percepciones individuales a escala masiva dejó de ser una hipótesis.

Ocho años más tarde, Lula da Silva consiguió una victoria profundamente humana a través de la movilización tecnológica.

Su remontada épica no podría explicarse sin el Ejército de Lula.

Un canal de WhatsApp que pasó de 60 mil seguidores a superar los 10 millones en 17 días.

El tiempo transcurrido entre la primera vuelta electoral que puso contra las cuerdas a Lula da Silva y la segunda vuelta que lo mantuvo en la presidencia.

Ahí se establecían misiones con tono de urgencia militar.

Desde la operación encabezada por André Janones, cada simpatizante se convertía en un potencial agente de distribución, movilización y respuesta.

La tecnología dejaba de ser únicamente un instrumento para modelar percepciones.

Se convertía también en una herramienta para organizar voluntades.

Esta vez, contra todo pronóstico, la movilización humana amparada en el poder de la tecnología contrarrestó la maquinaria digital de la derecha en Brasil.

Previo a esa segunda vuelta electoral, para cada acción digital de alto impacto de la derecha, se orquestaron misiones e indicaciones precisas desde la izquierda.

En esta ocasión, la organización humana encontró en los algoritmos una herramienta para enfrentarse al poder de los propios algoritmos.

Una paradoja de nuestro tiempo.

No se trató de una batalla entre quienes utilizaban tecnología y quienes prescindían de ella.

Ambos bandos recurrieron a las plataformas, a los creadores, a las estrategias de distribución y a los mecanismos capaces de amplificar sus mensajes.

La diferencia estuvo en la capacidad de convertir esa base tecnológica en una fuerza de movilización colectiva.

Pero el futuro apunta a las máquinas influyendo, alterando y, en muchos sentidos, decidiendo por los usuarios y espectadores en su rol de electores.

Como Volpi plantea en su libro, la duda no pasa tanto por entender la capacidad de los algoritmos para influir en una elección, sino por cuestionarnos si llegará un punto en que el poder y el destino de una nación dependan menos de una persona que de las decisiones de una tecnología sin el sesgo de las emociones humanas, pero cargada con aquellos que inevitablemente heredará de los datos con los que fue entrenada y de las intenciones de quienes decidieron crearla.

Lula, mientras tanto, le ha dado un triunfo a la humanidad frente a los algoritmos.

Posiblemente el último en la escena electoral.

Este artículo fue publicado originalmente en THE MUFFIN por Mauricio Cabrera, en esta liga puedes suscribirte al newsletter.

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Mauricio Cabrera
Creador, periodista y humano obsesionado con entender el mundo a través de lo que nos apasiona. The Muffin x Story Baker.