¿Porque se convenció de que le tendieron una trampa y cayó? ¿Porque no les creyó a sus funcionarios que le presentaron estos datos preliminares? ¿Porque sabe que nadie le va a creer esta versión, aunque la respalde con no sé cuántos estudios y peritajes? ¿Porque incluso el “detenido estrella” del gobierno, José Gregorio, alias “El Lastra”, habló de secuestros, torturas y asesinatos llevados a cabo en el rancho Izaguirre de Teuchitlán? ¿Porque incluso la idea de bajar de “campo de exterminio” a “campo de entrenamiento” implicaba un menor número de muertos, pero no cero cadáveres? ¿Porque, por más que lo trate de evitar, la presidenta se acerca cada vez más al escenario político de la “verdad histórica”, un término que su propio movimiento estigmatizó al grado de volverlo sinónimo de manipulación y mentira orquestada desde un gobierno?