NosotrAs: Aranda se pregunta dónde hay un sitio para cortejar
Aranda piensa en el cortejo, en la ciudad y en todo aquello que termina condicionando las formas de encontrarse
Aranda reflexiona sobre cómo debería sentirse el cortejo, piensa en la frescura del viento y en cómo se filtra el sol por las hojas y ramas de un árbol. Lo ideal podría ser experimentar esas sensaciones en su materia, pero la política le ha quitado el derecho a ensayar el amor entre la naturaleza.
Aranda sigue pensando en las citas, mientras a la izquierda las personas de valor le dicen que su pretendiente debe pagar por ella; llenarla de decoraciones y habitarla en riquezas, en cambio la derecha; las personas necesitadas, le dicen que observe a sus pretendientes, ella lo hace y ve su misma situación; hombres sin encontrar un trabajo digno de acuerdo a sus estudios o habilidades, por ende, tampoco hay una calidad de vida justa.
Aranda continúa observando las opciones para citarse con el amor. La casa es demasiada ajena e íntima, no le apetece pagar una comida y bebida para estar máximo 1 hora en un local, pues no quiere comer ni ver una película, tampoco hay otras opciones de ocio en la ciudad donde radica,, y sin un automóvil propio para pasear, estacionarse y hablar por ahí.
Lo único que quiere es sentarse a hablar cómodamente en el césped limpio, con un clima agradable, debajo de un árbol y tal vez comer mango, pero como las oportunidades, tampoco hay un sitio donde estar para conocer y crecer. No hay terceros espacios en su ciudad para descubrir un posible querer.
Aranda permanece rumiando que su valor está en cuánto gasta un hombre en ella, pero el querer una conversación en un parque o caminar no cuesta nada y como quiera es inaccesible; por la falta de espacio público, de naturaleza debido al ecocidio y las intensas olas de calor, que le impiden tomar la mano de su pretendiente; el sudor y el bochorno le quita el deseo de estar juntita a su cita.
Aranda medita que piensa mucho lo que condiciona el amor, y desea que el amor fuera tan simple, ella opina que esta ciudad del Norte, debería tener zaguanes para estar tranquila y segura, o alguna Alameda para revolcarse y conversar.
Aranda, pobrecita, por fin se decide entre la derecha y la izquierda.