Los dinosaurios van a desaparecer
COMPARTIR
Para Alfredo De Stefano y Mauro Marines
Con agradecimiento
Charly García escribió “Los dinosaurios” en 1983, como parte de su álbum Clics modernos, bajo el sello Interdisc. Eran los tiempos en los que desaparecían por miles las personas en Argentina, y aparecieron las Madres de Plaza de Mayo, a semejanza de FUUNDEC-FUNDEM y Grupo V.I.D.A. en Coahuila.
La dictadura cívico-militar encabezada por Rafael Videla, había tomado el poder a sangre y fuego el 24 de marzo de 1976. Durante los siguientes años las diversas corporaciones represoras argentinas cometieron crímenes aterradores apenas comparables a la masacre de Tusis en Ruanda, en 1994, o el actual genocidio en Gaza.
En marzo del 2006 la National Security Archive, de la Universidad George Washington, en Washington, D.C. que analiza y publica documentos desclasificados, dio a conocer un cable secreto fechado en 1978, proveniente de un agente de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) chilena, en Buenos Aires, en el que consignaba que en el Batallón 601 tenían “computados 22,000 entre muertos y desaparecidos, desde 1975 a la fecha (julio de 1978).”
“En aquella época la música fue para mí una forma de seguir viviendo un sueño en medio de la pesadilla que era la realidad —cuenta el argentino Charly García (1951) a Maximiliano Seitz, de la BBC de Londres—. Milagrosamente no me llevaron preso, ni me torturaron (...) me llevaban frecuentemente a comisarías, por ejemplo, para pedirme explicaciones sobre las letras de las canciones”.
“Los dinosaurios” apareció en el segundo álbum solista de Charly García (el primero fue Yendo de la cama al living de 1982, que incluye “No bombardeen Buenos Aires”).
Ya antes, con el flautista argentino Nito Mestre (1952) formó el grupo Sui Géneris con quien grabó cuatro álbumes de estudio, todos libertarios, en mayor o menor medida. En el tercero Pequeñas anécdotas sobra las instituciones (1974) aparecen dos canciones meridianas: “Juan Represión” dedicada al generalato: “Esta es la historia de un hombre / Que quiso ser sobrehumano / Y la realidad entonces / Se le escapó de las manos”; y “Botas locas” sobre un joven reclutado para el servicio militar, obligado a violentar al pueblo.
Como vocalista y letrista del grupo Serú Girán, grabó el álbum La grasa de los capitales (1979), uno de los mejores álbumes en la historia del rock argentino según la revista Rolling Stone. Ahí aparece la pieza “Los sobrevivientes”: “Estamos ciegos de ver, / Cansados de tanto andar. / Estamos hartos de huir / En la ciudad”.
Al año siguiente apareció el álbum Bicicletas (1980) que incluye la “Canción de Alicia en el país”: “Estamos en la tierra de nadie / Pero es mía / “Los inocentes son los culpables” / Dice su Señoría, el Rey de Espadas”.
A lo largo de su dilatada y contestataria trayectoria musical, con una cuarentena de álbumes producidos en grupo o solitario, en 2024, a los 73 años de edad, Charly García hace una pausa, y esperemos que sólo sea, tras grabar el álbum La lógica del escorpión. La letra de la pieza, título del álbum, es un oxímoron terrible. Reproduce, palabras más palabras menos, la fábula en la que el escorpión pica a la rana que acepta cruzarlo el río, y al hacerlo el escorpión se ahoga. Su naturaleza no está en la ponzoña per se sino en el poder. El poder se ejerce, lo sabe el escorpión, y se ejerce ciegamente porque el poder aniquila la conciencia, aísla porque convierte al poderoso en paranoico rodeado de escoltas, armas, camionetas blindadas, y entre más emponzoñada su alma mayor es la preocupación por su imagen pública. “Inquieta está la cabeza que lleva una corona” dice Shakespeare (Enrique IV, Parte 2 [3.1.]), pero matiza en descargo del poderoso sensato: “¡Oh, es excelente tener la fuerza de un gigante; pero es tiránico usarla como un gigante!” (Medida por medida, II.2)
Charly García, o Shakespeare o la historia nos enseñan a abrir bien los ojos para identificar a los generales, los dictadores, los sátrapas, los gobernantes, los políticos reaccionarios; los que desaparecen a miles de personas para perpetuarse en el poder. Sean escorpiones o dinosaurios, más allá del disfraz: el mal es el mismo y debe desaparecer.
*
Este es el último Preludio. Mil gracias a Vanguardia y a los lectores por estos poco más de dos años de música leída.