NosotrAs: Acompañar también es resistencia
No salimos solas. En contextos de violencia, las redes que tejemos desde lo cotidiano pueden ser el sostén necesario para salir y reconstruirse
En este tiempo, donde parece que tenemos más información sobre desigualdades y violencias, y las formas en que el sistema social sigue justificando las violencias contra mujeres y niñas, parecería más fácil identificarlas y salir pronto de esas situaciones. Pero la realidad es que éstas evolucionan junto con lo moderno, el sistema sigue tendiendo trampas sutiles: ¡NO AMIGA, NO ES FÁCIL DARNOS CUENTA!
Quizá ya no escuchamos tan literalmente aquello de “La ropa sucia se lava en casa”, “Es tu cruz”, o “Estás ahí porque quieres”. Aún seguimos perpetuando estas ideas, con diferentes palabras, desde diferentes medios y formas, pero con el mismo objetivo: someter a quienes, desde el principio de la historia, han sido posicionadas como propiedad de todos, menos de sí mismas.
La violencia contra las mujeres es un problema de salud pública, de justicia social y de violación de derechos humanos, por ello, se requiere de una respuesta coordinada de todos los sectores encargados de velar por la protección de sus derechos.
Hablar de redes de apoyo y acompañamiento para mujeres y niñas en situación de violencia es fundamental para brindar atención y prevenir que las violencias escalen a niveles críticos, como los suicidios y feminicidios. Su construcción no es tan sencilla como decir “aquí estoy” o “yo te acompaño”, requiere de una autoevaluación y cuestionarnos: desde donde me encuentro, ¿qué puedo hacer?
Estas redes, que incluyen familiares, amigos, comunidad e instituciones, hacen menos sinuoso el camino a construir una vida libre de violencia. Brindan seguridad, protección y cuidado, pero, sobre todo, les permite encontrarse a través del desarrollo de una identidad y autonomía genuinas.
Brindar acompañamiento, partiendo del amor y el respeto es permanecer al lado, andar a su ritmo y tiempo. A veces acompañar no hace falta decir algo, desde el silencio podemos conectar, hacer saber y sentir que no va sola, que este trayecto a encontrar su recuperación es conjunto y que nada de lo sucedido es su culpa.
Como acompañante de mujeres he visto que aquellas que no cuentan con redes de apoyo seguras y acompañamientos respetuosos, no encuentran mejor salida que seguir con su o sus generadores de violencia y, en muchos casos, terminan siendo una cifra más.
Con respecto a ello, Bessel Van Der Kolk, psiquiatra experto en trauma, señala: “Tener una buena red de apoyo constituye la protección más poderosa contra el trauma. Para recuperarse, la mente, el cuerpo y el cerebro necesitan estar convencidos de que es seguro soltar. Nuestros vínculos de apego son nuestra mayor protección contra la amenaza”.
Recuerda, la violencia tiene un impacto grave en la salud, dificulta que muchas mujeres reconozcan lo que viven. Ellas pueden aparentar tranquilidad, estabilidad, pero eso no significa que no necesiten de espacios seguros donde comprender la situación que viven y de redes que les permitan mejorar generando sus propios recursos para restablecerse.