No estamos seguras en casa
En Coahuila, las cifras revelan una paradoja dolorosa: para muchas mujeres, el lugar más peligroso no es la calle, sino su propio hogar
En Coahuila, la realidad estadística ha dictado una sentencia cruda: las mujeres están más seguras marchando en las calles que resguardadas en sus propios hogares.
Este 8 de marzo, se conmemora el Día de la Mujer y, mientras miles de voces se unen en un abrazo colectivo para exigir justicia, es necesario analizar el deterioro del tejido social que ha convertido el espacio privado en el escenario más peligroso para las mujeres en Coahuila.
Antes de entrar en la crudeza de los datos, me gustaría hacer una pequeña pausa y señalar que, desde luego, hay cosas positivas que destacar. Si analizamos las últimas dos décadas, podemos observar un avance en la ocupación del espacio público.
Antes, reuniones que apenas congregaban a diez personas hoy se han transformado en movilizaciones masivas en Saltillo. Sin embargo, este empoderamiento exterior contrasta con la descomposición de los vínculos afectivos al interior de las casas y, para muestra, tenemos que irnos al campo de los datos duros del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública y del Poder Judicial en Coahuila.
Datos del caos
Los datos son duros y fríos, pero necesarios porque nos dan una radiografía del tejido social de Coahuila.
La revisión de sentencias emitidas por el Poder Judicial en Coahuila en los últimos doce años, revelan que mil 576 hombres han sido condenados por vulnerar la integridad de las mujeres. Son casos donde la culpabilidad ya fue declarada y el agresor ha sido formalmente sancionado.
El desglose de los delitos es preocupante. Al analizar el Registro Estatal de Personas Sancionadas por Violencia contra las Mujeres, se observa que la violencia familiar encabeza la lista con 273 sentencias en los últimos 12 años, lo que confirma que el hogar sigue siendo, para muchas, el lugar más peligroso.
Es un tipo de violencia que atraviesa el dolor físico y emocional porque se sufre a manos de sus parejas, hijos, padres, hermanos.
La tragedia del feminicidio
En el caso del feminicidio, la máxima expresión de la violencia contra la mujer también nos da una lectura alarmante. En 2025, de las ocho víctimas de feminicidio reportadas, siete murieron a manos de sus parejas o exparejas sentimentales. Estas cifras revelan una alarmante distorsión del tejido social, donde hombres ven en sus compañeras un objeto de su propiedad y no una compañera de vida, prefiriendo “matar antes que soltar”.
Un síntoma inequívoco de esta crisis es el patrón de “suicidio-homicidio”, que ha encendido las alertas tras registrarse tres casos de alto impacto en 2025 en municipios como Parras de la Fuente, Monclova y Frontera.
En estos actos, el agresor actúa bajo un arranque de ira y un deseo de venganza ante rupturas sentimentales no superadas. Lo más revelador de la fractura social es la motivación del suicidio posterior: eludir la responsabilidad penal y el juicio de la comunidad. El agresor prefiere el fin de su propia vida antes que enfrentar el castigo de la sociedad a la que ha fallado.
Un sociedad que grita SOS
El inicio de 2026 no ofrece consuelo. Los datos del servicio de emergencia 911 funcionan como un termómetro de la desesperación social, registrando solo en enero 2 mil 628 llamadas por violencia familiar, lo que posiciona a Coahuila en la sexta posición nacional. Pero el dato que más desgarra el tejido social es el reporte de las salas de urgencias: en el primer bimestre del año, las atenciones en hospitales por violencia familiar aumentaron un 60 por ciento.
Esto significa que las agresiones físicas son hoy lo suficientemente fuertes como para requerir intervención médica profesional. Mujeres atendidas en hospital por heridas en su entorno más íntimo.
Sanar desde el hogar
La prevención de este fenómeno es compleja porque requiere sanar estructuras de comportamiento profundamente arraigadas. Las amenazas directas, control emocional e historial de agresividad son los síntomas del peligro. Todo esto exige a la mujer que no ignore las señales.
Para reconstruir este tejido social dañado, se requieren políticas públicas efectivas que vayan más allá de la vigilancia policial y juicios. Es necesario un tratamiento integral que combine lo psicológico y lo psiquiátrico para controlar la impulsividad y la ira en los potenciales agresores y detener la violencia antes de que llegue a las salas de urgencias o a la fiscalía. Mientras el hogar sea el epicentro de la inseguridad en Coahuila, el 8M seguirá siendo la cita más importante del año.