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Mi reino por unas comas

Opinión
/ 1 mayo 2022
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No, Ricardo III no dijo “mi reino por una coma”. Se atribuye a Shakespeare el haber consolidado la idea de que Ricardo III fue un rey malvado, traicionero y falso. Rara vez se habla de las cosas que hizo bien. No quiero sugerir que no fuera todo eso, sino que Shakespeare fue quien lo hizo famoso en su obra “Ricardo III” (1591) principalmente por esas “cualidades”. Se podría decir que él mandó al diablo a las instituciones, invalidando el proceso sucesorio y deshaciéndose de sus rivales poco a poco y sistemáticamente, incluyendo el supuesto asesinato de sus dos sobrinos, a quienes tuvo apresados en la Torre de Londres y que eran los siguientes en línea al trono. Así, el duque de Gloucester es coronado en 1483 como Ricardo III. Historiadores apuntan que Ricardo III fue quien impulsó y estableció un sistema de justicia gratuita para los pobres, un proceso de libertad bajo fianza para quienes eran acusados de delitos comunes, liberalizó la venta de libros y cambió el idioma oficial de los tribunales del francés al inglés. Para 1485, el descontento contra Ricardo III había aumentado y en agosto de ese año Enrique Tudor busca, por segunda vez, invadir Inglaterra y reclamar el trono. El 22 de agosto, un lunes, se libra la batalla de Bosworth, que se considera la última batalla significativa de la Guerra de las Rosas (1455 a 1487) entre la nobleza y la monarquía inglesas, en la que Ricardo III muere y Enrique Tudor se convierte en rey. Es esa escena de la muerte de Ricardo III que Shakespeare populariza y eterniza con la frase “¡Un caballo, un caballo! ¡Mi reino por un caballo!”, cuando el caballo de Ricardo III muere en la batalla y él ya no tiene cómo continuar peleando o escapar para poder defender su reino. Según la obra de Shakespeare esas son las últimas palabras del rey cuando muere en el campo de batalla.

Existen interpretaciones diversas acerca del verdadero significado que tendría esa frase y si el rey realmente hubiera intercambiado su reino por un caballo, pero con el tiempo se ha popularizado su uso como una exageración cuando hay situaciones específicas en las que alguien necesita algo relativamente pequeño o simple por encima de cualquier otra cosa material. Un caballo para un rey no es nada, tal vez tenía cientos, pero en la situación en que Ricardo III se encontraba, un caballo era lo más importante para él. Es como sólo tener tres billetes de 500 pesos en la bolsa cuando lo que necesitas son 25 pesos de cambio exacto para poder salir del estacionamiento del centro comercial.

Y volvemos a la relevancia de la coma. El signo de puntuación que indica una pausa corta dentro de un enunciado u oración y se usa para separar elementos dentro de una oración, para encerrar incisos o aclaraciones. También se usa de distintas formas en los números, para señalar miles o, en el caso de países europeos, para separar decimales. En el ambiente de la polarización y posturas binarias que vivimos en México, la coma se ha vuelto un símbolo involuntario de cerrazón y extremismo. Los polos que debaten a diario, AMLO y su 4T frente a lo que se puede considerar “la oposición”, se han aferrado a que sus ideas y propuestas, por más escasas, buenas o malas que sean, no tienen margen de mejora, se les considera prácticamente infalibles. A quienes controlan el Gobierno de este País se les olvida hoy, como se les ha olvidado por décadas, que la política se debe usar y promover como una constante toma de decisiones grupales de sectores que no necesariamente estarán de acuerdo en todo, pero que serán capaces de negociar posturas y visiones distintas con ciertas áreas de coincidencia, que algunos han llamado “el arte de lo posible”. No se hace política cuando esos círculos no se intersectan y se mantienen completamente cerrados entre sí. Y así, más allá de la mitad del camino del Gobierno que se autonombró como un Gobierno que transformaría al País, vemos que no hemos avanzado en cambios trascendentales y solamente los círculos que antes se intersectaban se han repelido. No hay diálogo serio, no hay negociación razonable. Las propuestas de reformas o los grandes proyectos no son sujetos siquiera a que se les revise una sola coma. Todo lo que yo propongo debe ser tomado al 100 por ciento; todo a lo que yo me opongo debe ser tirado a la basura. Lo vimos con la reforma eléctrica planteada por AMLO. El sector eléctrico en México tiene muchas cosas que mejorar, pero la 4T apuesta por un borrón total, como lo hizo con el aeropuerto solamente por razones ideológicas huecas. Lo mismo pasará con la Reforma Electoral. Los polos no serán capaces de revisarla y tomar lo bueno, desechar lo malo y acabar con una ley a la que se le haya podido ajustar una que otra coma. ¿Se darán cuenta los polos en México, y especialmente AMLO, que pudieran acabar como Ricardo III, dándose cuenta de que están perdiendo su reino por su incapacidad de ceder o tomar una que otra coma cuando importa? “¡Unas comas, unas comas! ¡Todo México por unas comas!

@josedenigris

josedenigris@yahoo.com

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